¿Quién tiene derechos naturales sobre Jerusalem? | PERIODISMO DE ESCRITORES

¿Quién tiene derechos naturales sobre Jerusalem?

martes, 18 de diciembre de 2012 1 comentarios

ORÍGENES DEL SIONISMO (Ensayo)
Segunda Parte
Escrito por: Lic Ramón D. Peralta




Luego de publicada la primera parte de este ensayo, no solo recibí mails y comentarios, sino que incluso amigos y colegas llegaron a llamarme por teléfono, lo cual solo exalta la importancia que tiene este tema para mucha gente. Soy consciente, que mas que la religión, inquieta el tras-fondo político, que en no pocos pasa a ocupar el primer plano de cualquier análisis posible. Y si bien comprendo los fundamentos de aquellos que así lo sienten y piensan, debo aclarar que como librepensador y antidogmático, solo pretendo volcar en este escrito, lo que subjetivamente asumo como probable, en función de que la historia, lejos está de ser una ciencia exacta, ni mucho menos. Y si bien existe la objetividad como utopía, os aseguro que soy lo suficientemente escéptico y pesimista sobre todo mítico desborde empírico y ontológico, so para mi, la objetividad será utopía por siempre. 






La misma objetividad que es imposible de encontrar en los textos, doxai y libros históricos. La contaminación de los relatos y narraciones, han sido condicionados por muchos factores, algunos de ellos propios de la evolución, otros por cuestiones culturales, y los mas ,  por razones estrictamente políticas. Aquellos que saben apreciar el valor de la ubicuidad como vocación, podrán disfrutar de este escrito. Los que buscan ratificar y rectificar alguna teoría personalísima, en pos de desacreditar o exacerbar alguna postura política e ideológica, os advierto que esto no será lo que buscan. Os anticipo, una vez terminado el ensayo, solo encontrarán la postura que desde siglos tiene el gnosticismo iniciático, quien desde los orígenes tuvo como misión la unión de todos los pueblos del mundo, lo cual comporta la fusión de las religiones existentes.








Hago esta aclaración, porque la primera parte de este trabajo, dejó la impresión en algunos, que los Judíos no tenían ni tienen derechos históricos y divinos sobre la "Tierra Prometida", cosa que solo es el resultante de una caprichosa interpretación. Así pues, rompí con mi plan literario, para terminar lo antes posible esta segunda parte, a fin de aplacar tantas suspicacias y especulaciones. 



Cuando mencioné que el antiguo historiador egipcio Manetón, creía que Moisés no era judió, e  incluso llegó a insinuar que no había existido, solo quise incluir una versión mas en este trabajo, pero que de ninguna manera significa que este escritor lo convalide, mucho menos que esté de acuerdo. Uno de los tantos problemas que nos ofrece la lectura en internet:, el tiempo es tirano, y un escrito incompleto también. 








Entandamos algo, ya que habíamos quedado en Moisés, los Hebreos son una etnia y nación, muy antigua, quizás de las mas antiguas de la humanidad. Pero por sobre todo, los destaca una cultura increíblemente sólida y admirable (en mi caso), y ciertamente los hebreos le deben tanto a los egipcios como estos de los primeros, como a continuación veremos. Lo cual no obsta, que como buen gnóstico compulse visiones y documentos históricos diferentes, como incluso lo han hecho y siguen haciendo los eruditos e intelectuales judíos. De hecho el abordaje filosófico y científico de la historia incorporada en las santas escrituras, necesita de un correlato "epifánico" (historia comparada), de tal manera que creencia y lógica se ayuden mutuamente. Esto que narraré, cuenta con una discusión previa entre teólogos cristianos (sacerdotes en su mayoría), rabinos judíos y eruditos árabes. A quienes agradezco profundamente haberme abierto la mente para regalarme tan preciado conocimiento. Con esto solo quiero decir que no se nada, y que amo aprender, lo cual redunda en una misión que no tiene fin. 



Gran parte de las disputas por tener la razón, propia en los occidentales quienes necesitamos prevalecer en un individualismo que nos resulta ingobernable, me lleva a inferir que gran parte del dilema obedece a las diferentes interpretaciones que se le ha dado al lenguaje escrito en los valiosos documentos arqueológicos hallados. Una interesante característica de la escritura jeroglífica egipcia fue el uso combinado de ideogramas (símbolos de sentido) y fonogramas (símbolos de sonido); la representación pictórica era realizada en dos tamaños: uno grande, destinado a la interpretación visual únicamente, y otro pequeño, apto para exponer los términos del lenguaje. Algunos fonogramas eran además polifónicos, es decir, representaban más de un sonido, mientras que otros signos, conocidos como homófonos, tenían el mismo valor fonético pero designaban objetos distintos; gracias a estos artificios, los medios de expresión eran muy amplios. Pero los egipcios no alcanzaron el escalón superior que permite el reemplazo de símbolos de sentido por elementos de sonido; y a través de los siglos de su dilatada historia su escritura siguió siendo esencialmente una escritura pictográfica reforzada con símbolos de sonidos.






En la Mesopotamia hizo su aparición una escritura en la que hay símbolos de sílabas, tales como za, me, pag, mar, y finalmente, a partir de esta escritura silábica, se desarrolló un sistema alfabético compuesto por un número de signos relativamente pequeño, cada uno de los cuales representaba uno o más sonidos (como sucede, por ejemplo, en castellano, con la letra c, que es utilizada para los sonidos k y z, casa, cebolla).



Esta revolucionaria síntesis ha sido atribuida usualmente a los semitas (ver lenguas semíticas y protosemíticas). Unos mil años antes de Cristo se utilizaban cuatro principales divisiones del llamado alfabeto semita: el etíope (descendiente de la rama sur-semita), el arameo, el cananeo y el palestiniano (vástago de la rama nor-semita); cada uno de ellos poseía de 22 a 30 signos, que representaban solamente consonantes. Pero esta práctica semita de omitir las vocales de la escritura (abandonada más tarde) fue copiada seguramente de los antiguos egipcios, quienes habían distinguido 24 símbolos consonantes, los cuales fueron considerados asimismo alfabéticos en el momento de su descubrimiento hace más de un siglo. Pero, como sostiene I. J. Gelb en su penetrante análisis A Study of Writing (Una historia de la escritura), en apoyo de cuya tesis proporciona convincentes argumentos y amplia evidencia, era difícil llegar a la conclusión de que las escrituras egipcia y semítica fueran en realidad silábicas y que sus signos fonéticos no representaban meramente consonantes, sino consonantes más una vocal -como sucede indiscutiblemente con la escritura cuneiforme de Mesopotamia, en la cual el signo para wa, por ejemplo, también puede ser trascrito por we, wi, wo, wu, según requiera el contexto. Así, pues, resultaría que los primeros que desarrollaron un verdadero alfabeto fueron los griegos. Su alfabeto en realidad es de origen semítico, como nos lo demuestran los nombres dados a sus signos alfa, beta, gamma, delta... (griego), alef, bez, gimel, dalez (semítico). Este préstamo fue abiertamente reconocido por los mismos griegos, los cuales describen su escritura como fenicia.








Aparte de la introducción de la representación de las vocales, los griegos realizaron otras importantes alteraciones en la escritura semítica, las cuales incluían el cambio de dirección en la escritura y en la lectura. Los caracteres semíticos eran leídos de derecha a izquierda, se supone que esta convención indica que la escritura que fue su predecesora era una escritura grabada, dibujada, siguiendo la conveniencia del grabador. Al principio, las inscripciones griegas seguían el mismo sentido, pero luego siguió un período de experimentación, durante el cual se adoptó un procedimiento mixto o bustrófedon, similar al movimiento del arado, en el cual las líneas de la escritura corrían alternativamente de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. El estilo de escribir solamente de izquierda a derecha, que era obviamente el que mejor se acomodaba a los escribas dextrómanos de una era de tinta y pluma, no apareció hasta los comienzos del siglo VII antes de Cristo, cuando signos tales como (esto es copie y paste porque mi pc no dispone de tal símbolo) quedaron establecidos como B. Entre tanto, y muy probablemente gracias a los etruscos, el arte de la escritura alfabética llegó a Roma, desde donde el conocimiento de esta invención se expandió a través de Europa y del resto del Imperio.



El alfabeto etrusco original comprendía 26 letras, de las cuales los romanos tomaron en préstamo 21 - A B C D E F Z H I K L M N O P Q R S T V X. Más tarde, el séptimo signo (Z con el sonido de G o K) fue reemplazado por G, y todavía más tarde, y para poder efectuar la transliteración de ciertas vocalizaciones helénicas, se adoptaron las letras griegas Y y Z, siendo colocadas al final del alfabeto latino, cuya versión clásica contuvo de tal modo 23 letras. El desarrollo de la V en U y W y la diferenciación de I y J fueron evoluciones tardías que tuvieron lugar en los siglos X y XIV, respectivamente.





Así es como podemos resumir de Josefo, en su obra "Contra Apión", de Manetón, cotejando con El africano, Herodoto y Filón de Alejandría (los mas antiguos historiadores que han dejado algo escrito sobre el tema), los siguientes párrafos: 



Tenemos en Manetón, a un egipcio de nacimiento que había sido educado manifiestamente en la cultura helénica. Este escribió en griego la historia de su pueblo, traduciéndola como pudo, según él mismo nos narra, de las tablillas sagradas. En muchos puntos relativos a la historia de Egipto, acusa a Herodoto de haberse equivocado por ignorancia. En el segundo tomo de su Historia de Egipto, este escritor llamado Manetón habla de nosotros de la siguiente manera. 

"Tutimeos. Durante su reinado, por una causa que ignoro, nos golpeó Dios e, inesperadamente, unos hombres de estirpe desconocida, procedentes de Oriente, con osadía invadieron nuestro país, al que sometieron me­diante la fuerza, sin dificultad ni combate".



Tras haberse impuesto a los gobernantes de la Tierra, destruyeron las ciudades, arrasaron los templos de los dioses y trataron con extrema crueldad a los habitantes del país, asesinando a unos y reduciendo a la esclavitud a los hijos y las mujeres de otros. Por último, proclamaron rey a uno de los suyos, cuyo nombre era Salitis . Este se estableció en Menfis, exigió tributo al Alto y al Bajo Egipto y estableció guarniciones en sitios estratégicos. Se dedicó de manera es­pecial a fortificar las regiones orientales, previniendo así la invasión de su reino por los asirios que podría acontecer si aquéllos llegaban a ser especialmente fuertes. Habiendo hallado en el nomo saita una ciudad favorablemente situada al este del río Bubastites que se llamaba, según una antigua tradición religiosa, Avaris , la reedificó, la fortificó con espesas murallas y, con la finalidad de proteger la frontera, situó en ella una guarnición de infantería pesada compuesta por 240.000 hombres.






Hasta aquí venía en verano, en parte para entregarles raciones y salario a sus tropas, en parte para entrenarlas cuidadosamente en maniobras provocando así el terror de las naciones extranjeras. Después de reinar 19 años Salitis murió.  Un segundo rey, de nombre Bnón, le sucedió y reinó durante 44 años. Después de éste reinó durante 36 años y 7 meses Apacnán. A continuación reinó Apofis 61 años, y Iannás , 50 años y un mes.  Después de todos éstos, reinó finalmente Assis 49 años y 2 meses. Estos seis monarcas, sus primeros gobernantes, manifestaron una inclinación cada vez más fuerte por extirpar la raíz de Egipto.



Su raza era denominada hicsos, que significa reyes pastores, ya que "hyk" en la lengua sagrada significa "rey" y "sos" en el lenguaje vulgar es "pastor" o "pastores". De aquí proviene, pues, el término "hicsos".



Los gnósticos sostienen que eran árabes-hebreos, pues como bien se sabe, los hijos de Ismael (árabes) y los hijos de Isaac (Judíos), son hijos del mismo padre: Abraham. En otro papiro, se dice que la expresión "hyk" no significa "reyes" y, por el contrario, la expresión compuesta equivale a "reyes-cautivos". De hecho, en egipcio, "hyk" y "hak" cuando se aspiran expresamente significan "cautivos". Esta explicación me resulta más convincente y armoniza mejor con la antigua historia. Aunque luego se supo que apirú "apr", significaba "israelitas", mas profanamente "hebreos", palabra asignada para describir a los pastores seminómadas de la mesopotamia. Es decir, que hasta aquí no había diferencias entre árabes y judíos, y en lo que a mi respecta nada ha cambiado. 






Estos reyes que he enumerado arriba, y sus descendientes, que rigieron a los llamados pastores, dominaron Egipto, según Manetón, durante 511 años, quizá se trate de la dinastía conocida como "Tutmóses", de donde derivaría Móses. Es decir, que Móises, era parte de esa realeza extranjera, que dominó Egipto por mas de cinco siglos (los pastores). Después se produjo una rebelión de los reyes de la Tebaida y del resto de Egipto contra los "pastores", y estalló entre ambas partes una terrible y prolongada guerra.  Según dice Manetón, los pastores fueron derrotados, expulsados del resto del Nilo y confinados en una región, llamada Avaris (luego Jerusalem), cuya circunferencia era de 10.000 arurae , por un rey cuyo nombre era Misfragmutosis .



Los pastores habrían rodeado toda esta zona con una muralla alta y fuerte, para proteger todas sus posesiones y el fruto de sus saqueos. Tutmosis , el hijo de Misfragmutosis, intentó lo­grar su rendición sitiando la fortaleza y bloqueando la misma con un ejército de 480.000 hombres. Finalmente, viendo que era imposible tomarla, concluyó con ellos un tratado en virtud del cual debían abandonar todos Egip­to pudiendo marchar sin problemas al lugar que desearan.



Según Herodoto: en base a estas condiciones, los pastores con sus familias y posesiones, no menos de 240.000 personas, abandonaron Egipto y viajaron por el desierto en direc­ción a Siria.  Allí, temiendo el poder de los asirios que en esa época eran los dueños de Asia, construyeron en la tierra que ahora se llama Judea, una ciudad enorme, con capacidad suficiente como para dar albergue a todos aquellos miles de personas, y la llamaron Jerusalén.








El Africano dice que la raza de los denominados pastores es des­crita, en los libros sagrados de Egipto, como "cautivos", y su afirmación es correcta. Ciertamente, nuestros remo­tos antepasados tuvieron como costumbre hereditaria el apacentar ganado, y como llevaban una vida nómada, fueron llamados pastores. ¿Pero como pueden haber sido regentes y cautivos al mismo tiempo?, es posible que la dinastía comenzada con José de haya elevado como hegemónica ergo clase alta, y los hebreos plebeyos hayan quedado relegados como una clase baja, con un status quo inferior a la de un ciudadano egipcio nativo. De todas maneras este punto no está aun resuelto. Lo que si se sabe, es que existió un Moisés, y que sin duda tenía mucha sabiduría, y quizás también poder.     



Por otra parte, en los registros egipcios fueron denominados, no sin razón, cautivos, puesto que nuestro antepasado José dijo al rey de Egipto que era un cau­tivo, aunque es probable que José se haya terminado casando con alguna hija del Faraón, o lo mas probable, que se haya asimilado entre los eruditos sacerdores (y escribas), so más tarde, con el consentimiento del rey, haya llamado a sus hermanos a que vengan a Egipto. Como ya sabemos, es probable que esta última sea una posibilidad  con asidero, ya que los hebreos eran muy cultos y adelantados a la época, pues manejaban la escritura y dominaban un idioma escrito hasta ese momento desconocido por los egipcios. Por otra parte, tambien sabemos que a partir de cierto punto, los sacerdotes y escribas conformaron una casta elite aparte, que en algún momento, según  Manetón (y aquí si estoy de acuerdo), las disputas político-religiosas, hayan llevado a encumbrar en el poder a esos sacerdotes, otrora "pastores" (hebreos-árabes), como bien  se percibe en el estudio de la dinastías XI a la XVI . 






Por otro lado, la etimología es utilizada también por Josefo en Ant. II, 228, y por Filón en Vida de Moisés, I, 4, 17, y su base estaría en la palabra "mu", que en egipcio significa agua. Con todo, el punto no está esta­blecido de manera indiscutible. A. H. Gardíner en su libro: The Egyptian Origin of some English personal names, indica que la terminación de Moisés podría venir del egipcio "jsy" (en copto "hasie", favorecido), que significa "alabado", aunque en lo personal, me inclino a sugerir que esta interpretación es correcta, pero se corresponde a un período mas reciente, ya que Gardíner creía que Moisés había vivido realmente en tiempos de Ramses II, cosa que para el gnóstico no es así definitivamente.  





¿QUIEN LE PROMETIÓ TIERRAS A LOS ISREALÍES?



Este caudillo (por Moisés), según Manetón, envió un mensaje a Jerusalén, invitando a la gente a unirse a él mediante un pacto, y les prometió darles "Avaris", la cual, les recordó, era el hogar ancestral de los que venían de Jerusalén, y serviría como punto de partida para su conquista de todo Egipto. Avaris es una palabra, que aparece en varias estelas egipcias muy antiguas, incluso anteriores a Ramsés II. Lo cual nos lleva inferir, que el éxodo de Moisés, posiblemente se encuentre unos 3 siglos antes que el pregonado por el dogma. Si los hebreos fueron los "hicsos", es de segundo orden, pues en aquellos tiempos, Egipto era un imperio cosmopolita, donde fue frecuente ver entrada (inmigración) y salida (emigración) de tribus y pueblos enteros. También es razonable suponer que hubo "políticas de estado" en Egipto que a veces fomentaba la inmigración y en otras, todo lo contrario, tal como vemos en la modernidad. Pero acortemos caminos y vayamos a Avaris: la Tierra Prometida, también conocida como Canaán.





Canaán es una zona con una larga historia, que remonta su ocupación a las fases neolíticas más tempranas, con importantes asentamientos a lo largo del tiempo, como Jericó, Ugarit, Jerusalén, Tiro, Sidón, Biblos (de aquí deriva la palabra Biblia), Damasco o Gaza. Fue habitado por pueblos muy diversos, como amorreos, jebuseos, hicsos, filisteos, fenicios, arameos, hebreos, ergo pueblos nómadas, algunos pastores y otros conocidos como "pueblos navegantes".  Para los gnósticos, se trata de una misma etnia, que con el correr de los siglos se fue bifurcando, no obstante, les aseguro que no tiene el menor fundamento antropológico, arqueológico, histórico, etc, sentenciar que todos esos pueblos mencionados no tienen  un tronco cultural, etnológico, etiológico y genético común. 



El nombre Israel aparece claramente de un pasaje de la Biblia, donde el patriarca bíblico Jacob, después de luchar durante toda la noche contra un misterioso adversario, y vencerlo, provocó la admiración del mensajero divino, que lo bendijo y le cambió su nombre por el de Yisra'el, es decir, "El que lucha con Dios" (Génesis, 32:28-30). Por ello, las tribus que se confederaron y se reconocieron como descendientes de Jacob se llamaron a sí mismos "Hijos de Israel" o "israelitas", pero incluso acá, en esos tiempos, no había división entre árabes y judíos, como luego se dio. En definitiva, quien prometió la "tierra homónima" fue Moisés, según él, por teofanía ergo palabra de Dios, basado obviamente en el conocimiento de sus orígenes antes de entrar a Egipto, y porque además tenían allí parientes ancestrales. Las leyes divinas, decálogo o diez mandamientos sin embrago, Moisés los trae de Egipto, y son una recopilación de antiguas leyes y tratados.

   



SINCRETISMO DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS



El conocimiento más antiguo que se tiene del nombre Israel data del año 1210 a-C, varios siglos después de muerto Moisés,  grabado en la Estela de Merenptah (en un poema dedicado al hijo de Ramsés II, el faraón Merenptah), en el cual se cita a Israel asociado no a un lugar geográfico, sino a un pueblo o grupo de gente. Durante 3000 años, el pueblo judío se ha seguido refiriendo a Israel como su patria, Tierra Santa o la Tierra Prometida, pese a que los romanos pasaron a denominarlo Palestina (provincia de Siria y Palestina) tras aplastar la Primera Revuelta Judía (66-73 dC). Y tiene su explicación, "apirú" ergo israelíes, no se usaba para describir un lugar, sino un conjunto de pueblo  semi-errantes, pastores y/o navegantes, y con "Avaris" se señalaba la zona  de donde provenían. 



El "Cuento de Sinuhé", que relata la vida y aventuras de un funcionario, que ante la tensa situación que se produce con el asesinato del rey Amenemhat I, huye de Egipto y pasa varios años en el exterior en una comunidad pastoral, constituye un ejemplo o indicio claro de la presencia o contrapartida de un grupo de población sedentaria integrada al mundo pastoral y con un sólido ordenamiento jurídico. ¿Qué leyes le había traído Moisés a su hermano Aarón y su pueblo?



Las Leyes de Eshnunna son una compilación de leyes halladas en la ciudad-Estado mesopotámica de Eshnunna, atribuida a algún rey desconocido de la misma, quizá Bilalama o Dadusha. En cualquier caso fue compilado a comienzos del periodo paleobabilónico, cuando Eshnunna era controlaba la cuenca del río Diyala. Posee más de 50 artículos, escritos en acadio. 



Contienen impuestos a materias primas y dispociones legales sobre alquileres, salarios, préstamos, esclavos, relaciones familiares, propiedades y violencia física. Carece de prólogo y epílogo, al contrario de lo que sucede en otros códigos de la época, aunque también pudo haberlos tenido y no conocerse, dado el mal estado de conservación en el que nos ha llegado. La mayoría de las penas aplican la ley del talión.




El código de Lipit-Isthar es un código legal compilado en tiempos del rey sumerio de Isín Lipit-Ishtar (c. 2112 - 2046 a. C.). Fue promulgado cuando Isín aún era la potencia hegemónica de la Baja Mesopotamia, y está escrito en sumerio



El código de Ur-Nammu es un código de leyes fechado entre los años 2100 y 2050 a. C., durante el reinado de Ur-Nammu de Ur (2112 - 2095 a. C.), quien es citado en el prefacio del código. A pesar de ello, algunos historiadores han pensado que en realidad data del reinado de su hijo Shulgi, por lo que también recibe el nombre de código de Shulgi. Está escrito en sumerio y se corresponde al periodo del Renacimiento sumerio. Aunque no fue el primer código legal, es el primero que ha llegado a nosotros, siendo un precedente del más famoso código de Hammurabi, escrito unos trescientos años después. 



La primera traducción del código fue elaborada por Samuel Noah Kramer y publicada en 1952. Estaba basada en su primer hallazgo, dos fragmentos encontrados en Nippur. En ellos se distinguían el prefacio y cinco leyes. Posteriormente se hayó otra copia en Sippar, con ligeras variantes. El código distingue dos estratos sociales, los hombres libres y los esclavos.




El texto está estructurado de manera que a cada crimen le sigue un castigo específico, estructura copiada en códigos posteriores. Al contrario que el código de Hammurabí, cuya máxima popular es el ojo por ojo, el código de Ur-Nammu contempla compensaciones económicas en lugar de daños físicos como pago a ciertos crímenes. Sin embargo el asesinato, el robo, el adulterio y el rapto son considerados ofensas capitales que no admiten tal compensación.



El patriarcado de Moisés sobre el pueblo de Israel, se dio en un  época dura y conflictiva. Día a día se le presentaban problemas y conflictos entre los integrantes de las diferentes tribus que conformaban el pueblo israelí. Las disputas políticas, era el pan nuestro de cada día.  Durante los pocos momentos que disponía Moisés para el descanso y la meditación, lo acompaña un joven de una gran belleza, tanto física como espiritual, quien con su cítara ayudaba al maestro en su relajación físico-espiritual. 





Ese joven, de nombre Esen, bebió durante toda la vida de Moisés, su doctrina y enseñanzas, hasta el día en que su maestro subió solo al monte Nebo, situado en el valle de Beth-Peor para entregar su alma a Dios. Esen, hijo de Nadab (hijo de Aaron), perteneciente a la casta sacerdotal de Israel, sigue a su maestro, sin que este lo supiera; por lo que se convierte en el único testigo de la muerte de Moisés. 






Esen sepulta el cuerpo de su maestro en una gruta del Monte Nebo, extrae de entre sus ropas seis rollos escritos y prolijamente cubiertos, además de estar muy bien conservados, cada uno con su correspondiente título, así tenemos los originales y verdaderos textos del Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Sapiensales y Deuteronomios, los que dan origen a lo que más adelante se denominó La Biblia (algunos de ellos traídos de Egipto). Recordemos que Moisés había sido parte de la casta de "escribas y sabios", por ende, es altamente factible que muchos de esos libros hayan sido escritos por él, algunos copiados, otros obra de su propia inspiración. Tampoco olviden que Moisés se quemó la lengua y boca a la edad de tres años, por lo cual no podía hablar correctamente (según relata la Torá), lo cual le impidió continuar con el sistema de transmición iniciática (propio de la masonería gnóstica). A pesar de los grandes esfuerzos por unir a todos los hijos de Dios, las disputas políticas continuaron, dividiéndose las tribus y las castas. De Esen , derivaron los esenios, y de entre estos nació Juan(el baustista) y Jesús, los nobles y aristócratas se llamaron saduceos, los rabinos y burgueses se llamaron fariseos, y de entre la plebe salieron los zelotes. ¿Y los árabes, cuando se separan de manera taxativa, o bien cuando comienza la enemistad?, eso lo veremos en la tercera parte de este ensayo. 

FIN DE LA SEGUNDA PARTE       











Blog del Dia
Share this article :

+ comentarios + 1 comentarios

18 de diciembre de 2012, 14:22

Otro gran trabajo, gracias por compartirlo. Un besito Diego

Publicar un comentario en la entrada

 
Letras Opacas.org | |
Copyright © 2011. PERIODISMO DE ESCRITORES - All Rights Reserved
Template Created by Creating Website Published by Mas Template
Proudly powered by Blogger
Conseguir la ú…e Flash Player Blogger {{Usuario escritura-4}}