El Papa del principio de un nuevo mundo | PERIODISMO DE ESCRITORES

El Papa del principio de un nuevo mundo

jueves, 14 de marzo de 2013 6 comentarios

Escrito por Lic Ramón D. Peralta



Quizás hoy sea un día especial, quizás no, lo cierto es que si usamos "especial" como sinónimo de "distinto", es porque estamos ante un día especial respecto de todo el resto de los días especiales. Claro que desde un abordaje estríctamante metafísico, todos los días son especiales, pues no hay uno que sea igual al anterior, lo cual ratifica una y otra vez la Teoría del Movimiento Perpetuo, la misma que confunde la percepción sensorial del ser humano, para con el tiempo convertir los días especiales del mañana en días ordinarios del pasado. Hoy es un día único, también suena ambiguo desde la lógica proposicional cuántica, toda vez que el movimiento o la acción jamás es idéntica a si mismo en otro estadio del espacio-tiempo. Todos los días son únicos, aunque en algunos sucedan eventos extraordinarios, siempre respecto de la escasez. Hoy tenemos un Sumo Pontífice Argentino, y vaya, ésto no es un hecho ordinario sin duda, aunque solo lo es en este supuesto presente, porque de aquí en mas, nuestra memoria irá poniendo las percepciones en el lugar que por inmanencia ocupará. Mañana la sorpresa dará lugar al conservadorismo psíquico y psicológico, y por ende, un Papa Argentino, dejará de ser extraordinario, y de hecho, eso ya sucede.




Jorge Mario Bergoglio, es un argentino, nacido en tiempos donde aun nacían hombres con sólidos valores morales clásicos, y si aun lo hacen, son en carácter de excepción, no porque sean mejores o peores, sino porque las sociedades han cambiado y porque esa supraestructura moral y ética tampoco es la misma que la de hoy. Tampoco digamos que es mejor o peor, solo digamos que no es igual, y que cuanto menos no es clásica. Entendiendo como clásico, aquello que siendo perfectible, con mayor o menor estética, con mayor o menor consenso, no dejan de volver a estar de moda en determinado momento. Ergo la moralidad clásica es aquella, que ha sido puesta en duda mil veces, pero que en base a prueba y error de otras alternativas, no ha dejado de ser vista como un "ideal". Todo  ideal clásico suele entrar en vigencia nuevamente, cuando el pragmatismo abate a un ideal progresista y renovador precedente. Es la eterna lucha entre la utopía y lo que realmente logran los hombres como realidad.   




Y encima éste, es un hombre distinto, incluso distinto dentro de la misma Curia, pues ha demostrado predicar con acciones y hechos, postulados que son distintivos del dogma cristiano. Una excentricidad si lo comparamos con otros sacerdotes contemporáneos y coetáneos. Es un ser humano que marca diferencias sustanciales con sus pares, y plantea un abismo para con los comunes. Pero no quiero entrar a detallar la obra y biografía de Jorge Bergoglio, porque de eso ya se encargaron los periodistas y medios. Quiero exponer "qué significa desde lo filosófico, y que cambios pueden obrar como nuevo paradigma en el futuro". Partiendo, como bien lo saben mis seguidores, de una cosmovisión no cristiana, ya que soy gnóstico, ergo de una perspectiva metafísica social de tipo cuántico y proyectivo. 



Es importante este cambio, porque estamos viviendo aun sin aceptarlo o dimensionarlo, en la antesala o transición, de dos vertientes filosóficas y dogmáticas, que irremediablemente conducen a la humanidad a un callejón sin salida (aparente). Las sociedades del mundo se debaten entre la utopía de la ideas morales y la distopía de los ideales políticos, haciendo como consecuencia que la decadencia sea una realidad difícil de aceptar, y que los fetiches que marcan nuestro norte se hallen en estado de descomposición y putrefacción. Nuestras misiones son suicidas, y aunque todos en mayor o menor medida lo intuimos, elegimos sumergirnos en el péndulo que oscila entre el mórbido pesimismo apocalíptico y la indiferencia de un optimismo alienado e irracional, barriendo en el medio con un importante menú de antinomias y contradicciones.   



 



Es curioso, porque si uno pudiera (imaginariamente) pararse en las alturas y pudiera acelerar el paso del tiempo arrancando en orden cronológico desde el pasado, podrá observar cuales fueron los detonantes de las fuerzas que hicieron eclosión en el dogma religioso, y mas precisamente en el cristianismo. Aunque otros dogmas teocéntricos que aun conviven con la política, van por el mismo camino, aunque algo mas relegados dado que arrancaron mucho después, o bien que tiene retardadores propio de sociedades mas conservadoras que las occidentales. Es también la historia de la filosofía, quién ha ido sorteando los mismos obstáculos que la religión, ávidas de encontrar respuesta a preguntas que aun siguen vigentes y sin solución fidedigna. Es la historia del antropocentrismo y del teocentrismo, quien en su alternancia evolucionó en un etnocentrismo hasta llegar a esta suerte de dogmacentrismo laico, pero altamente supersticioso, romántico, materialista y también ilógico. Obviamente podríamos ver en éste ejercicio mental, como los problemas sociales siguen siendo los mismos, ergo la mala distribución de riqueza, la desigualdad, la ausencia de justicia y la opresión del hombre por el hombre, son una constante. 



El anterior Papa, Ratzinger (Benedicto XVI), hoy emérito, provenía de un país, donde los católicos pasaron de ser el 80 % de sus habitantes (principios del siglo XX) a ser el 20 % (hoy). Pero tampoco hablamos de movimientos severos dentro del dogmatismo religioso, es decir, que ese caudal de seres humanos creyentes no se pasaron necesariamente a otras religiones, como muchos suponían en otrora, sino que se convirtieron al ateísmo, agnosticismo, etc, ergo dejaron simplemente de pertenecer al mundo de los "creyentes". Contrario a lo que muchos colegas sostienen, he notado junto a muchos otros metafísicos, que esa masa o energía humana, consagró esa fe en una creencia algo menos esotérica y mística. En otras palabras, los dogmas religiosos, fueron suplantados por dogmas de tipo sociológicos y políticos, los cuales vienen revestidos y provistos de su propia arquitectura ética, espiritual y moral, también con sus propios mitos y totems.  






A estas alturas, pocos se atreven a refutar la idea de que el "homo faber", es por naturaleza un ser dogmático, salvo sus honrosas excepciones.  De hecho hace mas de un siglo que se viene pregonando con una serie de simbologías, abstracciones impersonales y estereotipos, donde la dialéctica del materialismo y el consumismo extremo, se muestran irreconciliables con los presupuestos ascéticos, espiritualistas y humanos. Visto de otro ángulo, hoy combaten el hedonismo pragmático y cualunquista contra los preceptos clásicos del humanismo divino. Y no hablo de un humanismo cristiano contra uno que no lo es, sino que intento bucear en las profundidades de la esencialidad de nuestra especie.   



Hay estigmas, pero también hay paradigmas y paradojas que circulan para volver a su punto de partida sin que dejen de moverse en el mismo sentido, quizás por eso nos cueste  tanto entender el comportamiento de la subpartículas cuánticas ya que hasta hace poco solo las imaginamos como puntos o cuerpos de geometrías definidas, cuando bien sabemos, que no son ni una cosa ni la otra, pero, son todo eso a la vez. Así es la naturaleza del ser humano, pues las mediciones de lo que son, van variando a medida que se va moviendo. Si hay algo susceptible de ser considerado "absoluto" es la condición infinita del movimiento de las cosas y por ende, del ser humano. Pero somos "racionales", tan racionales como son las células, las moléculas, los protones, nuestro planeta o una galaxia, aunque nos resistamos a tal magnificencia. Quizás nos resistimos a creernos no unigénitos y  el no centro del universo, en medio de una realidad que no nos gusta o satisface. El hombre no es Dios, ni Dios es el hombre, y si hubiera un ente mayor a supremo, con seguridad no tendría nada que ver con el ser humano. Solo somos un ente mas.






Intentar justificar a la Iglesia de Roma y su historia, es intentar comprender al ser humano en sociedad, pues tanto su afasia como su violencia, giran en torno del sentido del destino de la humanidad. Tampoco es sensato decir que las cosas son como causa sui, iguales a si mismo en un todo o nada. Siempre me resultaron graciosas las definiciones del empirismo y la ontología filosófica cuando se estudia a si misma, como si finito o infinito no pudieran contenerse alternativamente el uno al otro, y como si las definiciones fueran susceptibles de certidumbre absoluta. Nada mas falaz que describir a un hombre por sus errores pasados, y nada mas falaz que hacerlo por sus aciertos so presuntas virtudes, porque un hombre jamás es igual a si mismo a lo largo del tiempo. Mal puedo hablar en consecuencia,  de una Iglesia Romana buena o mala.



En mi opinión, mal hicieron los hombres en usar la fe y las creencias religiosas para aunar  y acrecentar poder político, en tiempos de adolescencia del cristianismo, pero repito, fue un error de la humanidad. Las instituciones son creadas por los hombres, no al revés. Sino nos veríamos ante la magna paradoja, de poner a Dios subordinado al dogma, cosa que en mas o en menos se hizo. Esa anatemática costumbre de la Iglesia Romana, de adaptar a Dios a su conveniencia, nos habla a las claras de la influencia recíproca que tuvo la política y la religión, todas mancomunadas en los insaciables apetitos económicos. Pero también obró como fuerza superior, la inmanencia del individualismo, egoísmo y el afán de opresión y dominación que traemos de "fábrica". Nadie es feliz en la igualdad, por favor "basta de mentiras infantiles". 

                  
También creo que deberíamos comenzar a usar una linea de pensamiento mas matemático, a fin de poder simplificar tantas corrientes filosóficas sueltas y artificialmente enemistadas, para poder acercar a los comunes al mundo del librepensamiento. No se equivoca Gramsci cuando describe a una lastimosa pero necesaria función intelectual en una inevitable "clase intelectual", responsable tanto de la filosofía sin conciencia, como del dogmatismo y la peor heurística. Con esto debo decir, que la decadencia moral que hoy padecemos, se la debemos en gran medida a la dislocación del pensamiento burgués e intelectual de todos los tiempos, quienes se han encargado de jugar a ser "profetas del conocimiento", sin percatarse de las limitaciones manifiestas del ser según su ser. 



Y vaya desgraciada paradoja,  hoy le exigimos justicia y moralidad a una Institución como la Iglesia Romana, no desde la autoridad moral clásica a inconfundible, sino que lo hacemos desde una decadencia tan infame como invisible a nuestros sentidos. Vivimos tiempos donde la dinámica nos gobierna, haciendo que nuestros brotes racionales para con la moralidad histórica solo dure lo que dura la memoria sensorial, escasos segundos. Uno de los fetiches que mas nos ha confundido es aquel, que nos lleva a presumir que la creatividad guarda correspondencia con el pensamiento original, la imaginación constructiva, el pensamiento divergente o el pensamiento creativo, quienes según nuestra idealización, tendrían el don de la generación de nuevas ideas conceptuales, o de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, con el agravante de creer que "habitualmente producen soluciones originales".


El problema que aun seguimos sin resolver, se apoya en el desconocimiento superior que tenemos sobre nosotros mismos como ente y algo mas. Razón por lo cual, aun postulamos y negamos simultáneamente, sin que manifestemos vocación renovadora. En ésta lucha historicista por asirnos de la verdad, hacemos confrontar empirismo, racionalismo, idealismo, romanticismo, nominalismo, existencialismo, contructivismo y varios "ismos" mas, como si las realidades en filosofía fueran susceptibles de escisión. Sin embargo, gran parte - sino toda -, de la filosofía, ha sido el caldo de cultivo de la peor patología gnoseológica y pedagógica posible, el dogmatismo. Pero tampoco seamos ilusos y no comulguemos con la invariancia del antidogmatismo dogmático, pues estoy convencido que el dogma es tan natural en el ser humano como su propensión al movimiento. Claro que nos movemos en círculos, pero es un circulo que se va agrandando hasta llegar al quiebre lógico que nos augura el mundo del nuevo conocimiento.  Con ésto quiero decir, que también, aunque conservadores, los dogmas se muevan en el mismo sentido que la metafísica y la filosofía.  Lo que no se mueve en el mismo sentido es la certidumbre, por ende, no toda filosofía y dogma resultan del todo útiles y sustentables.   


Para ilustrar éstas pintorescas estampas de la filosofía, tomaré como ejemplo al existencialismo sartriano, quien en uno de sus postulados fundamentales dice que en el ser humano "la existencia precede a la esencia", es decir, que no hay una naturaleza humana que determine a los individuos, sino que son sus actos los que determinan quiénes son, así como el sentido de sus vidas. Y por otro lado, tenemos a los pioneros del socialismo y cooperativismo, como Robert Owen, quien en oposición a los filósofos del individualismo,  sostenía que el Hombre es un producto social, ergo "manufacturado". En otras palabras el hombre sería un libro en blanco para la sociedad, y que mediante sus agentes socializadores, procede a escribir. Algo así como que el carácter del individuo pasa a ser creación del medio social y el azar de las circunstancias; y no consecuencia de una naturaleza metafísica predestinada (lo contrario al existencialismo), su destino. Cree en la omnipotencia de la razón, por lo que su ideología asienta sus bases en la educación. Se puede considerar a Owen a uno de los padres del pensamiento pedagógico. Obviamente y sin dudarlo es el padre del "cooperativismo". Ésta entre tantas paradojas de la filosofía, son tales, pues ambos se consideran hombres del pensamiento marxista, que a su vez está lejos de ser consensuado por el mismo Karl Marx. Como verán, y vuelvo a repetir, si pudiéramos acelerar el paso del tiempo y viajar a través de él, comprobaríamos el grado de locura que hemos tenido y que aun tenemos como sociedad.   




Según este concepto y el de varios "locos mas", en especial de Gramsci, el poder de las clases dominantes sobre el proletariado y todas las clases sometidas en el modo de producción capitalista, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, pues si así lo fuera dicho poder sería relativamente fácil de derrocar (bastaría oponerle una fuerza armada equivalente o superior que trabajara para el proletariado). No Gramsci, no existe la posibilidad de equiparar fuerzas dentro de una misma sociedad pretendiendo separar fuerzas armadas con fuerzas políticas, como tampoco puedo pretender equiparar fuerzas dogmáticas con fuerzas proselitistas simples. Gramsci también dijo que el poder está dado fundamentalmente por la "hegemonía" cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. También se equivoca en éste punto, porque los dogmas políticos no parten de un proceso anterior, sino que emergen como el resultante de una confluencia de factores. Visto está, que basta que una sociedad se halle sumergida en el caos, con necesidades primarias insatisfechas, en medio de la constante "mala distribución de la riqueza", y que aparezca el líder adecuado en uso de la demagogia de un dogma político, en medio de un marco de crisis espiritual y moral profunda, para que aparezcan nuevamente fenómenos como el de Chávez o el de Perón. Los demás elementos entrarán en juego a posteriori, pero en calidad de efecto y no como causa. Quizás por lo expuesto, es que me produzca tanta hilaridad e indignación a la vez, ver filósofos como Laclau, Moffet y Forster etc,  pregonar un dogma que nació póstumo, pues lejos está de considerarse una nueva filosofía, so el agonismo posmoderno, agoniza en antagonismo administrado y es tan moderno como las cavernas y el garrote.       


 Pero si comparto con Gramsci, la idea de que a través de los medios de comunicación, y el aparato político, las clases dominantes "educan" a los dominados para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Así, por ejemplo, en nombre de la "nación" o de la "patria", las clases dominantes generan en el pueblo el sentimiento de identidad con aquellas, de unión sagrada con los explotadores, en contra de un enemigo exterior y en favor de un supuesto "destino nacional". Se conforma así un "bloque hegemónico" que amalgama a todas las clases sociales en torno a un proyecto burgués. El capitalismo de estado inmanente al populismo es sin duda alguna, un proyecto de las burguesías, sean arcaicas o nuevas. En síntesis, la lucha de clases en el populismo desde lo metafísico, es la lucha entre clases burguesas que pugnan por espacios de poder, mientras las masas sin ilustración consumen misticismo, épica y esoterismo. Dicho con menos glamour, el espacio que dejó el dogma religioso, fue ocupado por el dogma político, sin que sus feligreses den cuenta de las diferencias. 


Pero puede darse el caso, de que un hombre impoluto con probadas virtudes y tangibles acciones, en uso del cargo mas importante que tiene éste planeta, me refiero al de Sumo Pontífice o Papa, con el tiempo regenere un devenir de la moralidad clásica, y reconstruya con fervor las pasiones que en antaño supieron distinguir al mundo de los creyentes, y mas en particular de los católicos apostólicos romanos. Es probable dentro de muchas posibilidades, que veamos a un Papa que pueda marcar un antes y un  después, haciendo no solo que se oxigene, aggiorne y limpie la Iglesia como institución, sino que produzca una auténtica revolución de la fe, donde los creyentes recuperen su guía en la religión, para así llenar los huecos que supo imponer la corrupción de los dogmas políticos, hoy hegemónicos. Con esto no digo que eso vaya a pasar, solo digo, que es una probabilidad que tiene fundamentos metafísicos y filosóficos. Si esto sucediera, muchos dogmas políticos se verían jaqueados, porque en la ingeniería mental y espiritual del hombre, no hay espacios para que dos dogmas lo condicionen en simultáneo. 


Recuperar la moralidad en éste siglo XXI, mas que una opción es una necesidad, y si bien la religión no debe participar directamente en política, si sería bueno que ocupe el rol de emancipador de las almas y la mente de los comunes. Sería una buena manera de equilibrar factores de poder, en tiempos donde los gobiernos intervencionistas y las mega corporaciones privadas de occidente, se han transformados en los nuevos absolutismos de las sociedades. Ojalá que Jorge Bergoglio se transforme en el Papa pastor, pero también sería loable que se consagre en el Papa Salvador, quien redima a los ciudadanos del mundo para con una equidistancia ética y moral que jamás deberían haber perdido. La justicia no pasa por hacer lo que quiero, sino en hacer lo que me duele pero que me hace bien, aunque yo no lo reconozca a priori. 


Lo que le hace bien a la humanidad, no es necesariamente lo que le da placer, y si sabemos que el hedonismo y el caos nos cuesta la aniquilación, con mas razón se impone la autocrítica y confesión. El ateismo es quien mas reciente no tener una figura racional en quien creer de manera lógicamente superior, así pues, que sea un dogma filosófico el que ocupe el lugar que hoy tienen los ideales y dogmas políticos y socioconómicos. Quiero despedirme reafirmando mi escepticismo gnóstico, pero haciendo votos de esperanza en una humanidad a la cual pertenezco. Aun tenemos una oportunidad, y está en nosotros saber aprovecharla, so espero que éste sea el Papa del Principio de un Nuevo Mundo Mejor. No se rezar, pero rezaré por Francisco, pues también necesito creer en algo sublime. "Es solo un hombre" me dijeron, pero bien sabemos que un solo Gran Hombre hace la diferencia. Nunca subestimes el poder de un hombre simple. Conocí personalmente a Bergoglio, y hoy tengo ganas de creer en él (no en la Iglesia), so lo mio no es religión, sino cuasi estricta razón (valga oxímoron).  Buen día.-



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14 de marzo de 2013, 13:48

Excelente reflexión. Yo si soy católica aunque no practicante, y tambioén tengo ganas y necesidad de volver a creer en algo superior, aunque que mas no sea como (bien decís) "guía". Te felicito Diego. Un besito.-

Anónimo
14 de marzo de 2013, 14:01

Muy buena reflexión - va como de costumbre y muy digno para un pensador que no es católico - lo cual lo enaltece doblemente. Cansa escuchar y leer críticas con saña a la Iglesia cuando nadie tiene el culo limpio, menos los ladris del populismo. Saludos

Gabriel Jacobi Leuze

Anónimo
14 de marzo de 2013, 15:34

clap,clap, clap * excelente capo + Tito Rosales

Anónimo
15 de marzo de 2013, 7:52

Muy bueno, y también me declaro indignado por la cantidad de boludeces que circulan por las redes sociales y por las difamaciones que hace circular el kirchnerismo sobre un tipo que les hace sombra cuando de honestidad, humildad y vocación de servicio hablamos. No hay manera de relacionar a Bergoglio con la dictadura de los 70, el mismo CELS y la CONADEP lo dijeron y ratificaron, pero estos mal paridos siguen insistiendo en mancillar la imagen de un hombre de bien que ayudó a los pobres sin esperar réditos políticos. Tengo una bronca mayúscula. felicito al autor por su don de gente y su profundidad.

Axion11

Anónimo
16 de marzo de 2013, 11:16

Brillante como todo lo que he leído de éste gran filósofo y pensador. VIVA FRANCISCO ¡¡¡¡

12 de abril de 2013, 10:15

excelente reflexión de nuestro querido Francisco!!!!

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