Lógica cuántica: el tiempo contra Hegel | PERIODISMO DE ESCRITORES

Lógica cuántica: el tiempo contra Hegel

lunes, 11 de marzo de 2013 1 comentarios

Escrito por Lic Ramón D. Peralta



Esta página web acaba de cumplir su primer año de vida, y además del cotillón y los confites, me pareció oportuno filosofar sobre algo de lo que se ha filosofado mucho: "El tiempo". Así pues veamos de que se trata éste "Feliz Cumpleaños". Supongo que en Argentina aun somos pocos quienes le hemos dedicado especial amor y atención a una Filosofía Cuántica que clama por ocupar un lugar en la mente de los mortales. Y aunque la palabra amor y atención, sean invasivas para mis instintos "neocínicos", no dejan de tener vigencia en un valor netamente descriptivo. Parecería coherente afirmar que una de las misiones de la filosofía cuántica es poder traducir y devolver en un lenguaje comprensible, lo que hoy está en manos del lenguaje de las matemáticas cuánticas. Pero también tiene muchas misiones mas, una de ellas es ir ejercitando la psiquis humana, de tal manera que el salto de la lógica y las matemáticas clásicas al mundo de la cuántica sea paulatino, absorbible y performativo, entre otras.  

Mientras escribía los primeros silogismos me di cuenta de algo, que no todo lo que hago en presente ocupa el mismo presente. En otras palabras, con cada palabra que pienso para luego escribir, voy ocupando un espacio de tiempo que no es igual que el que inmediatamente lo antecedió. La letra "a" que acabo de escribir ya es vieja respecto de ésta "b", pues el tiempo transcurrido entre una y otra es "real", pero tampoco es real respecto del ahora, sino que es real respecto del pasado, ergo de lo que pasó, porque realmente pasó. Ni siquiera puedo retomar los mismos pensamientos que me llevaron a escribir esa "a", porque cada vez que quiero justificar esa "a" en el presente lo hago con una  nueva acción racional. En otras palabras cada vez que pienso en ese ente, lo hago desde otro punto, y por mas que pretenda reconstruirlos como idénticos, jamás lo serán desde lo absoluto, tanto hable de la acción como del pensamiento. ¿Suena complicado?, pues no lo es. 



Hasta hace muy poco, en filosofía y en metafísica, si es que alguno de ustedes quiere separarlas, se dio un debate muy lindo entre lo que era el "tiempo", pero para poder entablar una discusión profunda resultó menester incluir en el ruedo a los términos "cosas", "ser", "substancia", para luego si ir por "finito", "infinito", y por ende "absoluto". Claro que durante muchos siglos las posturas "antropofánicas centrípetas", fueron las estrellas fulgurante de un firmamento plagado de subjetivismo y divinidad. Explicado de manera sencilla, cuando un desconocimiento intuido nos parecía superior adoptamos la palabra "Dios" para sintetizarlo, y cuando hablábamos de "naturaleza", intentábamos explicar la existencia de las "cosas", las "sustancias" y a nosotros mismos (ser) mediante ese desconocimiento superior "Dios" (cosa que aun se hace por dogmatismo). 



Pero cuando empezamos a negar la existencia de ese "desconocimiento superior" ergo "Dios", no lo hicimos porque hallamos encontrado el "conocimiento superior", sino que también fue hecho partiendo de lo deductivo, intuitivo y básicamente especulativo, pero no desde lo empírico y ontológico. Simplificando afirmamos o negamos a "Dios" por las mismas razones, dogmatismo. Dogmatismo de tipo metafísico y teológico, toda vez que no haya podido pasar por ninguna de las antesalas de la falsación y comprobación científica ergo de la lógica clásica, aunque quizás si respondan a un nuevo tipo de lógica, la "cuántica". 


Hubo muchos abordajes y opiniones, incluso algunos filósofos moldearon auténticos movimientos filosóficos partiendo de estos contubernios reflexivos. Desde los antiguos sabios egipcios, persas, sumerios, hebreos hasta llegar a los antiguos presocráticos, mucho camino se había desandado, aunque cueste encontrar mayores rastros de semejante actividad intelectual. Pero se habló y se pensó, y mucho. Para no hacer tan largo este petit ensayo, os diré que desde muy temprano los antiguos gnósticos dejaron en claro, que solo se podía asir desde lo filosófico, dos estadios en el tiempo, uno pasado y otro futuro, siendo el presente solo una suerte de herramienta lingüística para reacomodar y describir las piezas del "rompecabeza" que obraban de manera simultánea. 


Dicho de otra manera, si bien hoy asumimos la palabra "presente" como lo ahora, ya desde los albores del pensamiento profundo se advirtió, que el ahora resultaba una medida esquiva, ambigua y dispersa. Claro que si uno toma un reloj y cronometra todas las acciones que suceden en simultaneo y cuya duración es idéntica, se podrá arriesgar que todo eso sucedió en el "presente". Además para eso disponemos de los almanaques, para en caso de medidas mayores, podamos determinar lo que pasó en todo un día, una semana o un año, sin que se deje de ver como "presente".     

           

Sin embargo el presente desde lo metafísico se auspicia como un momento de "quietud", donde se supone que estoy ahora, ergo un instante donde puedo hacer confluir al mismo tiempo, substancia, pensamiento, intuición, sentimientos y emociones (etc), en definitiva "acción". El problema es que imposible que exista "quietud" y "acción" al mismo tiempo, por la sencilla razón que "el tiempo no se detiene". Y si no se detiene el tiempo, tampoco nos podemos detener nosotros. Espero sinceramente que me haya expresado con claridad hasta acá, porque a partir de ahora se irá poniendo algo mas sinuoso, sobre todo para aquellos que no están familiarizados con la semántica y semiótica filosófica, no obstante haré el esfuerzo por convertirlo en lo mas coloquial posible.  

De todas, a mi gusto, quizás la más célebre discusión sobre el tiempo la dieron los filósofos Hegel y Jacobi, cuando intentaron, ambos con gran dignidad, endiosar o satanizar los enunciados de Spinoza. El absoluto concepto es para Hegel, "infinitud", es decir "absoluta afirmación", aunque esta absoluta afirmación, según el mismo Hegel, se convierte de pronto en "negación absoluta" a causa de su oposición inmediata a lo "finito", para luego hacer posible la resolución de la oposición en la identidad de los dos opuestos. Tal movimiento conceptual, orientado hacia la representación del concepto como negación absoluta en la que convergen idénticos: "finito e infinito", se sintetiza como postulado en la célebre fórmula hegeliana "+A -A =0". Hegel aquí evidentemente ya señala lo que en "Las  Lecciones sobre la Historia de la Filosofía", considerará un defecto de la sustancia spinoziana, a saber, el de ser privativo de cualquier determinación, y por lo tanto, comparable a la misma "nada", una nada a la que sin embargo, Spinoza otorga el valor de realidad. 





Semejante idea de infinito, subrayado por Hegel, desempeña de todos modos un papel fundamental en el "sistema spinoziano" y debería merecer respecto por parte de Jacobi. Además Hegel puntualiza que en el caso de considerar la formula singular "+A –A" nos encontraríamos frente al infinito empírico en el que la oposición permanece, frente a la resolución que de ésta cumple,  el "infinito acto" (o acción infinita), aunque sólo en la vacía indeterminación que es la "nada".

Hegel, por tanto, insiste en relacionar la crítica de Jacobi al ejemplo geométrico. Según Jacobi la infinitud que Spinoza hubiera querido proponer como "acto" no es más que la misma infinitud empírica que él mismo supone encontrar en el ejemplo en cuestión. Es por esto que, en contra de Jacobi, Hegel socorre a Spinoza, declarando que el concepto de sucesión subjetiva e ideal, que Jacobi pretendía hallar, no es en este caso deducible, por lo que la operación jacobiana fuerza claramente a Spinoza más allá de sus reales intenciones. Además Hegel se detiene en afirmar, claramente en contra de su adversario, que el carácter subjetivo y la idea de sucesión, que estaría incluso dispuesto a reconocer, tendrían un significado no filosófico, sino más bien psicológico y por tanto no suficientemente empírico.

Es evidente que de esta breve y claramente no exhaustiva contribución sobre un fragmento de historia de la conceptualización de lo infinito en la que claramente se enfrentan, muy a pesar de Spinoza, dos de los grandes enfoques sobre lo absoluto, el punto fundamental está en la crítica de Hegel a Jacobi. Se trata claramente de un cruce muy interesante en el que se decidirá la orientación predominante de la metafísica en la Alemania moderna, patria del pensamiento idealista clásico. Sin embargo dicha disputa se jugó en el territorio, neutro y resbaladizo de la doctrina spinoziana, la cual ejerce de campo de batalla y escenario metafísico privilegiado, capaz de otorgar evidencia a las opciones teoréticas de peso de ambos contrincantes.







Es esta la razón por la que Hegel ante todo interviene y finalmente concluye la sección dedicada a Jacobi denunciando que la actitud de la doble crítica de Jacobi se puede resumir en dos sencillas pero graves falacias: por un lado, la de lamentar la falta de la sucesión y de la finitud como algo objetivo y real en el sistema spinoziano, exigiéndolas a la especulación, y, por otra parte, la de introducir la absolutización del finito de forma ficticia y arbitraria en su exégesis, relevando absurdidades (tal y como las tacha Hegel en sus punzantes ironías) que él atribuye a Spinoza, y que en verdad representan el resultado extremo de sus propia y no mediada postura preliminar.





Claro que ésta disputa en la actualidad parece absurda, pero hasta hace pocos segundos no lo era, y lo mas curioso es que para la filosofía cuántica ambas posiciones reflexivas tienen asidero. Es decir que el tiempo puede ser finito e infinito simultáneamente dependiendo de qué factores deterministas y relativistas pongamos en juego. Cuando Hegel traduce todo éste palabrerío en: "tesis" (proposición) "antítesis" (negación) y su resultante "síntesis" para luego volver a comenzar, nos estaba enseñando un juego del pensamiento lógico que luego se denominó: "dialéctica", que si bien es muy lógica, también lo es de "clásica". Claro que como todo lo clásico, es susceptible de ser "coleccionable", pues tiene valor como tal, pero que no nos sirve para andar en él, en tiempos donde hay "cosas que se mueven más rápido". El problema que nos ofrece el empirismo clásico es que suele ser cimiento del dogmatismo, y éste como bien se ve, nos inmoviliza o retarda en sentido del conservadorismo. Quizás una conclusión subyacente sea: "de aquí en mas la filosofía no tendrá lugar para el dogmatismo".  


Ni Spinoza, ni Hegel ni jacobi pudieron imaginar, lo que las matemáticas y las físicas cuánticas nos permiten imaginar, lo cual debería hacernos meditar algo mas sobre los alcances potenciales reales de la imaginación humana. Confrontar la dialéctica hegeliana y la lógica clásica con la fenomenología cuántica, genera a priori una paradoja por demás interesante, ya que invierte roles y asigna nuevas posiciones epistemológicas. Hoy sabemos que el universo de la materia encierra un sinnúmero de sustancias, y cuando digo sin número es porque aun se las sigue descubriendo, y por otro lado la cuántica nos dice que si bien ese universo se está descubriendo, sería finito. Es decir, lo finito aunque no sea medible aun no se convierte en infinito a priori, sino que se mueve como una constante probabilística. 

Lo que si resulta absoluto es la afirmación de que toda materia en el universo se encuentra en movimiento, por ende, se puede en términos hegelianos afirmar que lo absoluto es infinito en el movimiento. Lo cual no significa que sea lo mismo que "negar la negación", porque no puedo negar que todo lo que tiene masa está en movimiento en alguna de sus dimensiones. Una montaña en apariencia no se mueve, pero no se mueve en torno a nuestros sentidos, ya que mayores o menores dimensiones escalares en nuestra percepción nos permitiría verificar que si se mueve. 


Una montaña se mueve a partir de sus nano partículas constitutivas, pero también se mueve junto al planeta y dentro de éste, solo que las porciones de tiempo redundan en diferentes dimensiones de la percepción. Si pudiéramos vivir cien mil años, y nos sentáramos frente al Monte Everest, comprobaríamos como se mueve. A la inversa nos sucede con micropartículas como los neutrinos, los gluones o los bosones, cuya vida es tan efímera respecto a nuestros sentidos que nos resultó arduo descubrirlas. En definitiva, lo ínfimo se mueve a altísimas velocidades y las cosas gigante se mueven relativamente lentas, también para nuestra perspectiva sensorial. Todo esto desde la metafísica cuántica nos lleva a imaginar a universos dentro de otros universos, donde la materia y el movimiento hacen del tiempo un  factor diferencial. 

Cuando hablamos de "espacio-tiempo", es porque aun suponemos que el universo se halla contenido por éste, es decir que lo finito se halla contenido por lo finito, asimismo como lo infinito se encuentra contenido en lo infinito. Pero en la lógica cuántica, también resultaría absoluto inferir que lo infinito puede estar contenido en lo finito, toda vez que la materia (finito) se halla en perpetuo movimiento (infinito). Según los mismos términos hegelianos, lo absoluto desde lo empírico cuántico es el "infinito cuántico", pues aunque se induzca científicamente que el universo nació con el "big bang", aun no puedo imaginar cual es su final, en el caso que tenga uno. Hay diversas teorías para delimitar ese infinito, que no significa convertirlo en finito, sino que conculca abdicar el término "absoluto" en relativista, ya que algunos científicos sostienen que el universo se está expandiendo a partir del big bang a gran velocidad (inflación cósmica), aunque algunos han detectado la presencia de agujeros negros supermasivos, cuanto menos uno por galaxia, que obrarían como activistas gravitacionales, responsable éstos, de repeler dicha expansión hacia su enorme masa. En otras palabras, transformar la  explosión expansiva en gran implosión (Big Crunch). De una u otra manera,  se sigue ratificando el perpetuo movimiento. Lo cierto es que la mejor prueba del movimiento de menor a mayor del universo está en su rastro de entropía dejado.  
                   

Ahora bien, es necesario decir que ha medida que la física cuántica avanza aparecen  nuevas dudas con una progresión geométrica tan audaz y acelerada, que en mismo momento la comunidad científica "ratifica y rectifica". En otras palabras, lo que hoy es absoluto, mañana será relativo, y vicecersa, o bien, será todo ello simultáneamente, mientras el azar resista todo tipo de falsación. Así es como el universo se muestra solo parcialmente, como parcial es nuestra tecnología y parcial es nuestra elaboración racional.  En definitiva en la lógica multidimensional de la filosofía cuántica, todavía se pueden hacer muchas proposiciones, muchas negaciones, pero obteniendo como resultante en lugar de "nada", varias conclusiones susceptible de ser falsables ergo contrastables científicamente. 

    
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que según la teoría de la relatividad la energía definida según la mecánica clásica no se conserva constante, sino que lo que se conserva en es la masa-energía equivalente. Es decir, la teoría de la relatividad especial establece una equivalencia entre masa y energía por la cual todos los cuerpos, por el hecho de estar formados de materia, poseen una energía adicional equivalente a E=mc2, y si se considera el principio de conservación de la energía, esta energía debe ser tomada en cuenta para obtener una ley de conservación (naturalmente en contrapartida la masa no se conserva en relatividad, sino que la única posibilidad para una ley de conservación es contabilizar juntas la energía asociada a la masa y el resto de formas de energía). En física cuántica relativista,  la medida del transcurso del tiempo depende del sistema de referencia donde esté situado el observador y de su estado de movimiento, es decir, diferentes observadores miden diferentes tiempos transcurridos entre dos eventos causalmente conectados. Por tanto, la duración de un proceso depende del sistema de referencia donde se encuentre el observador. En filosofía cuántica debe distinguirse entre la mecánica cuántica convencional, en la que puede trabajarse bajo el supuesto clásico de un tiempo absoluto, y la mecánica cuántica relativista, dentro de la cual, al igual que sucede en la teoría de la relatividad, el supuesto de un tiempo absoluto es inaceptable e inapropiado.






Fue Galileo Galilei quien, estudiando el movimiento de los cuerpos en un plano inclinado, llegó a un concepto de velocidad. Lo que hizo fue dividir la distancia recorrida en unidades de tiempo. Esto es, fijó un patrón de una unidad de tiempo, como por ejemplo 1 segundo, y a partir de esto relacionó la distancia recorrida por un cuerpo en cada segundo. De esta manera, Galileo desarrolló el concepto de la velocidad como una variación de la distancia recorrida por unidad de tiempo.



A pesar del gran avance de la introducción de esta nueva noción, sus alcances se restringían a los alcances mismos de las matemáticas. Por ejemplo, era relativamente sencillo calcular la velocidad de un móvil que se desplaza a velocidad constante, puesto que en cada segundo recorre distancias iguales. A su vez, también lo era calcular la velocidad de un móvil en aceleración constante, como en un cuerpo en caída libre. Sin embargo, cuando la velocidad del objeto variaba, no había herramienta, en épocas de Galileo, que ayudase a determinar la velocidad instantánea de un objeto.




Fue recién en el siglo XVI cuando, con el desarrollo del cálculo por parte de Isaac Newton y Gottfried Leibniz, se pudo solucionar la cuestión de obtener la velocidad instantánea de un objeto. Ésta está determinada por la derivada de la posición del objeto respecto del tiempo.

La velocidad instantánea permite conocer la velocidad de un móvil que se desplaza sobre una trayectoria cuando el intervalo de tiempo es infinitamente pequeño, siendo entonces el espacio recorrido también muy pequeño, representando un punto de la trayectoria. La velocidad instantánea es siempre tangente a la trayectoria. El cálculo de velocidades relativas en mecánica clásica es aditiva y encaja con la intuición común sobre velocidades; de esta propiedad de la aditividad surge el método de la velocidad relativa. La velocidad relativa entre dos observadores A y B es el valor de la velocidad de un observador medida por el otro. Las velocidades relativas medias por A y B serán iguales en valor absoluto pero de signo contrario. Denotaremos al valor la velocidad relativa de un observador B respecto a otro observador A como V ba. 





Con la mecánica cuántica en su faz relativista puede definir la velocidad de manera análoga a como se hace en mecánica clásica sin embargo la velocidad así definida no tiene las mismas propiedades que su análogo clásico. En primer lugar la velocidad convencional medida por diferentes observadores, aún inerciales, no tiene una ley de transformación sencilla (de hecho la velocidad no es ampliable a un cuadrivector de manera lógica). En segundo lugar, el momento lineal y la velocidad en mecánica cuántica no son proporcionales, por esa razón se considera conveniente en los cálculos substituir la velocidad convencional por la cuadrivelocidad, cuyas componentes espaciales coinciden con la velocidad para velocidades pequeñas comparadas con la luz. En mecánica cuántica relativista se postula que por ejemplo un electrón o positrón podría tener junto con una velocidad media macroscópica (medida entre dos instantes diferentes) un movimiento de agitación u oscilación muy rápido como complemento, conocido como "zitterbewegung", de acuerdo con esa interpretación subyacente no existe una relación entre el momento de la partícula y la velocidad asignable a dicho movimiento.



La energía también es una magnitud física que se presenta bajo diversas formas, está involucrada en todos los procesos de cambio de estado físico, se transforma y se transmite, depende del sistema de referencia y fijado éste, se conserva. Por lo tanto, todo cuerpo es capaz de poseer energía en función de su movimiento, posición, temperatura, masa, composición química, y otras propiedades. En las diversas disciplinas de la física y la ciencia, se dan varias definiciones de energía, todas coherentes y complementarias entre sí, y todas ellas siempre relacionadas con el concepto de "movimiento". Pero ¿qué pasa cuando movemos esa materia mas rápido que la luz?, ¿qué pasa con el tiempo?, ¿existe el vacío como absoluto o hay también materia y energía en él?. Hay muchas respuestas que aun procura la cuántica por si y para si, porque según sus resultados todo puede cambiar, sobre todo el concepto que tenemos de "tiempo". 



    

Para describir la posición de una partícula material la mecánica relativista hace uso de un sistema de cuatro coordenadas definidas sobre un espacio-tiempo de cuatro dimensiones. Además las acciones a distancia instantáneas están excluidas ya que al propagarse más rápido que la velocidad de la luz dan lugar a contracciones en el principio de causalidad. Por lo que un sistema de partículas puntuales en interacción debe ser descrito con la ayuda de "campos retardados", es decir, que no actúan de manera instantáneamente, ergo cuya variación debe determinarse como propagación a partir de la posición de la partícula. Esto complica razonablemente el número de ecuaciones necesarias para describir un conjunto de partículas en interacción.






¿Cómo romper con la lógica clásica de "tiempo"?



Empezando de mayor a mayor, o menor a menor, hay muchas hipótesis que podrían ser verificadas en un futuro no muy lejano, pero ciertamente la unidad tiempo-espacio, podría ser uno solo, donde la variable "movimiento-velocidad", ponga al concepto de "espacio" como una entelequia plenamente relativista desde lo absoluto. Lo cual consagraría el poder  ver  como lo infinito se superpone con lo finito, sin que se verifique el "absoluto". Si puedo detener el movimiento de cada una de las partículas que componen  mi cuerpo, independientemente del movimiento del resto del universo habré hallado la posibilidad de percibir la inmortalidad ante lo presumiblemente finito, aunque también podré percibir amplias porciones de lo infinito, o bien, y vaya enigma, podría comprobar como finito e infinito mutan y se meten uno dentro de otro para luego ver el escape, en un proceso "in eternum".   



Pero también tengo posibilidades algo mas probables desde lo científico, que pasan por romper algunas leyes de la física cuántica, o bien creando algunas nuevas hasta ahora solo imaginadas como hipotéticas. Una manera de destruir el concepto de "tiempo clásico" es Soslayar o prescindir de  la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein.  La evidencia empírica afirma de manera unánime que el universo obedece las leyes de Einstein, y no a las de Newton (clásica), ergo hacer que ambas leyes entren en conflicto. Sin embargo, la relatividad general es únicamente un vistazo aproximado a la realidad, dado que es incompatible con la mecánica cuántica.






La relatividad especial es fácilmente incorporada en la teoría cuántica de campos (que es no-gravitacional), aunque sólo aplica a un universo plano. En particular, nuestro universo en expansión contiene puntos de energía que teóricamente curvan el espacio-tiempo e incluso puede contener una constante cosmológica que rechazaría la hipótesis del universo plano. Pero si bien en el contexto más amplio de relatividad general, el cambio de aceleración subluminal a superluminal no pareciera ser posible de realizar, tampoco se niega que exista esa posibilidad. Es decir que lograr moverse mas rápido que la luz, nos llevaría a poder viajar por el tiempo, lo cual haría del universo y del mismo tiempo algo completamente diferente para nuestro cánones actuales del lenguaje.   





Hay muchas maneras de viajar por el tiempo espacio, y en este trabajo solo mencionaré algunas de las posiblese imaginadas. Otra de ellas es desechar la causalidad, es decir, una aproximación sería aceptar la relatividad especial, pero admitiendo que algunos mecanismos de la relatividad general, tales como los agujeros de gusano, permitirían viajar entre 2 puntos dados sin recorrer el espacio intermedio. También se puede desechar la relatividad absoluta, debido al fuerte apoyo de los hallazgos empíricos hacia la relatividad especial, cualquier modificación a ésta debe ser muy sutil y difícil de medir. El intento más conocido es la relatividad doblemente especial, que plantea que la longitud de Planck es la misma en cualquier marco de referencia. Este concepto se asocia con el trabajo de Giovanni Amelino Camelia y Joáo Magueijo. 






Otra variante es ir a un lugar donde la relatividad especial no aplique. Esta es una opción muy popular en películas, juegos, series y novelas de ciencia ficción, so es suponer la existencia de algún otro "lugar" (que usualmente se denomina hiperespacio), al que se puede acceder desde nuestro universo, y en el cual las leyes de la física y relatividad son distorsionadas, manipuladas o incluso no existen, lo cual facilita el transporte rápido entre puntos distantes del universo sin necesidad de usar mucha energía o impulso para tal fin. Para lograr este viaje, a menudo se supone que en el hiperespacio no aplica la relatividad especial, o que lo que en nuestro universo son 2 lugares muy lejanos, en este otro lugar pueden perfectamente ser sitios muy próximos (doblar los pliegues de universos paralelos y aproximarlos).





También se puede ir más rápido sin acelerar, so a menudo se supone de forma implícita, que para acelerar algo más allá de la velocidad de la luz, primero se debe de pasar por c (algo así como decir que para ir a 100km/h, primero hay que ir a 90 km/h), encontrando el problema de necesitar infinita energía. La energía necesaria para acelerar llega a formar una asíntota al acercarse a la velocidad de la luz. De forma parecida a la idea de los agujeros de gusano, puede existir un método para cambiar de velocidad de forma instantánea (o sea, sin acelerar). Entonces, un objeto yendo a más que la velocidad de la luz  sólo podría necesitar energía comparable a la de un objeto que va a una distancia "clásica". El problema reside en cómo"convencer" a las partículas (y al ser humano que las "pilote") a moverse más rápido que la luz sin acelerar. 






Pero en el caso del fenómeno descrito como "Tejido: Espacio-Tiempo", contrario a la creencia popular, Einstein nunca dijo que era imposible exceder la velocidad de la luz, sino que por el contrario, esto fue inferido de sus ecuaciones. Él no tuvo objeciones aceptando que el tejido espacio-tiempo puede ir más rápido que la luz. En el "Big Bang", se hipotetiza que al ser creado el universo, el tejido espacio-tiempo viajaba más rápido que la luz. Por ende, si pudiéramos manipular dicho tejido, podríamos exceder la velocidad de la luz. Miguel Alcubierre con su métrica teoriza que es posible "combar" el espacio-tiempo encogiéndolo frente a uno mismo, y expandiéndolo detrás de uno. Tampoco redundaré demasiado en la "teletransportación", variancia que ya está siendo experimentada con éxito. 

Pero también se puede llegar a partes lejanas del universo sin necesidad de ir mas rápido que la luz. El concepto es simple, si distorsionamos el tiempo por el cual viajamos, podemos acelerarlo o disminuirlo a la vez. Por ejemplo: Una nave espacial viaja de la Galaxia Alfa hacia la Galaxia Beta que esta a 100 años luz de distancia. La nave viaja a la velocidad de la luz. Pero nosotros al observar a la nave hacer el recorrido vemos que llego en solo 1 año. Lo que sucedió fue lo que la nave viajo todo el recorrido acelerando el tiempo 100 veces alrededor suyo, de modo que le tomo realmente 1o0 años llegar a la Galaxia Beta, pero como solo acelero el tiempo en su recorrido, para el resto del universo fue como si hubiera viajado 100 veces la velocidad de la luz. Si bien el viajar acelerando el tiempo parece poco útil, resulta extremadamente importante si dentro de la misma nave el tiempo fue disminuido 100 veces para ir acorde al resto del universo. En pocas palabras, para el piloto y el universo paso 1 año en llegar a la Galaxia Beta, pero para la nave fueron 100 años. 



Por supuesto que existen mucho mas posibilidades, e incluso ya hay varios teoremas  con paradojas que prevén una ruptura del concepto "tiempo", o bien, que denuncian la probabilidad de poder viajar a través de espacio-tiempo, permitiendo unir así dos puntos distantes a millones de años luz de distancia. Esta destreza nos permitiría obviamente poder conocer los verdaderos alcances del universo, pero también nos daría vía libre para navegar en nuestro pasado y futuro, cosa por demás inquietante por cierto. Poder controlar o gobernar el movimiento de las partículas y por ende de nosotros mismos, nos ubica en la antesala de  la dualidad mortalidad-inmortalidad relativista desde la materia, y de reconfigurar un tiempo que sería solo movimiento relativista dentro del espacio-universo. Muchas preguntas surgen de ésta elucubraciones, sobre todo aquellas de matiz existencialista: ¿Dónde quedarme cuando puedo elegir: dónde estar, cómo estar, cuánto estar y cuándo estar?. Por hoy suficiente, ¿dónde se quedaría usted si pudiera viajar en el tiempo,....en el pasado, el futuro, en el hoy,....y por qué?.-


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Anónimo
11 de marzo de 2013, 21:57

Tremendo ensayo don Peralta - gracias por permitirnos acercarnos a éste tipo de conocimiento. Genial.

pijamasurf

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