¿Por què Argentina no es competitiva? | PERIODISMO DE ESCRITORES

¿Por què Argentina no es competitiva?

lunes, 10 de junio de 2013 1 comentarios

Escrito por Lic Ramòn D. Peralta



Es probable que èste sea mi ùnico ensayo de Junio del 2013, quizàs no, lo cierto es que aun con mucho trabajo, no hay dìa que no añore seguir sodomizando mi teclado, so torturando èste hermoso idioma, que como legado, aprenderè algùn dìa a entender. Si bien el escepticismo es la patria de los negocios, no siempre la filosofia se ha llevado bien con uno y otro, haciendo del pesimismo, en consecuencia, el mejor arbitro posible. 

Muchos son los mails sin responder, y no pocos los pedidos que han caìdo en desgracia, no obstante,  tampoco pienso abdicar ante la demogagogia populista, para deciros que no ha intercedido la indiferencia en èste contubernio, sino el tiempo. Y ya que hablamos de "tiempo", serìa bueno ir gradualmente entrando de lleno en el tema que invoca el socarròn tìtulo de èste texto. Argentina, siempre fue un paìs con problemas de competitividad, ya sea porque siempre estuvo administrado por incompetentes, o porque casi todo lo que producimos nos demanda mas tiempo que el resto de las naciones menos "slow". 

El tiempo en materia de producciòn, se muestra orgulloso y petulante, como a sabiendas de su rol mesiànico, diabòlico pero tambièn redentor, dependiendo de como sea percibido por las "almas en pena" y de su propia impronta mesoscòpica. No por nada, Cronos fue un "rock-star" para los antiguos helenos, asì como Shivà los es para la divina trìada hinduìsta, aun a costa de los occidentales cultores del rolex president. Y asì es como Don Tiempo aun goza de ciertos atributos esotèricos en nuestra regiòn, a no ser que hablemos de paìses del bloque "fachosocialista latinoamericano siglo XXI", donde perder el tiempo ha desplazado al fùtbol como deporte mas popular. 



La competividad y la productividad son cara y seca de una moneda apòcrifa, que vale solo por lo que se conceptualiza, y no en si misma, razòn por lo cual, para algunos economistas serà una cosa, y para otros, otra. Las ideologìas polìticas y econòmicas al igual que las religiones, en la pràctica son precursores de dogmas, pero tambièn de sus genèricos (al igual que los medicamentos). No obstante, hasta el mas ladino cabeza de alcornoque, aceptarà a regañadientes, que el factor tiempo, mas que recurso, es una dimensiòn en si mismo, y es justamente el agujero de gusano que une el universo del empirisimo con la metafìsica.  Nada se puede totalizar como una unidad absolutista, sino metemos al tiempo como eje cartesiano, o si prefieren, como "teofanìa cientifista". De entre los sabelotodo del cosmos, el tiempo siempre se quedarà con la ùltima palabra, ¡maldito patàn!.

Argentina es un paìs que ha ido cambiando constantemente hasta convertirse en un cìrculo vicioso, donde no avanzamos, no retrocedemos,  ni tampoco perecemos inmòviles. Lo cual me lleva a reforzar mi fe, en que, en caso de desaparecer como naciòn, lo haremos como de costumbre, perdiendo todo el tiempo posible. En ese sentido y no en otro, es que segùn de què año hablemos, mes, dìa y hora, Argentina se encontrarà en lugares distintos del espectro economètrico. Incluso, las oscilaciones deben ser estudiadas por segmentos y nichos de negocios, porque si hay algo que destaca a nuestro paìs, es el dirigismo que en materia de microeconomìa nos estigmatiza, de lo macro, mejor no asustarse a priori. 

Dicho de manera coloquial, lo que hoy es negocio, mañana puede ser alcanzado por la furia del gobierno, que siempre se hace notar en forma de exacciones en la rentabilidad. El "bussines" mas glorioso del mundo, puede ser alcanzado por el largo brazo de la ley populista, convirtiendo cualquier "gallina de los huevos de oro" en un pajarraco estèril e inservible, como por arte de birlibirloque. Ojo, tampoco es  cuestiòn de exagerar, el manual del buen empresario argentino, dice en su pròlogo que: "El primer reto de todo CEO es saber lograr pactos sòlidos con el gobierno de turno, de tal manera que los negocios se tornen mas argentinos".


Cuando la jerga, se encarga de darle vida propia a los tòpicos y epitetos del vulgo, es porque la realidad los respalda, tal como las reservas del BCRA lo hacen con la base monetaria circulante, no obstante hay eufemismos que tienen mas asidero que otros, asì como hay otros silogismos que parecen "entimemas de narnia". Pero si bien es exagerado decir que argentinizar un negocio; significa ganar mas que otros paises por el mismo producto, sin importar el tiempo, tampoco es descabellado inferir que acà los empresarios que andan con "caballo de comisario" suelen tener la vaca atada, aun sin ser demasiado "piolas". 

Los problemas empiezan a ser sustantivos, y los verbos protestar y polemizar,  predicativos, ergo se ponen de moda nuevamente; cuando los ciclos econòmicos entran en sus faces recesivas. Llegada estas instancias, hasta los  segmentos mas protegidos empiezan a mostrar sus primeras sintomatologìas patològicas, y los mas expuestos, terminan eclosionando, para generar mas desempleo y malestar social. Son cosas que los argentinos experimentamos cada 10/12 años, con la precisiòn de un reloj suizo, pero que, a pesar de ello, no genera know how positivista alguno, pues nuestra amnesia colectiva reacciona mucho mas ràpido que la memoria.   

Pero hay muchos componentes que entran en juego en estos anàlisis, que normalmente los fenicios - vendedores de textos economicistas y de marketing - no tienen en cuenta, y que son, para paradoja de algunos y paradigmas de otros, quienes explican por què ciertos  hechos suceden de tal o cual manera cìclica y los primeros le siguen a lo segundo, cual causaciòn humeana. 

Cuando hablamos de empresas industriales que producen bienes de cambio, siempre se hace hincapiè en la tecnologìa  y la modenizaciòn de los sistemas productivos, y cuando lo hacemos sobre las empresas de servicios hablamos de "recursos humanos" y de capacitaciòn. Claro que lo hacemos como quièn habla desde un atril, sin siquiera animarnos a mimetizarnos entre los auscultados. La soberbia y la codicia, nunca se sintieron foràneas en Argentina, y por el contrario el hilo conductor de todo buen argentino, es el ego, manifestado en forma de una completa negaciòn de la autocrìtica, como asimismo de la realidad. Esto explica en parte, por què el optimismo centrìpeto se ha convertido en  el mas señero "cazabobo" del empresario tipo, (tipo los que se funden y reinician cada 10 años). 

Pero lo cierto es, que desde hace algunos años a esta parte, se pudo verificar como en èsta "dècada ganada", se dio un proceso infrarevolucionario, donde varios de los sesgos cognitivos y en particular una heurìstica socio-laboral de claro corte contracultural, ha ido evolucionando en nuestra sociedad, hasta llegar a estos estadìos dogmàticos, donde muchos asumen que tienen  derecho a ganar un sueldo digno sin trabajar, en "apoplegìa" de otros que producen cada vez menos en la medida que exigen mas. El celebre latiguillo peronista "fifty-fifty", reza como epitafio en la làpida de la pòstuma competividad argentina. Traducido en pugnas salariales, muchas veces justificadas, y otras no, pero que resultan secundarias a la hora de evaluar la productividad, toda vez que las reacciones de ciertos sindicatos ante la benevolencia empresarial, no se ven reflejado en mayores cotas de producciòn.



Hay casos emblemàticos, como la UOCRA (Uniòn Obrera de la Construcciòn), autènticos artistas del conflicto sin y con sentido, so siempre violentos y coercitivos. Tal es asì, que muchas empresas prefieren traer trabajadores de Bolivia, Perù, Paraguay u otros paìses limitrofes para que las obras y contrucciones puedan ser terminadas antes del fin del mundo. Porque es casi imposible cumplir con un Plan de Obra, ni sus tiempos previstos, con trabajadores argentinos de la construcciòn. Es triste afirmar esto, pero es verdad. Pero no es el ùnico sindicato famoso por hacerle perder el tiempo de sus empleadores y clientes, muy a mi pesar. Ninguna maquinaria nueva de ùltima generaciòn, ni la teconologìa mas confiable y actual, aseguran niveles de productividad comparables con los paìses desarrollados, salvo honrosas excepciones; como puede ser el automotriz, el campo y algunos sectores de la agroindustria, entre pocas otras.  No solo estamos precariamente capacitados en tèrminos generales, sino que ademàs, al argentino promedio no le gusta "transpirar demasiado" . 

Tampoco tenemos medios de transporte decentes. Todo anda en camiones, por ende todo es mas caro. Los puertos no dan abasto, y también están entre los mas caros del mundo. La telefonía celular es una basura y los sistemas de comunicación por radio son un robo. Los trenes de carga son la mejor señal de la decadencia argentina, y los trenes de pasajeros un pasaporte al inframundo. Los piquetes son el pan nuestro de cada día, y llegamos tarde a todos lados, incluso a nuestros hogares. Nadie tiene noción de lo que es el orden, la disciplina, y lo "correcto",....¿se puede ser competitivo así?


Juan Carlos Pugliese, ex secretario de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación, en una oportunidad, me dijo que:  es menester reforzar la necesaria relación entre Estado, universidad y sociedad. "La implicación entre la forma de Estado y el desarrollo de un país está estrechamente relacionado con el modelo universitario que tiene", cosa que comparto. Y mencionó -entre otros ejemplos- la aparición de la Universidad Obrera Nacional durante el peronismo, y la creación de instituciones fundamentales como el Conicet, el Inti y el Inta durante el llamado "modelo desarrollista".



Para Don Pugliese, el desafío actual siguirìa siendo el mismo, transformar el crecimiento que está teniendo la Argentina en desarrollo. En sìntesis, para el àmbito académico es necesaria una concertación entre el Estado, que es el que establece cuáles son las necesidades que tiene, y la universidad, so que determina las formas de satisfacer esas demandas.



Un ranking de las mejores doscientas universidades del mundo realizado por el suplemento educativo del periódico británico The Times les dio una pésima nota a las universidades latinoamericanas:. según el estudio, hay una sola universidad de la región que merece estar en esa lista. Y está casi al final: en el puesto 195. ¿Son tan malas las universidades latinoamericanas?, me pregunté cuando leí el estudio ¿Nos están contando cuentos de hadas quienes dicen que nuestros académicos y científicos triunfan en los Estados Unidos y Europa? ¿O es que el ranking de The Times de Londres está sesgado a favor de universidades de los países ricos?.





Según el listado de The Times, las mejores universidades del mundo están en los Estados Unidos, encabezadas por Harvard, la universidad de California en Berkeley y el Instituto Tecnológico de Massachusetts. De las veinte mejores universidades del planeta, son de los Estados Unidos, y les siguen las de Europa, Australia, Japón. China, India e Israel. La única universidad latinoamericana que aparece en la lista es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) un monstruo de 269.000 estudiantes que - salvo unas pocas excepciones, como sus escuelas de Medicina e Ingeniería - se encuentra entre las más obsoletas del mundo, especialmente si se tienen en cuenta enormes recursos estatales que recibe.


Cuando Andres Oppenheimer hizo un programa de televisión con varios rectores universidades latinoamericanas para que opinaran sobre este ranking la mayoría puso el grito en el cielo. ¡No es cierto!, decían varios, ¡calumnias! Si nuestras universidades fueran tan malas, no tendría tantos profesores en Harvard, Stanford o La Sorbona, proclamaban que el sondeo del Times era sesgado, decían: probablemente quienes lo habían hecho se basaron en opiniones de académicos de los Estados Unidos y Europa, y en trabajos científicos publicados en las principales revistas académicas internacionales, que están escritas en ingles. Ahí, las universidades latinoamericanas estaban en clara desventaja, señalaban. Uno de los pocos que dio la nota discordante fue Jeffrey Puryear, uno de los máximos expertos internacionales en temas de educación en América latina, y funcionario del Diálogo Interamericano, un centro de estudios en Washington D.C. “No me extrañan para nada los resultados generales del sondeo”, dijo Puryear, encogiéndose de hombros, ante la mirada atónita de algunos de los panelistas. “Gran parte de las universidades latinoamericanas son estatales, y los gobiernos no les exigen mucho en materia de control de calidad. Y cuando intentan exigirles calidad, las universidades se resisten escudándose en el principio de la autonomía universitaria”, agregó.



Cuando consultè a The Times para preguntar cómo se había hecho el ranking, los responsables del índice me dijeron que se habían basado en cinco criterios, incluyendo una encuesta entre académicos de 88 países, un conteo del número de citas en publicaciones académicas, y la relación numérica entre profesores y estudiantes en cada centro de estudios. Sin embargo, el peso de las citas académicas en la evaluación total era relativamente pequeño: contaban un 20 por ciento del total. Y también había una adecuada representación geográfica, según The Times, de 1.300 académicos entrevistados, casi trescientos eran de América latina. Si la encuesta hubiese incluido más académicos de países en desarrollo, los resultados hubieran sido parecidos, y agregaron: la Universidad de Shanghai había hecho un ranking de las mejores quinientas universidades del mundo, y su elección de las primeras doscientas había sido bastante parecida.


En efecto, la Universidad Jiao Tong de Shanghai, una de las más antiguas y prominentes de China, había publicado su índice en 2010 con el objeto de orientar al gobierno y las universidades chinas sobre dónde enviar a sus estudiantes más brillantes. Los chinos habían hecho su ranking basados en el número de premios Nobel de cada universidad, la cantidad de investigadores más citados en publicaciones académicas y la calidad de la educación en relación con el tamaño de cada universidad. Y el estudio había concluido que de las diez mejores universidades del mundo, ocho eran de los Estados Unidos -encabezadas por Harvard y Stanford - y dos de Gran Bretaña.



En la lista de la Universidad de Jiao Tong había relativamente pocas fuera de los Estados Unidos y Europa: apenas 9 en China, 8 en Corea del Sur, 5 en Hong Kong, 5 en Taiwán, 4 en Sudáfrica, 4 en Brasil, 1 en México, 1 en Chile y 1 en la Argentina. Y las latinoamericanas estaban lejos de los primeros puestos: la UNAM, de México, y la Universidad de Sao Paulo, de Brasil, estaban empatadas con otras que ocupaban los puestos 153 a 201, mientras que la Universidad de Buenos Aires (UBA) estaba entre las cien empatadas entre los puestos 202 y 301 (300 el de la UBA), y la Universidad de Chile, la Universidad Estatal de Campinas y la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil, aparecían junto con casi un centenar de otras universidades entre los puestos 302 y 403”’


Lo cierto es que tanto el ranking de The Times como el de la Universidad de Shanghai mostraban que los gobiernos de América latina viven en y para la negación. La UNAM, que recibe del Estado mexicano 1.500 millones de dólares por año, y la UBA, que recibe del Estado argentino 195 millones de dólares anuales,  son ejemplos escandalosos de falta de rendición de cuentas al país. Ambas se niegan a ser evaluadas por los mecanismos de acreditación de sus respectivos Ministerios de Educación, bajo el pretexto de que son demasiado prestigiosas para someterse a un estudio comparativo con otras universidades de su propio país. “La UNAM es una institución cerrada a la evaluación externa”,  dijo Reyes Tamés Guerra, ex-secretario de Educación de México, en una entrevista televisiva. “Prácticamente todas las universidades públicas del país se han sometido a la evaluación externa, menos la UNAM.”’ Y en una entrevista en la Argentina, el ex-ministro de Educación Daniel Filmus decía lo mismo sobre la UBA: “Cuando empezamos a acreditar a las universidades, la UBA decidió no acreditar. Apeló (en los tribunales). El argumento es que tiene un nivel tal que no hay quién la audite, y que atenta contra la autonomía universitaria que un organismo externo a la universidad la acredite. "Hicieron un juicio contra el Ministerio de Educación”. Conste que tomè palabras de  un funcionario K, y no de la oposiciòn.


La UNAM de México y la UBA de la Argentina son dos vacas sagradas en sus países, que pocos se atreven a criticar, a pesar de que son monumentos a la ineficiencia, y una receta para el subdesarrollo. Cuando se publicó el sondeo de The Times de Londres, por ejemplo, la mayoría de los periódicos mexicanos publicó la noticia, tomada de los jubilosos boletines de prensa de la UNAM,  como si la evaluación hubiera sido excelente, algo similar pasò en Argentina con la UBA (es "la mejor del paìs" se decìa).


El titular en la primera plana del Reforma, el periódico más influyente de México, sostuvo: “Está la UNAM entre las doscientas mejores” y “La Universidad Nacional Autónoma de México es una de las doscientas mejores del mundo y es la única institución de educación superior latinoamericana en un estudio realizado por el suplemento especializado en educación superior del diario londinense The Times”, decía el artículo.



Y el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, salió a dar entrevistas radiales como si hubiera ganado una competencia deportiva. De manera similar, cuando se dio a conocer el ranking de la Universidad de Shanghai, otro periódico mexicano, La Jornada, tituló: “La UNAM, la mejor universidad de América latina segùn estudio mundial”. El subtítulo decía que “ninguna institución de nivel superior privada figura en el ranking internacional”, omitiendo señalar que ninguna universidad privada estaba recibiendo un enorme subsidio estatal.


De hecho, la pobre ubicación de la UNAM en ambos rankings, a pesar de recibir mucho más dinero del Estado que docenas de universidades de otros países que salieron mejor posicionadas,  y la ausencia de otras universidades de América latina en el listado deberían haber generado un debate nacional y regional. En Francia, cuando se conoció que el estudio de la Universidad de Shanghai incluía sólo veintidós universidades francesas entre las mejores del mundo, y que la primera estaba en el lugar número 65, se armó una batahola muy importante, y motivó que la Unión Europea iniciara una investigación exhaustiva sobre cómo mejorar el nivel de sus universidades.


Según todos los estudios comparativos, los países latinoamericanos invierten menos en Educación que los de Europa y Asia. Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Israel, por ejemplo, destinan alrededor del 7 por ciento de su producto bruto anual a la educación. Los países de la ex Europa del Este invierten alrededor del 5.


Comparativamente, México destina el 4,4; Chile el 4,3; Argentina el 4; Perú el 3,3; Colombia el 2,5 y Guatemala, el 1,7. “Y no sólo gastamos mas, sino que la gastamos mal”, me dijo Juan José Llach, un ex ministro de Educación de la Argentina. Según Llach, casi la totalidad del gasto educativo de muchos países de la región se destina a pagar salarios, y no solo del personal docente, sino del personal de mantenimiento y del administrativo. Según un estudio del Banco Mundial, el 90 por ciento del gasto público en las universidades de Brasil es para pagar sueldos de personal activo y jubilado, y en la Argentina la cifra es de mas del 80 por ciento. Como resultado, el sistema universitario latinoamericano padece de “baja calidad”, con universidades sobrepobladas, edificios deteriorados, carencia de equipos y nuevas teconologìas, materiales de instrucción obsoletos e insuficiente capacitación y dedicación de los profesores. El estudio señala que mientras en Gran Bretaña el 40 por ciento de los profesores universitarios tienen doctorados, en Brasil la cifra es del 30, en la Argentina y Chile del 12, en Venezuela del 6, en México del 3 y en Colombia del 2.


Increíblemente, casi el 40 por ciento de los profesores de la Universidad de Buenos Aires son ad honorem: trabajan gratis, porque la universidad más prestigiosa de la Argentina no puede pagarles un sueldo. Según el censo docente de la UBA, hay 11.003 profesores que trabajan gratis en sus trece facultades, la mayoría de ellos alumnos recién graduados que enseñan bajo la denominación de “profesores auxiliares”. 


Claro, se estarán diciendo muchos, Noruega y Suecia pueden destinar el 7 por ciento de su producto bruto a la educación porque no tienen gente que se muere de hambre. Sin embargo, muchos otros países que han elevado enormemente su calidad de vida en las últimas décadas no lo hicieron desviando fondos estatales de la lucha contra la pobreza, sino haciendo que los estudiantes de clase media y alta paguen por sus estudios, ya sea durante o después de los mismos. América latina, en efecto, es una de las últimas regiones del mundo donde todavía hay países en los que se subsidia el estudio de quienes pueden pagar.


Se trata de un sistema absurdo por el cual toda la sociedad, incluidos los pobres,  subsidia a un número nada despreciable de estudiantes pudientes. Según el Banco Mundial, más del 40 por ciento de los estudiantes en las universidades estatales de México, Brasil, Colombia, Chile, Venezuela y la Argentina pertenecen al 20 por ciento más rico de la sociedad.


“La educación universitaria en América latina sigue siendo altamente elitista, y la mayor parte de los estudiantes provienen de los segmentos más adinerados de la sociedad”, dice el informe. En Brasil, un 70 por ciento de los estudiantes universitarios pertenecen al 20 por ciento más rico de la sociedad, mientras que sólo el 3 por ciento del cuerpo estudiantil está compuesto por jóvenes que vienen de los sectores más pobres. En México, el 60 por ciento de la población estudiantil universitaria proviene del 20 por ciento más rico de la sociedad, y en la Argentina, el 52.


Otro estudio, de la Unesco, calcula que el 80 por ciento de los universitarios  graduados brasileños, el 70 de los mexicanos y el 60 de los argentinos vienen de los sectores más ricos de la sociedad. ¿Cómo se explica eso? Los autores del estudio dicen que la razón es muy sencilla: los estudiantes de origen humilde que fueron a escuelas públicas llegan tan mal preparados a la universidad que la mayoría abandona sus estudios al poco tiempo de empezar. Eso lleva a una situación paradójica, en la que los ricos están sobre representados en las universidades gratuitas, por lo que el sistema “constituye una receta para aumentar la desigualdad”, concluye el informe del Banco Mundial. En nombre de la igualdad social, se está excluyendo a los pobres, al no darles la posibilidad de recibir becas y subsidios.

En años recientes, casi todos los países europeos dejaron atrás la educación universitaria gratuita, para cobrarles a quienes pueden pagar. Las universidades estatales de Gran Bretaña comenzaron a cobrar a sus estudiantes en 1997. En España, los estudiantes en todas las universidades públicas pagan unos 550 dólares por año, menos quienes vienen de hogares pobres, o familias con más de tres hijos. 

Y los pagos del restante 60 por ciento de los estudiantes de clases medias y altas contribuyen a cubrir un nada despreciable 15 por ciento del presupuesto universitario. La tendencia europea es hacia el pago de los estudios. Casi todos los países europeos financian alrededor del 20 por ciento de su presupuesto universitario con aranceles que cobran a los estudiantes. En Alemania, luego de una larga batalla legal, la Corte Suprema autorizó a todas las universidades a cobrarles a sus alumnos, algo que ya venían haciendo algunas de ellas en varios estados.


En algunos países latinoamericanos ya se comenzó a corregir el subsidio a los ricos: Chile, Colombia, Ecuador, Jamaica y Costa Rica tienen sistemas por los cuales los estudiantes que pueden pagar deben hacerlo. Pero cuando la UNAM intentó introducir un sistema parecido en México en 1999, durante el gobierno del presidente Ernesto Zedillo, tuvo lugar una huelga estudiantil que paralizó la universidad y obligó a las autoridades a dar marcha atrás. Cuando asumió Fox, ni el gobierno ni las autoridades universitarias se animaron a reflotar el tema. 


En China comunista, los estudiantes pagan


Para mi enorme sorpresa, me encontré que hasta en la China comunista los estudiantes universitarios tienen que pagar sus estudios, y contribuir de esa manera a subsidiar el aprendizaje de los más pobres y a mejorar el nivel de las universidades. Eso ayuda a explicar el motivo por el cual, según el ranking de The Times de Londres, la Universidad de Beijing está en el puesto 17 a nivel mundial, la de Hong Kong en el 39 y la de Tsing Hua en el puesto 61, muy por encima del puesto 195 en el que aparece la UNAM.


Y no es, como uno podría suponer, porque los chinos les están otorgando más dinero a sus universidades públicas. Todo lo contrario: el gobierno chino gasta apenas el 2,1 por ciento del producto bruto nacional en la educación, menos que casi todos los países latinoamericanos, según las cifras del PNUD. Las 1.552 universidades chinas se han modernizado en parte gracias a los pagos de aranceles de sus estudiantes, según explicaron funcionarios chinos en la ONU.


Lo que más me sorprende es que los pagos que hacen los estudiantes universitarios a sus centros de estudios no tienen nada de simbólico. Al contrario, desde que se terminó con la educación universal gratuita en 1996, las cuotas de los estudiantes que están en condiciones de pagar han aumentado progresivamente. Zhu Muju, una alta funcionaria del Ministerio,  dijo que “al principio se cobraba el equivalente a 25 dólares por año por alumno. Pero la cifra ha crecido a entre 500 y 600 dólares anuales. Es mucho dinero para los estudiantes, pero las matrículas constituyen una parte considerable de los ingresos de las universidades”. De hecho, desde el 2003, las universidades chinas se financiaron en un 65 por ciento con fondos del Estado, y en un 35 por ciento con las cuotas que pagan sus alumnos, según cifras oficiales. ¿Pero eso no iba contra todos los principios de la izquierda en todo el mundo?, .....aparentemente no.


El embajador chino en Argentina explicò que: “China es un país con enormes necesidades educativas que el gobierno no puede satisfacer. No podemos ofrecer educación gratuita. Creo que el sistema actual es bueno: promueve el desarrollo de la educación y es un estímulo para que los estudiantes se tomen su estudio más en serio y estudien más fuerte”. “Sólo los estudiantes más pobres, la mayoría de ellos en zonas rurales, no pagan por sus estudios, y en muchos casos reciben subsidios adicionales para poder estudiar sin necesidad de trabajar al mismo tiempo”.


Qué ironía, pensé. Mientras los sectores mas retrógrados de América latina seguían defendiendo la educación universitaria gratuita, y las universidades latinoamericanas tenían cada vez menos dinero para comprar computadoras o pagarles a sus profesores,  la mayor potencia comunista del mundo estaba cobrando aranceles a millones de estudiantes, y logrando colocar a sus universidades entre las mejores del planeta. ¿Por qué la vieja guardia de la izquierda latinoamericana seguía insistiendo en la educación gratuita para todos, incluso los ricos, cuando ni los chinos comunistas lo hacían?. Unos lo hacían por dogmatismo, otros por ignorancia, y otros por considerar que, dados los niveles de corrupción en América latina, el sistema de cobrarles a los ricos para becar a los pobres nunca funcionaría. Según este argumento, la burocracia del sistema educativo se encargaría de robarse una buena parte del dinero, y el resultado final sería que los pobres se quedarían sin educación gratuita y sin becas. Teóricamente, el argumento tiene cierto mérito, pero se desmorona ante el hecho de que en China hay tanta o más corrupción que en América latina, y que, en el estado calamitoso en que se encuentran las universidades latinoamericanas ahora, están perdiendo ricos y pobres por igual. En lugar de tener escuelas ricas para estudiantes pobres, tenemos un sistema de escuelas pobres que subvencionan a estudiantes ricos. El contraste se agiganta cuando vemos como èsta China de universidades no gratuitas, logrò ubicarse como segunda potencia econòmica mundial por estos dìas.


¿Habría que instituir de inmediato la universidad paga en países como la Argentina y México?: Probablemente sería un golpe demasiado fuerte para los sectores medios, que en muchos países han sido los más castigados por recientes crisis económicas. Pero existen alternativas intermedias, que ayudarían enormemente a aumentar el presupuesto de las universidades y a becar a los pobres. Lo mejor, según deduje después de charlar con docenas de docentes universitarios, sería adoptar sistemas mixtos, como el de Australia, donde los jóvenes pueden estudiar gratuitamente, pero deben pagar una vez que se gradúan y obtienen empleos bien remunerados. Las universidades australianas se nutren en un 40 por ciento del presupuesto estatal, otro 40 de los pagos que hacen los graduados una vez que alcanzan un cierto nivel de salarios, y el 20 por ciento restante de la venta de servicios al sector privado. Es un sistema mucho más generoso para los estudiantes que el chino o el estadounidense, pero que podría contribuir en mucho a mejorar la calidad y la igualdad social en las universidades latinoamericanas. 


Entran casi todos, pero terminan pocos


Otro de los grandes absurdos de algunas de las grandes universidades estatales latinoamericanas, que hace mucho se abandonó en China, es el ingreso irrestricto, y la falta de controles para impedir que haya estudiantes eternos. Bajo la premisa de que todos tienen derecho a estudiar, muchas de las grandes universidades de México, Brasil y la Argentina están garantizando que casi nadie pueda estudiar bien. Con los pocos recursos que tienen, están manteniendo una enorme cantidad de estudiantes que nunca terminan de recibirse.


En la Argentina sólo egresan menos de dos de cada diez estudiantes que entran en las universidades estatales. Eso significa que, en el sistema universitario argentino, de casi 1,5 millones de estudiantes, los contribuyentes están manteniendo a cientos de miles que nunca van a terminar sus estudios. En México hay unos 1,8 millones de estudiantes de licenciatura, pero se terminan titulando apenas poco más del 30 por ciento de los que ingresan anualmente. En Chile y Colombia, que tienen cupos para entrar en las universidades, la eficiencia universitaria es muy superior: se reciben entre 3,5 y cinco jòvenes de cada diez estudiantes que entran en las universidades estatales.


En China existe un examen de ingreso obligatorio para todas las universidades, que dura dos días y es rendido anualmente por más de 6 millones de estudiantes. Y no es un examen fácil: un 40 por ciento de los aspirantes son reprobados, según el Ministerio de Educación. La competencia para entrar en las mejores universidades es durísima. Tras la revelación del programa televisivo “Focus TV”, de la Cadena Central de Televisión China (CCTV), se supo que tres empleados de la Universidad de Aeronáutica y Astronáutica de Beijing habían extorsionado a varios estudiantes, exigiéndoles el equivalente de 12 mil dólares a cada uno para ingresar en la universidad.


La CCTV había grabado las conversaciones telefónicas, y el caso había terminado en condenas judiciales. Según la agencia de noticias oficial Xinhua, no se trataba de un hecho aislado. Pocos meses antes, funcionarios del Conservatorio de Música Xian, en la provincia norteña de Shaanxi, habían exigido sobornos de 3.620 dólares por cada estudiante admitido. El escándalo salió a la luz cuando algunos estudiantes se negaron a pagar y avisaron a las autoridades. “Algunos críticos aseguran que estos incidentes representan la punta del iceberg”, reconoció luego el periódico gubernamental China Daily Obviamente, todos estos incidentes ilustraban el extremo al que llegaba la competencia entre los jóvenes chinos para entrar en las universidades.


Aunque las universidades chinas admiten en su conjunto un promedio del 60 por ciento de los estudiantes que dan el examen de ingreso, los porcentajes de quienes logran entrar en las mejores universidades del país son del 10 al 20 por ciento. En México, en cambio, la universidad más grande del país (la UNAM), admite a un 85 por ciento de sus alumnos sin examen de ingreso, según estimaciones de Julio Rubio, el exsubsecretario de Educación Superior de México. La UNAM les concede un “pase automático” a todos los estudiantes de la escuela secundaria de su red escolar, lo que hace que muchos estudiantes vayan a estas escuelas para no tener que rendir un examen de ingreso. “Ese ha hecho caer la calidad de la UNAM,”  segùn Rubio. Comparativamente, unas 428 universidades públicas y privadas de México ya están aplicando un examen de ingreso común.


En la Argentina pasa otro tanto. Cuando se le preguntò a Filmus, ex ministro de Educación de Kirchner, ¿por qué no existe un examen de ingreso a la UBA?,  señaló que en países con alta desigualdad social, como la Argentina, un examen de ese tipo sería socialmente injusto. Los jóvenes salen de la escuela secundaria mal preparados, y someterlos a un examen de ingreso equivaldría a premiar a quienes fueron a escuelas secundarias privadas.


Por eso hay un curso de ingreso básico (CBC o ciclo bàsico comùn), en el que si el joven aprueba seis materias, entra en la universidad, explicó. Filmus agregó que, en la práctica, el curso de ingreso es un filtro: el 50 por ciento de los alumnos no aprueba las seis materias, y por lo tanto no ingresa en la universidad. “En la práctica, tenes seis exámenes de ingreso, o ninguno, según cómo lo quieras mirar”, concluyó. Claro que su respuesta resulta bastante erràtica, toda vez que tener un año o mas, a cientos de miles de alumnos cursando un ciclo bàsico a modo de nivelador, produce sin lugar a dudas un esfuerzo economìco solidario de la sociedad toda, incluyendo los sectores mas pobres, para subvencionar a jòvenes de todos los niveles socioeconòmico, que intentar hacer lo mismo que se podrìa lograr con un muy barato exàmen de ingreso. Otra vez el dogmatismo polìtico que mete la cola, y no nos deja ver la luz del dìa. 


No obstante, la mayoría de los expertos internacionales en políticas educativas coinciden en que sería muchísimo más provechoso que el Estado destinara esos recursos a las escuelas primarias y secundarias, y evitara el hacinamiento universitario, pues el 80 por ciento de los estudiantes no llegan a recibirse. 


Ante el auge de los estudiantes extranjeros: China, al igual que India, está creando una élite científico-técnica globalizada, capaz de competir con los grandes países industrializados. Y lo está haciendo no sólo al modernizar sus casas de altos estudios, sino al enviar a una enorme masa de estudiantes a las mejores casas de altos estudios de los Estados Unidos y Europa. No sólo China e India lo están haciendo: hay una avalancha de estudiantes de Corea del Sur, Japón, Singapur y otros países asiáticos en las universidades estadounidenses y europeas. Mientras tanto, el número de estudiantes latinoamericanos permanece estancado o tiende a la baja.


En los Estados Unidos, la mayor parte de los 572 mil estudiante universitarios extranjeros son de países asiáticos. En total, hay 325 mil estudiantes de ese origen en las universidades norteamericanas, comparados con 68 mil latinoamericanos. El país con más universitarios en los Estados Unidos es India, con 80 mil estudiantes, seguido por China con 62 mil, Corea del Sur con 52 mil, y Japón con 46 mil. O sea que China por sí sola, tiene casi tantos estudiantes en Estados Unidos como todo los países de América latina juntos. México tiene apenas 13 mil estudiantes universitarios en los Estados Unidos, Brasil y Colombia unos 8 mil cada uno, la Argentina 3.200 y Perú 2.900. Y la tendencia es a una brecha cada vez mayor: mientras que India y China aumentaron en 15 y 13 por ciento, respectivamente, sus estudiantes en universidades estadounidenses en 2012, el número de latinoamericanos permaneció estancado, y el de sudamericanos cayó.


Contrariamente a lo que se creía, la avalancha de estudiantes extranjeros asiáticos no es resultado de becas gubernamentales de sus países de origen. Cuando Oppenheimer preguntò a los directivos del Instituto de Educación Internacional (IEI) en Nueva York ¿a qué se debe el extraordinario aumento de estudiantes de India y China?,  respondieron que es en gran medida por el auge de la inversión en educación de parte de las familias asiáticas. Allan E. Goodman, el presidente del IEI, una organización no gubernamental que promueve mayores intercambios estudiantiles internacionales, dijo que "la globalización está creando una clase media muy grande en India y China, y de personas que valoran mucho la educación".


"La gente allí está dispuesta a hacer un gran esfuerzo financiero para invertir en la educación de sus hijos”. Según Goodman, sólo el 2,5 por ciento de los estudiantes universitarios extranjeros en los Estados Unidos tienen becas de sus respectivos gobiernos o universidades, y los estudiantes asiáticos no son la excepción a la regla.


Todo esto no es una buena noticia para América latina. Significa que los asiáticos están creando una clase política y empresarial más globalizada que los países latinoamericanos, lo que les dará mayores ventajas en el mundo de los negocios, las ciencias y la tecnología. Si el consenso entre los académicos de todo el mundo es que los Estados Unidos y Europa tienen las mejores universidades, como lo dicen los rankings de The Times de Londres y la Universidad de Shanghai, no hay que ser un futurólogo ni un vidente para sospechar que, en la era de la economía del conocimiento, quienes se gradúen allí saldrán mejor preparados y tendrán mejores conexiones personales y culturales con los países industrializados. 


En Argentina, como en muchos paìses de la regiòn, sobran psicólogos, contadores y abogados, pero faltan ingenieros. Por increíble que parezca, en la UNAM se gradúan quince veces mas psicólogos que ingenieros petroleros por año. Efectivamente, en un país donde el petróleo continúa siendo una importante industria, UNAM produce unos 620 egresados con licenciatura en Psicología, en Sociología y sólo 40 en Ingeniería Petrolera por año. México y Argentina dista de ser un caso aislado. Por ejemplo en Brasil, solo hay 1,95 ingenieros por cada 100.000 habitantes, el coeficiente mas bajo de los 35 paìses latinoamericanos, lo cual  obligò a Dilma Rouseff, ha bajar las exigencias migratorias y laborales para intentar atraer ingenieros extranjeros, declarados muy necesarios ante la cantidad de obras de infraestructura que demanda Brasil con miras al mundial de fùtbol del 2014 y los juegos olìmpicos del 2016, entre otros, sumado al mas ambicioso proyecto de Petrobras para los pròximos 10 años, que promete involucrar una inversiòn de mas de 207 mil millones de dolares estadounidenses. 

En la UBA, de la Argentina, se reciben 2.400 abogados por año, 1.300 psicólogos, y apenas 240 ingenieros y 173 licenciados en Ciencias Agropecuarias. El Estado está produciendo cinco veces más psicólogos que ingenieros. Si examinamos la población estudiantil en general, y no sólo los egresados, los datos son más asombrosos aún: en el momento de escribirse estas líneas, en la UNAM hay 6.485 estudiantes de Filosofía y Letras, y apenas 343 estudiando Ciencias de la Computación. En Argentina, tenemos al dìa de hoy (año 2013), solo 100.000 ingenieros para 40 millones de habitantes.


En total, el 80 por ciento de los 269 mil estudiantes de la UNAM están siguiendo carreras de Ciencias Sociales Humanidades, Artes y Medicina, mientras que sólo el 20 por ciento estudia Ingeniería, Física o Matemática. En muchos casos, la falta de conexión entre los programas educativos y las necesidades del mercado laboral hace que las grandes universidades estén produciendo legiones de profesionales desempleados, en paralelo, con el fomento de la importaciòn de ingenieros europeos, norteamericanos y asiàticos .


Un estudio de la Asociación Nacional de Universidades Mexicanas e Instituciones de Educación Superior (ANUES) advierte que si México no hace algo para corregir su sobreproducción de graduados universitarios sin potencial de trabajo se encontrará muy pronto con 1,5 millones de profesionales desempleados. Esto podría generar un problema social sin precedentes, dice el estudio.



En la Argentina, el 40 por ciento de los mas de 250 mil estudiantes de la UBA está matriculado en Ciencias Sociales, Psicología y Filosofía, mientras que sólo el 3 por ciento estudia carreras relacionadas con la computación, Física y Matemática. En estos momentos, hay unos 37 mil estudiantes de Psicología en la UBA, contra apenas 6 mil que cursan Ingeniería. En la Argentina, hasta el año 2003, se graduaban sólo 3 ingenieros textiles por año, segùn comentó el ex-ministro Fimus, con horror.


En las universidades más grandes de Brasil, el 52 por ciento de los estudiantes está matriculado en Ciencias Sociales y Humanidades, mientras que sólo el 17 estudia Ingeniería, Física y Matemática, según el Ministerio de Educación. "En vez de invertir tanto en formar más abogados, los gobiernos latinoamericanos deberían invertir en la creación de escuelas intermedias e institutos técnicos", dijo Eduardo Camarra, profesor de Ciencia Política y director del Centro Tic Latinoamérica y el Caribe de la Universidad Internacional de La Florida. “Las economías latinoamericanas van hacia industrias con mayores requerimientos tecnológicos, para producir exportaciones de mayor valor agregado. Necesitan mas técnicos y menos licenciados en Ciencia Política”. 


CONCLUSIONES FINALES

Pero cuidado, cuando hacemos comparaciones dentro de Latinoamèrica, veremos como segùn de què año hablemos las cosas son distintas. Pues como bien se sabe, gran parte de la perdida o aumento de competividad, se suele mal atribuir en general a los sistemas cambiarios, y en particular a la tasa  de paridad cambiaria. Aunque suene a perogrullo, debemos recordar que Argentina, se torna mas o menos competitiva dependiendo de cuanto vale el dolar en relaciòn al peso, o bien, de cuanto se devalùa para ajustar la economìa real segùn la inflaciòn. En ese sentido es normal comprobar como nuestras exportaciones crecen cuando tenemos un dolar alto respecto del peso, y como bajan cuando sucede a la inversa. Cosa que no sucede en otros paìses, como Chile, Perù o Colombia, y esto se debe a que en realidad lo que hace competitivo a un paìs, sin que se pueda hablar de un todo absoluto, es la inversiòn en sistema productivos, teconologìa, innovaciòn, y por sobre todo, como ya mencionamos en educaciòn, capacitaciòn y especializaciòn,

Muchos economistas hoy,  encuentran que existe una amplia variedad de significados que se asignan al  concepto de falsa competitividad.  So suele catalogarse a las naciones como apòcrifamente competitivas, dependiendo de algunos factores macroeconómicos, lo que considera como competitividad efímera y no sustentable, por ejemplo: El grado de sobrevaloración o subvaloración del tipo de cambio, La cuantía de sus tasas de interés, Existencia abundante de recursos naturales, Mano de obra barata, Política gubernamental  proteccionista en general y/o en ciertas actividades específicas, Cercanía con los mercados, Leyes dirigistas, Que los socios comerciales estén en crecimiento, etc.



Ninguna nación es competitiva de manera generalizada, es decir, nunca se debe esperar que sea competitiva en todo. Las naciones, según Porter, registran condiciones competitivas, sólo en algunos sectores, en los cuales tienen éxito exportador y muestran condiciones dinámicas de productividad y eficiencia. La pregunta, entonces, se orienta hacia el análisis de por qué algunos sectores de los países compiten internacionalmente, es decir, porqué poseen lo que ahora se conoce como ventaja competitiva.


La competitividad de las empresas es un concepto que hace referencia a la capacidad de las mismas para producir bienes y servicios de forma eficiente (precios decrecientes y calidad creciente), haciendo que sus productos sean atractivos, tanto dentro como fuera del país. Para ello, es necesario lograr niveles elevados de productividad que permitan aumentar la rentabilidad y generar ingresos crecientes. Y cuando hablamos de productividad, volvemos a meter el factor tiempo en èsta lùdica decontrucciòn, pues aumentar la productividad, significa producir mas, con el mismo hombre, la misma tierra, y el mismo producto, en el menor tiempo posible, siempre comparado con otros paìses.  

Resulta una condición necesaria para ello,  la existencia, en cada país, de un ambiente institucional y macroeconómico estable, que transmita confianza, atraiga capitales y tecnología, y un ambiente nacional (productivo y humano) que permita a las empresas absorber, transformar y reproducir tecnología, adaptarse a los cambios en el contexto internacional y exportar productos con mayor agregado tecnológico. Tal condición necesaria ha caracterizado a los países que, a su vez, han demostrado ser los más dinámicos en los mercados mundiales.

Argentina, hace mucho que no hace bien las cosas, pero para no desalentar a los lectores, les dirè en què somos aun cometitivos dentro de la regiòn. 

1.- Respecto a Chile, Argentina se ha vuelto competitivo para las empresas de servicios, tanto informàticas, como en los servicios de ingenierìa para obras civiles, de infraestructura y electromecànicas, ya que los sueldos en Chile han aumentado mas del 50 % en estos dos ùltimos años, y en especial el de los ingenieros. En paralelo, el "boom" de obras pùblicas y privadas en Argentina ha venido decreciendo, produciendo que hoy Junio del 2013, tengamos mano de obra especializada en dichos nichos de negocios ociosa y remanente. En sìntesis,  hoy las empresas de servicios tienen una sensible oportunidad en mercados como el chileno, pero asimismo, en Perù, Brasil y Colombia.

2.- Si bien estamos  mas caros en tèrminos generales respecto de Brasil, hay segmentos de negocios, como el de la agroindustria, las economìas regionales y el campo, donde aun somos competitivos. Tambièn en èste caso, las empresas de servicios, tendràn en los profesionales altamente especializados (ingenieros) un gran oportunidad de exportaciòn de servicios, no asì en los operarios y obreros.

3.- Algunos commodities primarios inmanentes de Argentina, siguen con algunas pocas ventajas comparativas, no obstante si el freno a la inversiòn continùa, conjugado con una muy alta inflaciòn  en dolares, amèn de las venganzas ante polìticas proteccionistas aduaneras internas,  para el 2015 esas ventajas habràn desaparecido. 

4.-La industria automotriz y alimenticia, tambièn es alcanzado por los avatares del punto 3.

La falta de inversiòn en infraestructura, es un techo imposible de perforar, pero para consuelo de tonto, Brasil, Perù, Mèxico e incluso la pujante Chile, tampoco han podido solucionar con hidalguìa este serio problema en los plazos requeridos. No obstante, la planificaciòn estratègica y las decisiones de estado de largo plazo, marcan una enorme diferencia entre paìses acostumbrados a emparchar y atar con alambre (coyuntura mediante), tal el caso Argentina, Bolivia y Venezuela, respecto de   Naciones "maratonistas", como lo ha sido Chile en especial, quièn ha crecido en estos ùltimos 30 años a un a tasa promedio del 6 % (PIB). Moraleja: si bien Argentina es especialista en el "pique corto", tambièn es cierto que necesitamos descansar mucho para volver a recuperar algo de oxìgeno, dejando en evidencia que para llegar antes a la meta, es mejor correr a menos velocidad, pero sin detenerse ni destruir lo que construimos anteriormente. Buen dìa.-
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Anónimo
12 de junio de 2013, 14:16

Genial como siempre. Saludos lic. Armando LNOL

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