La paradoja del Amo y el Esclavo | PERIODISMO DE ESCRITORES

La paradoja del Amo y el Esclavo

martes, 27 de agosto de 2013 4 comentarios

LA PARADOJA DE LA DIALÉCTICA DEL AMO Y EL ESCLAVO

Escrito por Lic Ramón D. Peralta





Después de tanto tiempo, reescribiré un pensamiento no repensado ni literado. No sin antes pedirle a Dios que no me deje dudar de mi ateísmo. Odio ser catalogado: hombre de poca fe. Pensar mi Argentina, es pensar el universo. Suena utópico el solo pretender pensar en algo infinito parado desde lo finito, lo imaginado como arché o apeirón. El final del universo es Argentina, y también resulta el principio en lo inasible e indeterminado (para mi). 




Tampoco puedo pensar el presente desde el "yo", amo y señor de mi propio ser según las cosas, en cuanto a la conciencia de mi existencia. Pensamos desde la otredad del dasein que pugna por ocupar su propio espacio, ergo el espacio que desea en ese otro, que es él mismo mas allá de las barricadas de su conciencia. En la dimensión   del pensamiento del aquí y ahora, no hay percepción  del presente. El tiempo se diluye en ese acto de escapar de la propia cotidianidad, para zambullirme en la reflexión profunda, que no es otra cosa que una fuga de lo supuestamente real y trivial. Porque la realidad no es otra cosa que el anhelado orgasmo metafísico que procura el apareamiento del subjetivismo con el objetivismo filosófico, genitalizados en esas conspicuas "verdades del yo, el superyo y el ello".


En la dialéctica del Amo y el Esclavo, según la interpretación de Alexandre Kojéve: "Para Hegel la historia comienza cuando se enfrentan dos deseos". Agregando que el "deseo humano a diferencia del deseo animal, desea deseos". Que bien podría se explicado como: el deseo que jamás encontrará límites a la satisfacción humana, ni aun encontrando lo deseado o incluso el no deseo".  En otras palabras el deseo del hombre es el deseo de que el otro lo reconozca, aunque no invoca solo el deseo de otro hombre, sino que se adentra en la otredad de uno mismo. Algo así como  encontrar el propio reconocimiento del alter ego. En cuyo caso, ese deseo es arquitrabe de los deseos inmanentes al ser en cuanto a su ser, donde el  Único intenta sodomizar al otro yo, estableciendo como argamasa un vínculo de amor/odio para con uno mismo, y para con el resto de los hombre.  Esa relación de amo y esclavo dualista, es una constante esencial en el hombre solitario y se introyecta  por dentro del tejido social que lo condiciona. 




Visto desde otro ángulo, el hombre al igual que el animal,  desea cosas, pero esas cosas no se vinculan de la misma manera, pues el hombre es el único animal que tiene la capacidad de simbolizar y encriptar esas cosas en cuanto al ser según sus sentimientos y emociones. Dicho de otra manera, el hombre hace del acto mas simple algo complejo, so ante cada solución regenera nuevos y mas sutiles problemas. No por algo Maslow estableció una pirámide de deseos increscentes que se elevan en la manera que satisfacemos los  deseos inmediatamente anteriores de la escala. Visto de otro modo menos fenomenológico, el hombre busca mas deseos sobre los escombros de pretéritos deseos, en forma de carrera neurótica y alocada, como proyecto in eternum hacia adelante.  



El deseo es conciencia en la cosificación de sus interrelaciones sociales, pero es inconsciente en su control y planificación. La vida por ende, es perpetua superveniencia en los deseos de los deseos. Ni siquiera podemos estar seguros de que en ese devenir de exteriorización del deseo por el deseo del otro, haya cierta dosis de conciencia del deseo, como un todo absoluto. Y si tuviera asidero que "el hombre desea deseos en otros hombres", también debería tenerlo el silogismo: "el hombre desea no desear". Porque el condicionante rector de la proposición gira en el sentido de la necesidad de satisfacer el propio deseo de reconocimiento, lo cual se logra buscándolo o prescindiendo de la necesidad. Nadie desea lo que no necesita. ¿Será esto así?...






Explicado desde otro ángulo, en esa lucha contra la otredad, la conciencia del "Único" intenta arrebatarle al otro el reconocimiento deseado, quien se encontrará en esa lucha con la resistencia del "otro". En esa sórdida lucha infraconsciente perecerá quién no pueda controlar sus miedos, ya no solo a la muerte, sino peor que eso, a una vida con mala conciencia. En los hombres de fuertes personalidades, esa lucha continúa inalterable durante toda la vida. No obstante, mas allá de quienes se rinden ante el miedo a la muerte, el amo tampoco encuentra su reconocimiento deseado, porque la redención, no está en someter al esclavo sino en la lucha. En definitiva, el deseo de reconocimiento vale mientras está con vida,   no cuando murió  la necesidad.





Hegel, no fue el primero en filosofar sobre la idea del otro como parte del autoconocimiento, pero es quizás quien mas esfuerzos reflexivos le dedicó; refiriéndose al hombre que aún no es consciente, escribió: "Cada conciencia persigue la muerte del otro", queriendo decir que cuando se perciben diferencias entre yo y el Otro, se crea un sentimiento de enajenación, que se intenta resolver mediante la síntesis. 



Husserl tomó prestada  esta síntesis como base para su intersubjetividad. Sartre también hace su contribución a esta dialéctica mediante "El ser y la Nada", cuando teoriza cómo el mundo se ve sacudido por la aparición de otra persona y parece girar en torno a ella. No obstante, el francés no pretendía una solución a este problema por considerar que se trataba de un sentimiento o fenómeno y no de una amenaza radical al ser según su ser.  Simón De Beauvoir utilizó al "Otro" de manera similar a Sartre (nada de que sorprenderse), en "El Segundo Sexo"; de hecho, utiliza la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel como analogía, en muchos aspectos, de la relación entre hombres y mujeres, pero con  cierta impronta freudiana.

Para no quedar fuera de moda, el psicoanalista Jacques Lacan y el filósofo  Emmanuel Lévinas le dieron un giro copernicano al "Otro", atribuyéndole un significado completamente diferente. Lacan relacionó al Otro con el orden simbólico del lenguaje, y Lévinas lo emparentó con el Dios dogmático de las escrituras, al que denominó "Otro infinito".


Pero Sigmund Freud habla del "Otro", ya no en el sentido del deseo  del otro, sino en el sentido de todo aquello que no es YO, así por ejemplo menciona el "afuera" que es todo aquello que no es la persona en sí misma, es decir lo otro, incluso da a la madre el papel del  "Gran Otro", pues es ésta quien da al niño las primeras nociones de su "Yo", ergo existe pues se erige como la primera fuente de placer libidinal, so le da un nombre al cual responder y en general lo moldea, siendo en consecuencia la madre "el Primer Otro". 

Como buen asistémico, Lévinas, dice que el Otro es superior o anterior a uno mismo. La mera presencia del Otro suscita preguntas tanto si se le ayuda como si se le ignora, incluso considerando la indiferencia. Este concepto y el del encuentro "face to face" fueron repensados a posteriori, aludiendo a la idea de Derrida sobre la imposibilidad de una presencia pura del Otro (el Otro puede ser similar a algo diferente que no sea un primer encuentro puro con la alteridad), lo que planteó serios problemas en relación al lenguaje y su representación. 

Lévinas habla del Otro en términos de insomnio y vigilia (hoy visto en el estudio de los sueños). Se trataría de una expresión de éxtasis o exteriorización del Otro, que por lo tanto,  siempre lo mantiene más allá de cualquier esfuerzo por capturarlo. Esta alteridad u otredad es indeterminable (o infinita); aunque se mate al Otro, porque la alteridad permanece, pues no ha sido negada ni controlada. Esta supuesta infinitud del Otro permitirá a Lévinas explorar otros aspectos de la filosofía y la ciencia que ocupan un lugar secundario en su ética. 



El Otro, como recurso genérico de la Filosofía del lenguaje, se puede utilizar asimismo para hablar del inconsciente, el silencio, la locura, el Otro del lenguaje (por ejemplo, lo que se implica y no se dice, lo implícito), etc. También puede darse una tendencia al relativismo si es el Otro, como otredad pura se convierte en un concepto que ignora que la verdad es parte del mundo. Asimismo, pueden surgir problemas con los usos no éticos del término (al  relacionarlos de manera incorrecta), como el usado para definir al lado femenino de un hombre o su contrapartida. 


Quiero finalizar, no sin antes recordar que Lacan por su parte hace una consideración un tanto prosaica del Otro, influido en gran medida por Sartre y por Maurice Merleau Ponty; en la polémica "Sartre versus Merleau-Ponty", aunque sin dejar en claro quien terminó como "Amo y Esclavo". Lacan en un principio se inclina por la postura de Merleau-Ponty. Sin embargo, mucho de sus posteriores enunciados mostraban una clara influencia positivista de Sartre, con quien estaba supuestamente enemistado, que en mas o en menos lo estaba. En Lacan, el Otro - al igual que en los dogmáticos -, es al mismo tiempo el prójimo (cada otro sujeto por separado del Yo) y todo el conjunto de sujetos que constituyen a la cultura y la sociedad, vinculado con el origen de la humanidad como un todo. 



La paradoja que veo en todo esto, radica en que tanto se trate de pensamiento y sentir introspectivo, o como algunos interpretaron, ese Amo y Esclavo describa a distintas personas en su acepción lato, en negación a una otredad psicologica y metafísica, o si prefieren, como resultado de un lúdico reduccionismo minimalista de la filosofia; siempre el Amo terminará como Esclavo de si mismo, poniendo al esclavo en una situación de libertad relativista producto de la abdicación ante los propios miedos, que primigeniamente lo torturaran. En esa claudicación ante los miedos, el esclavo encontró su liberación, haciendo que sus deseos sobre los deseos del Otro, lo pongan en una posición de otredad neutra desde lo metafísico. En cambio el amo que ya no tiene con quien luchar, termina desde lo inmanente, sintiéndose esclavo de esa situación de dominación que él generó para sí y el "Otro", la cual por inerte, no lo conduce a ningún lado en el futuro pensado. No hay lucha posible cuando no hay contra quien luchar. Quizás si agudizan el análisis, podrán encontrarle a ésta paradoja filosófica, el divino correlato que algunas religiones le han dado como anclaje de poder espiritual, al término "resignación". Buen día.-   








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+ comentarios + 4 comentarios

Anónimo
28 de agosto de 2013, 7:40

No puedo dejar de expresarle mi admiración don Peralta. Su filosofía no solo es clara sino que además es muy profunda, y como tal, original y vaiosa. Hermanar teología y filosofía de esta manera es sorprendente. Saludo atentamente. Dr Mario Bunge

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