Murió la escritora Doris Lessing | PERIODISMO DE ESCRITORES

Murió la escritora Doris Lessing

lunes, 18 de noviembre de 2013 1 comentarios




La escritora británica Doris Lessing, que ganó el premio Nobel de Literatura en 2007, a los 88 años, y el Príncipe de Asturias en 2001, murió el domingo en Londres a los 94 años, indicó su agente.

"Se fue en paz, en su casa de Londres, esta mañana temprano", declaró su amigo y agente Jonathan Clowes.

"Fue una escritora maravillosa y una mente fascinante y original", añadió su agente al referirse a esta gran novelista, algunos de cuyos títulos se convirtieron en íconos de feministas, marxistas, anticolonialistas y opositores del apartheid.

En 2007 la escritora se convirtió en la persona de más edad en recibir el premio Nobel de Literatura. Antes ya había sido galardonada con el premio Príncipe de Asturias (2001), Los Angeles Times Book Prize (1995) y el galardón francés Medicis (1976).


"Oh, Jesús", exclamó la escritora al llegar a su casa cargada con bolsas de la compra y encontrarse un enjambre de periodistas por quienes conoció que había ganado el premio Nobel de Literatura.

Al concederle el premio Nobel de Literatura, la Academia Sueca la describió como "una narradora épica de la experiencia femenina que, con escepticismo, ardor y una fuerza visionaria escruta una civilización dividida".

Lessing publicó su primera novela "Canta la hierba" en 1950. Escribió óperas, cuentos, dos obras de teatro así como más de 50 novelas, que abarcan desde la crítica política radical hasta la ciencia ficción, muchas de ellas inspiradas en su solitaria infancia en África y en su implicación en una política de izquierdas radical.

Su obra más emblemática es El cuaderno dorado, escrita en 1962 y considerada un punto de referencia del feminismo.


Lessing realizó críticas abiertas a la corrupción y la malversación de fondos de los gobierno africanos y aprovechó en varias ocasiones su afilada escritura contra el colonialismo.

Nicholas Pearson, su editor en HarperCollins, dijo que la vida y la carrera de Lessing fueron "un gran regalo para el mundo literario".

"Escribió en una variedad de géneros y tuvo un enorme impacto cultural", dijo en un comunicado.

"Incluso en edad muy avanzada siempre fue intelectualmente inquieta, reiventándose a sí misma, curiosa sobre el mundo cambiante que nos rodea, siempre totalmente inspiradora. La echaremos en falta enormemente".


Charlie Redmayne, director ejecutivo de Harper Collins UK, dijo que Lessing era "una narradora convincente con una inteligencia feroz y un corazón cálido".

Nacida el 22 de octubre de 1919 en Kermanshah, en Persia (actual Irán), Doris Lessing se crió en Rodesia (actual Zimbabue), donde su padre se instaló en una gran granja aislada cuando ella tenía cinco años.

Lessing fue estudiante interna de un colegio religioso que dejó a los 14 años para trabajar como asistente familiar, telefonista y formarse por su cuenta leyendo autores como Dickens o Tolstoy.


Huyendo de su segundo marido, la escritora se instaló en Londres en 1949 con su hijo pequeño, dejando en África a su hija y su primogénito, nacidos de un primer matrimonio.

En la capital británica se integró en el Partido Comunista, pero dimitió en 1956 al mismo tiempo que se producía el levantamiento húngaro.

Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, Twitter se llenó de mensajes en honor de la autora de "La buena terrorista" y "Memorias de una superviviente.


El escritor sueco Per Wastberg definió a Lessing como "una de las mejores escritoras contemporáneas del mundo".

"Con una edad avanzada, escribió algunos trabajos muy bonitos", dijo Wastberg a la agencia de noticias sueca TT. "Creo que sus libros pasarán a la posteridad", añadió.






NUESTRO MERECIDO RECONOCIMIENTO


De la hornada de escritores ingleses de los años 50 –esos que criticaron al imperio británico y que la prensa de la época bautizó como “jóvenes iracundos”- seguramente ha sido la novelista Doris Lessing quien más ha permanecido: desde la aparición de su primera novela en 1950, Canta la hierba, ha seguido publicando a un ritmo vertiginoso todos los años.

Nació en Irán en 1919 y a los cinco años se trasladó con su familia a Rodesia del Sur, y recibió educación católica en Salisbury. A los catorce años abandonó sus estudios de educación media que jamás retomó. Trabajó primero como secretaria y luego como operadora telefónica. Empezó a escribir a los 18 años y a los 23 se hizo militante comunista. Por esa razón y por su oposición del apartheid, se le prohibió volver a Rodesia. Ya en la década del 50, Doris Lessing renunció al Partido Comunista. Las confesiones de su decisión las dejó estampadas en un artículo titulado La pequeña voz personal, donde narra la depresión que sufrió al enfrentarse “a los espantosos productos sin vida alguna del realismo socialista”. Ha escrito más de treinta libros y en varios ha recogido su conocimiento de la vida en África colonial. Entre sus obras populares están Hijos de la violencia, La costumbre de amar, Un hombre y dos mujeres, La ciudad de las cuatro puertas, y la pentalogía Canopus en Argos: Archivos.

En La buena terrorista, Alice es el núcleo que sustenta a una secta ultraizquierdista de Londres, compuesta de personajes fantasmagóricos y con objetivos nebulosos. No hay que avanzar mucho leyendo para darse cuenta de que este abigarrado grupúsculo –todos graduados universitarios, artistas o técnicos- persigue la rápida destrucción del orden vigente, porque entonces será inevitable “la emergencia de un mundo nuevo y mejor”.

A diferencia de sus congéneres de otras latitudes, estos revolucionarios se encuentran subsidiados por el sistema de seguridad social y por la legislación que permite ocupar casas deshabitadas y contratar beneficios con las municipalidades. La otra característica de ellos es su extrema, deliberada, casi caricaturesca marginalidad. Ninguno ha trabajado nunca, nadie parece provenir de una familia, todos odian su medio y su cultura. Tanto, que las posibilidades de hacer algo tan burgués como casarse o visitar a un pariente son impensables. Por eso, la muerte de la madre de uno de ellos parece un acontecimiento extraterrestre.

Fascistas y revolucionarios

Entre esta docena de fantasmas, sólo Alice posee una biografía y una conciencia, fragmentarias y difusas. Sumida en las semiverdades y los semivalores de las consignas, los slogans y las fórmulas panfletarias, su vida discurre entre el apego afectivo a Jasper, un homosexual que la utiliza y a quien ella considera un genio, y una vocación de servicio malgastada por el activismo sin freno. Las manifestaciones, las marchas, las protestas, parecen ser la razón de vivir de todos ellos hasta bien avanzado el libro.

En la penumbra de la conciencia de Alice se repiten, sim embargo, una y otra vez imágenes desagradables o chispazos de algo que podría acercar a la verdad sobre sí misma. Ni el lector ni ella vislumbran cuál es esa verdad. Doris Lessing no insinúa ninguna pista y construye con estilo muscular, nervioso y brutalmente irónico, la evolución de esta secta detrás de las anteojeras de Alice. Ellas hacen que la mujer reaccione de dos maneras cada vez que la verdad se asoma: paralogizándose de miedo, o con pataletas. Sobre todo acuden a su mente pasajes de la tormentosa relación con su madre. Esta última es el gran personaje ausente y su memoria gravita pesadamente sobre Alice, pero ella se las arregla para borrarla o guardarla en algún comportamiento remoto de su conciencia. Cuando se produce el encuentro real, casi al final del libro, parece que sucederá algo que la hará despertar. En una escena memorable, Dorothy le dice a su hija palabras que van más allá de las rencillas familiares. Le dice la verdad. Es decir, lo que piensa de ella. Pero es demasiado tarde. Alice ha llegado a un punto de no retorno en la construcción de una vida basada en el autoengaño.

Prácticamente todo el mundo está dividido según este padrón maniqueo: fascistas (o burgueses imperialistas) y revolucionarios. Si parece increíble que personas inteligentes puedan vivir así, la maestría de la autora reside en hacerlos a todos verosímiles. Así, las relaciones personales más implausibles adquieren vitalidad gracias a un diálogo preciso, ágil y centrado en la incisiva atención por el detalle.

En otro nivel, La buena terrorista puede ser leído como una epopeya al revés: la del autoengaño personal y colectivo, cuyas consecuencias conducen a sus cultores a un destino espantoso. Doris Lessing retoma, una vez más, la gran tradición ética de la novela inglesa que ha producido a George Eliot, Henry James y Joseph Conrad.

Para el lector latinoamericano, la idea de una izquierda revolucionaria subsidiada por el Estado, con extraños conflictos y actitudes, puede parecer exótica. Pero surgen algunos paralelos inevitables en la moral expedita, la utilización de las personas y el consignismo a ultranza.



Reseña extraída de la desaparecida revista Apsi. Santiago de Chile. Junio de 1988.

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+ comentarios + 1 comentarios

19 de noviembre de 2013, 16:50

Conocí a Doris Lessing en El sueño más dulce, me atrapó y luego de quedar inmersa en su sueño hice lo que mejor hago cuando me gusta mucho algo "querer saber más o simplemente querer". Una pena, bien merecido tuvo el Nobel.

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