El virtuosismo de la decadencia | PERIODISMO DE ESCRITORES

El virtuosismo de la decadencia

domingo, 15 de diciembre de 2013 3 comentarios

Escrito por Lic Ramón D. Peralta



Son esas cosas que no se pueden decir, pero moriría por poder escribirlas. Describirlas tal como las veo, quizás como son. Anestesiar los sentimientos, agudizar los sentidos, hacerme ídolo de mi mismo, narrar lo inenarrable, estar contigo sin tocarte; sufrir juntos ante el desastre, sin herirte, sin juzgarte, pero exigiendo de ti una respuesta que me sirva, que me llene, que nos cure. La mera descripción de la enfermedad ha dejado los cementerios colmados de póstumos vaticinios de sanación. ¿Qué habremos de hacer lector con esto, en caso que estemos de acuerdo?. 

El tiempo me trajo hasta acá, ahora, aquí, en éste instante, donde ya no se si soy grande, pequeño, útil, infame, efímero, distante...perdí los mojones, los carteles, el presentimiento de que el sendero me conduce a alguna parte. ¿Será que me enamoré de mi propio pesimismo, de la filosofía, de mi ansiada muerte?. Soy un desatino que no cree en el amor, pero que ama. Que no cree en el futuro, pero que anhela. Que aborrece las miserias de su sociedad, pero que asimismo se siente sucio, contaminado; por saberse argentino, soy un argentino mas, no mas que eso. 

Esas guías de antaño, esos ídolos exultantes de proezas y sacrificios, esos símbolos que nos enseñaban sobre la abnegación y lo impoluto, esa meta por la superación, la premura por crecer y superarnos, ese orgullo por el buen nombre, esa apología abstracta por la invariancia de la palabra ante lo moral e intersticial. ¿Dónde están, dónde quedó todo ese mundo pasado?, ¿quién me los robó?, ¿quién se apropió de esos recuerdos, por qué caducó su vigencia?,....¿dónde habré de recuperarlos?, ¿Quién soy sin esos puntos cardinales, adónde debo ir ahora?, ¿Cuánta degradación debo soportar para resignarme populista?. Y si es necesario que la sociedad toda, deba contar con mi abdicación ante mis principios de honorabilidad, pues prefiero encarar la muerte al finalizar ésta oración, sin mas prolegómenos que la estela de entropía que habrá dejado mi literatura. 


Hoy siento tristeza, mucha tristeza. No puedo imaginar qué diría mi padre si aun viviera. Ese viejo terco como mula de Buridan, que vino a éste país enceguecido por la revancha de oportunidad, Don Ramón, anciano loco. Nunca paró de trabajar y honrar cada céntimo de tierra sembrada. Si, eso, habría que resucitar a mi abuelo y toda su generación, para que reconstruyan lo que con tanta habilidad supo destruir ésta nueva raza de cíclopes sin corazón  y razón. Venid, os ruego, con la pala, el pico, el arado, la guadaña, que no quede ninguna pestilente maña. Al advenedizo la hoz, y al vago la transpiración. Que los proxenetas del sudor ajeno, aprendan del rebenque, y las meretrices casquivanas se eduquen con sus gurises, "limpiándoseles sus narices", que los profanadores de todo cuanto legado añejo sean castigados en la furia del trabajo, de lo bueno, de lo sacrosanto. No hay peor castigo para el ladino, que  hacerlo caminar en una yunta de arrastre y buen tiro. 


Esta "década ganada" me permitió comprar en cuotas una Tv pantalla plana de 42 pulgadas, donde puedo ver con mas claridad la mugre que hay en mi sociedad. Pero el miedo, la angustia y la impotencia lo siento solo cuando salgo a la calle y compruebo que las cosas son peor de lo que me vende la "caja boba"....hoy no puedo disfrutar de mi auto, de mi bicicleta, de un paseo en familia, de un café con un amigo, del canto de un ruiseñor en las orillas ribereñas de mi ciudad natal, de mi propia vejez,...¿qué me querían decir sobre economía?. 





La pucha, hasta parecen ser mayoría. Quizás se trate de contraste, tal vez se ha vuelto invisible la hidalguía. No se, a lo mejor soy solo yo el imbécil, haber perdido la guía, creerse nadie, volverse tosco, sin palpitar la insidia, no regocijarme con el oprobio, imposibilitado de saborear  los desaguisado de ésta nueva manera de hacer política. Lindos tiempos estos, donde nos rasgamos las vestiduras ante los saqueadores y saqueados, sin darnos cuenta que votamos a esos saqueadores, que amamos a los saqueadores, que somos parte de esos saqueadores. He saqueado a mi país, quizás por omisión, quizás por desidia, tal vez por vocación, seguro deberé hacerme responsable por haber votado al kirchnerismo, y eso aunque justificable, no merece perdón. 

Encerrado en mi departamento, aun escucho a lo  lejos aquellos consejos que me dejaran mis ancestros. Nunca pude imaginar una vida sin la presunción de la bonanza espiritual, moral y humana, aquella que se construye con con cosas tan pequeñas como gigantescas. Levantarme temprano, siempre, aunque solo sea para sentir que ese nuevo día merece su reconocimiento, pleitesía y respeto. Inventarme trabajo, aunque no tenga que trabajar, porque no hay nada mas absurdamente mágico que el sacrificio sinsentido. Presumir de esa manifiesta necesidad por lo superior, elocuente persecución de la superación, esa necedad ante lo irresoluto, nadar contra la corriente, serle indiferente a lo vulgar, jugar de trovador, mimetizarse en el flagor de la pasión por crecer como hombre, arriesgarse ante el ridículo haciendo lo  que los demás no se atreven a  pensar. Llorar por amor, y luchar por alcanzarlo. Reír sin razón, ante la familia que has creado  y te crea, día tras día. Dejar lo mejor en cada ocasión, solo por gozar del sublime derecho de sentirte bien en soledad. 


Argentina reclama en ahogado silencio de un Mesías. Necesita rescatarse del absolutismo, de la bestialidad, de la violencia,  de éste infame dogma político, que mantiene de rehenes a tantas pobres almas hipnotizadas por la premonición del sempiterno oráculo demagógico, que no existió ni existirá mas allá de los terruños de una utopía tan argentina, como todo lo argentino que somos. Sin duda la mala suerte nos eligió, para hacer catarsis, compulsar entre lo bueno y lo malo, disolver sus diferencias. ¿Quién conoce de éstos menesteres por estos días?.

Somos los puntos suspensivos del anonimato de la moral, la misma que yace bajo el yugo de una mitología, que se vende como epopeya, pero que se compra como parodia. Somos consagrados escritores de una sátira que nos demuele por dentro, que nos expone desnudos ante el universo, emancipados ante el sarcasmo del creador, aquel que luego de tirar sus dados, nos anotó perdedores. Porque esa canónica ironía que nos lleva a sentirnos superiores, aun cuando somos de lo peor, solo se explica con la intuición de lo divino. Un mortal por si solo, no podría  lograr semejante desastre. Argentina es un hermoso país, que no nos esperará para siempre. 

Aun me sigo deleitando con las jocosas ocurrencias de Eduardo Galeano, quién en sus "Venas abiertas de Latinoamérica", logró seducir con la "sutileza" de su filosofía a un populacho ávido de encontrar culpables exógenos a nuestra idealizada autonomía sociológica. Así es como ante la autodestrucción de todo cuanto era bueno en nuestro país, seguimos indultándonos ante el saqueo, la decadencia y el abandono de nosotros mismos como sociedad. Quizás sea hora de que alguien le intente explicar a éste escritor uruguayo, que la vocación por la dominación, sometimiento y voluntad de poder, no es algo que se pueda circunscribir a una potencia imperialista determinada, sino que obedece a la naturaleza del hombre en sociedad. 


Parece mentira que Galeano haya pasado por alto, el hecho irrefutable que antes de la llegada de Colón, los amerindios ya sabían perfectamente de colonialismo y dominación (Incas, Mayas, Aztecas, etc). Claro que después de extinto el imperio yankee, le daremos la bienvenida a otros chivos expiatorios para procurar redimirnos in eternum ante nuestros propios dolos y responsabilidades, con formatos de nuevos imperios reales o inventados por venir. Esta vocación por la autovictimización no da para mucho mas, por favor enterradla porque ya huele putrefacto. 


En esas aguas desidiosas, ese océano de oprobio, se han ahogado los imperios que nos precedieron, los cadáveres de los siempre "vivos", ávidos de convertir al corto plazo y a la exageración en un modelo de vida. No encontrareis en el Río de La Plata, la poesía póstuma de los occisos dogmáticos, ni las autopsias de una ideología que fue cremada al nacer. Entre las almas que buscas y los cuerpos invisibles, encontrarás al todo y nada, pues lo único absoluto eres tu. Las mujeres paganas festejarán tal proeza, los trabajos hercúleos hacen al niño, valiente; y a su misión, mitología. 

Sobre los acantilados de la Patagonia, habéis de admirar la vastedad del desastre que habréis dejado tras los pasos del regreso "triunfal" descrito por Tchaikovsky en la Obertura 1812, mientras alineas con prolijidad la Isla Elba a tu mala conciencia, peor memoria, manga y célebre mediocridad. Y aunque resulte imposible olvidar semejante destrucción, te esconderás en cada rincón, para recitar a viva voz, los sonidos de un solapado silencio, eximio cronista de la autocompasión, relator de un perdón que solo tu puedes darte. 


Pero aun en esos momentos de pura dicha, ante la resurrección de la negación y la impiadosa aniquilación de la responsabilidad, recuerda que siempre habrá un hermano dispuesto a olvidar vuestros olvidos. Y cuando el aire contamine tu calma y la inmovilidad de la amoral alise las olas en medio de tal fulgor abstracto, entonces nuestras conciencias se hermanarán en un solo de querubín, odas al futuro, melancolía abyecta, juntos hemos de perecer ante el fin. 

Y que ninguna marea sobreviva a la odisea de lo irreverente, de lo banal, de lo que pudo haber sido, pero no fue, ni será. Un Eneas, un Ulises, una Cristina, que los libros del dejá vú mítico y vago, los ubique en su lugar y que no falte epitafio sobre lápida, y que toda progenie de adoctrinados lloren sobre el obituario, escrito con lágrimas de saurópsido, el fanatismo iluso del obtuso, del vengador de dogmas enlatados, del gladiador de cuanto ideal caníbal se abate sonámbulo por éstas Pampas, pretérito zombie, vanagloriado en su fofa oquedad. Mañana será mañana, y que Don Tiempo escriba fidedigno ante la llegada de un nuevo estigma, paradoja sagrada e inmortal. 


Porque tampoco acusamos recibo de ésta nefasta cultura del amo y el esclavo centrípeto instalada por éste dogma político, donde ya nadie sabe cómo controlar la cúspide que ha de insinuarnos el declive de nuestros derechos y el ascendiente de nuestras obligaciones. Si nadie es condenado por robar en el poder, pues que nadie sea condenado en el llano. Sirva ésto como guía de quienes se han acostumbrado a pedir y reclamar sin dar nada a cambio, total, abundan los autonautas que siguen tolerando ésta infamia sin chistar en complicidad. Pero la indiferencia de no sentirnos aquí o allá, es mas fuerte que la sensación de no ser protagonistas del problema, ni de la explicación del hedonismo que nos ocupa como relator de las soluciones que siempre tenemos en el bolsillo ante cada ocasión donde no deberíamos opinar, sino actuar. 

La paradoja que veo en todo esto, radica en que tanto se trate de pensamiento y sentir introspectivo, o como algunos interpretaron, ese Amo y Esclavo describa a distintas personas en su acepción lato, en negación a una otredad psicologica y metafísica, o si prefieren, como resultado de un lúdico reduccionismo minimalista de la filosofia; siempre el Amo terminará como Esclavo de si mismo, poniendo al esclavo en una situación de libertad relativista producto de la abdicación ante los propios miedos, que primigeniamente lo torturaran. En esa claudicación ante los miedos, el esclavo encontró su liberación, haciendo que sus deseos sobre los deseos del Otro, lo pongan en una posición de otredad neutra desde lo metafísico. En cambio el amo que ya no tiene con quien luchar, termina desde lo inmanente, sintiéndose esclavo de esa situación de dominación que él generó para sí y el "Otro", la cual por inerte, no lo conduce a ningún lado en el futuro pensado. No hay lucha posible cuando no hay contra quien luchar. Quizás si agudizan el análisis, podrán encontrarle a ésta paradoja filosófica, el divino correlato que algunas religiones le han dado como anclaje de poder espiritual, al término "resignación". Buen día.- 

LA REINA DEL SAQUEO
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+ comentarios + 3 comentarios

Anónimo
15 de diciembre de 2013, 11:13

Magistral estimado Peralta, suscribo 100 % sus palabras. ArmandoLNOL

Anónimo
20 de diciembre de 2013, 10:53

Me paro para felicitar a éste autor. Impecable

Rosario Ortiz Quesada

Anónimo
27 de diciembre de 2013, 1:16

Wow, la lectura de este ensayo fue tan vertiginosa y condensada, que me pareció haber andado en una montaña rusa. Tremenda forma de escribir, mezcla de Nietzsche, Ciorán, Ortega y Gasset y Stiner. Felicitaciones al autor. Lucas Robertson

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