Teoría de las Expectativas Culturales Inflacionarias | PERIODISMO DE ESCRITORES

Teoría de las Expectativas Culturales Inflacionarias

domingo, 2 de febrero de 2014 3 comentarios

Escrito por Lic Ramón D. Peralta



Siguiendo con la primer parte del Ensayo sobre Macroeconomía Dinámica Argentina (ver: Macroeconomía dinámica argentina), deberé aclarar que en ésta parte desarrollaré una teoría de propia autoría, que vaya a saber por qué, titulé: "Teoría de las Expectativas Culturales Inflacionarias". No sería justo, sino digo que los debates con entrañables hermanos de la antigua Gran Orden, fueron decisivos para éste ataque de "trascendentalismo narcisista". A veces realmente me creo mis mentiras, y en otras solo les soy indiferente. No obstante, me pareció interesante jugar con la filosofía económica, y esperar,.....quizás alguno de ustedes justifique tanto trabajo. De todos modos, tranquilo; todo seguirá siendo en "Copia Oculta", el refugio de las minorías excelentes.  Hoy solo un resumen, mañana...veremos.

INTRODUCCIÓN

Parafraseando a Emerson: Argentina tiene una relación especial con el universo de la economía, y nada lo distingue mas, que la heurística construida en derredor de la inflación. No quiero hacer revisionismo nuevamente, porque la historia de la inflación es archiconocida por los economistas del mundo, y en especial por los ciudadanos argentinos. Siempre hubo inflación en mi país, pero luego del primer gobierno de Perón, hemos tenido un promedio del 25 % en los últimos 60 años. Conste que no promedié tomando todos los guarismos del gobierno de Alfonsín, porque sería una mala manera de congraciarme con la exageración. Sin embargo, todo existió y estuvo mas acá de lo real.

 Ya son tres generaciones de argentinos, formados y estigmatizados por las estigias de la inflación. Desde muy pequeño, los niños aprenden en mi país a pensar y sentir, en términos de inflación. Lo que antes hacíamos con las estampillas o libreta de ahorro, hoy no se hace, y si lo hacen, son los padres por sus hijos, y se hace en dólares u otras divisas fuertes. No existe manera de construir ahorros de largo aliento con la moneda de curso legal argentina, definitivamente no.   

Desde un abordaje estríctamente filosófico, la economía argentina, se quiera o no, se halla completamente dolarizada. Porque la verdadera patria de los negocios no está en los mercados, sino en la mente del hombre; y vaya paradoja, tanto quienes se defienden de ella como quienes la bendicen, siempre lo hacen desde una vocación dogmática ergo cultural. 

Las masas populistas fueron adoctrinadas para considerar de antipatriota el ahorro en moneda fuerte, aunque el mismo Perón o Kirchner hayan sido famosos por sus depósitos en dolares en el extranjero. Claro, que una cosa es el comportamiento colectivo, donde uno se expone ante la doctrina partidaria y sus propios pares, y otro es el mundo de las decisiones individuales. Es decir, nadie se suicida en soledad cuando de economía individual se trata. 


La otra socarrona paradoja, se da justamente en las discusiones y acalorados debates que dan los populistas contra los utilitaristas, pues el argumento de la existencia de una diáfana cultura inflacionaria se encuentra justamente en eso, el asunto de confrontación; la inflación. Juega con la lucha de sionistas contra antisionistas, quienes pretenden asirse para si; de la patria potestad de la verdad en la paz, sin darse cuenta que ambas posturas son funcionales a la guerra. Para que una nueva guerra suceda, solo hace falta que haya suficiente cantidad de estúpidos dogmáticos en ambos bandos. Lo mismo sucede con la inflación, pues es per se una guerra contra el tiempo.    

Quizás la síntesis de esta inconsustancial  dialéctica, sea: "Para un país como Argentina, las crisis se describen solo con su inflación, ergo la inflación es la crisis misma" .


En la Argentina, 13 millones de personas tienen ingresos del Estado. Casi la mitad de la población adulta depende del presupuesto nacional. Algunos revistan en reparticiones nacionales, provinciales o municipales (3,3 millones); otros tantos reciben planes sociales (3,6 millones) y el doble son jubilados o pensionados (6,6 millones). De estos últimos, un tercio no hicieron aportes, pues se acogieron a la moratoria de la Anses (2,3 millones).



Entre 2000 y 2012, el Estado creció 60 por ciento y representaba el 42,5% de la economía, por lo menos, antes de la reciente devaluación. El principal factor de crecimiento fueron las transferencias al sector privado, que incluyen los subsidios a la energía, al transporte y a otras empresas públicas, como Aerolíneas Argentinas.



Muchas compañías obtienen ingresos extraordinarios mediante contrataciones públicas sin competencia, donde rigen la sobrefacturación y el llamado "retorno", práctica que también es habitual en las obras sociales sindicales, que los gobiernos nunca se atreven a auditar.



La Argentina es el país con mayor presión tributaria de América latina, en donde el promedio regional es 20,7% del PBI. En nuestro país asciende al 40%, sin incluir el impuesto inflacionario.



Por disposición del BCRA, los bancos tienen hoy cerca del 20% de su cartera prestada a tasa fija, en créditos productivos de hasta cinco años de plazo para grandes empresas y pymes. Para compensar la suba de tasas del sistema, las entidades deben luego retocar con mayor agresividad el resto de su cartera. 



Para los economistas y banqueros, no obstante, parece evidente que el costo del dinero seguirá subiendo. No sólo para contrarrestar el atractivo que tiene para los ahorristas el dólar, sino también para contener las expectativas inflacionarias.







Durante gran parte de la gestión kirchnerista, el sistema financiero argentino funcionó con tasas de interés reales negativas, con el BCRA emitiendo pesos muy baratos para financiar el gasto del Estado. Esto significa que siempre las tasas estuvieron por debajo de la tasa de inflación, lo que fomentó el consumo de bienes (autos y electrodomésticos) y de dólares, sobre todo, cuando se hizo palpable que un salto en el tipo de cambio era inminente.



Pero ahora que el Gobierno debe de alguna manera anclar la carrera de precios que se desató con la fuerte devaluación de enero, no tiene otra opción que empezar a subir con fuerza las tasas. Claro que una suba de tasas, de acuerdo con la teoría económica, siempre provoca un enfriamiento de la economía, porque restringe el crédito para las empresas y para los individuos, y alienta a que la gente deje sus pesos en el banco en lugar de usarlos para consumir.


La actual suba de tasa de interés propiciada por el Banco Central es un movimiento de política económica en el sentido correcto. Pero el incremento de tasas promovido por el Central estaría contrarrestando la aceleración inflacionaria de los últimos meses. Las tasas siguen siendo negativas tanto ajustándolas contra las expectativas de inflación, así como contra las expectativas de devaluación; por ende, por ahora (mientras no sean positivas), no alcanzan para apuntalar la demanda de dinero, ni para contener la presión contra el dólar oficial, que se vende con cuentagotas, ni contra el paralelo. Así, lo más probable es que, más allá de cuál sea el discurso adoptado públicamente por el equipo económico, se vengan meses de préstamos más caros y mucho más escasos.



EXPECTATIVAS CULTURALES INFLACIONARIAS

Uno de los puntos que terminó distanciando a Néstor Kirchner de su ministro de economía, Roberto Lavagna; fue justamente el tratamiento que Kirchner quería darle a su política monetarista y cambiaria. Pero Nestor Kirchner, demostró ser un auténtico animal político, ergo fue el primero en evidenciar una acabada comprensión de los sesgos cognitivos y culturales que sobre la inflación tenía y tiene el pueblo argentino. Sabía que para mostrar un enorme crecimiento económico, debía anclar la paridad cambiaria a un régimen semifijo, puesto que las correcciones en una flotación administrada, menguarían la estridencia y magnificencia de lo que el quería vender, un modelo super exitoso. 

Para combatir esta tendencia cuasi natural a las "expectativas culturales inflacionarias", dispuso algo muy "coherente" (para él y sus objetivos): manipular las estadísticas oficiales (INDEC), no sin antes recrear las tácticas de adoctrinamiento de masas, inauguradas por Gôbbeles allá por los años 30 en Alemania, y readaptadas en estas tierras por Apold. Con el control de la mayor cantidad de medios de comunicación, las cosas deberían cerrar para el gobierno, ver: Teoría sobre formadores de opinión y decisión; pero eso no sucedió.  Sin esta combinación, el pueblo hubiese reaccionado antes a los signos y simbologías inflacionaria que ya en el 2006 se empezaron a vislumbrar y respirar. El combate contra Clarín y  demás medios no oficialistas, obedeció a razones económicas, pero también a motivos de orden dogmáticos. Las malas expectativas debían ser anuladas por las exageradas buenas noticias. Así fue como la opinión pública se vio  distraída y confundida por datos oficiales harto optimistas, contra datos de la realidad que parecían no concordar con los anteriores. Este proceso llevó varios años, hasta llegar al hoy, Febrero del 2014, donde la caída de las reservas internacionales del BCRA, preanuncian lo ya inevitable, una nueva recesión anticíclica. 

Para no repetir conceptos, les ruego lean los motivos que originan la inflación en Argentina aquí: Falso crecimiento económico. Tampoco quiero reiterar los conceptos de la Trilogía de la Imposibilidad, quizás el mejor resumen del fracaso del intervencionismo económico kirchnerista: El Triángulo de la Imposibilidad. Asimismo sería bueno que le eche un vistazo a: La ortodoxia de la heterodoxia



Muchas son las diferencias que podemos encontrar en el errático comportamiento de los argentinos, respecto a las demás teorías económicas. Las hipótesis de expectativas adaptativas y de expectativas racionales son frecuentemente utilizadas en economía para incorporar el hecho de que los resultados o equilibrios que el modelo construido arroje, dependen de la visión del mundo, que tengan los agentes. La segunda hipótesis introdujo cambios sustanciales en la forma de obtener la solución de un sistema dinámico, a partir de dos aplicaciones económicas: la consideración de este tipo de problemas como un sistema de ecuaciones diferenciales con condiciones de contorno en contraposición a los usualmente tratados de valores iniciales. 



Según este tipo de episteme, los agentes económicos forman expectativas porque los desplazamientos de las variables endógenas afectan la utilidad o beneficio que reciben en el nuevo equilibrio. Por otro lado, dice: una vez incorporadas las expectativas en el análisis, los resultados o equilibrios que el modelo construido arroje dependen de la visión del mundo que tengan los agentes. Dos de las hipótesis que se han empleado para modelar cómo perciben el mundo los individuos son las hipótesis de expectativas adaptativas y de expectativas racionales o de previsión perfecta suponiendo un contexto de tipo determinístico. 



La hipótesis de expectativas adaptativas surge a partir de los trabajos de Cagan (1956) y Nerlove (1958). La hipótesis de expectativas racionales fue propuesta por Muth en 1961 y se estableció como paradigma de trabajo a partir de la contribución de Lucas en 1973. 



Las expectativas adaptativas suponen que los agentes, para formular un pronóstico sobre una variable endógena, lo hacen en base a los valores realizados de la variable que intentan predecir hacia el futuro, tomando los valores estadísticos del pasado.


Las expectativas racionales asumen que las expectativas de los agentes coinciden con la predicción de la teoría (dada por la esperanza matemática, asumiendo que las personas están nturalmente condicionadas al conjunto de información disponible). El concepto de expectativas racionales introdujo cambios sustanciales en la forma de resolver un sistema dinámico (ver, por ejemplo, Sargent y Wallace de 1973; o de Blanchard y Kahn, de 1980).



Hasta la introducción de esta nueva hipótesis el camino seguido para resolver un sistema dinámico consistía en imponer condiciones iniciales para determinar una solución particular del problema. Con el nuevo enfoque el problema formal cambia y el análisis económico se enriquece. Por un lado, el problema se transforma en uno de condiciones terminales ó con condiciones de contorno, por otro, aparece la posibilidad de estudiar los efectos de shocks (transitorios o permanentes), intentándolos anticipar en el tiempo. Cosa que a mi entender, no es aplicable de manera postular o tautológica en la sociedad argentina.



Antes de seguir adelante vamos a realizar dos observaciones. La primera es que si bien a partir de la última hipótesis se puede dar una respuesta formal a cómo la visión sobre el futuro que tienen los agentes influye sobre el presente, ya en Keynes  o Hicks, por ejemplo, podemos encontrar referencias a cómo las decisiones de los agentes económicos se encuentran influidas por las percepciones de acontecimientos pasados, que influyen en la intuición de tiempos futuros. La segunda, es que en un contexto estocástico y siendo el tiempo una variable discreta, el pronóstico de expectativas adaptativas puede ser teoricamente óptimo (en el sentido de minimizar el error de pronóstico, como premisa)



Pero muchas de estas premisas o incluso supuestos axiomas, no encajan con lo que verificamos en el comportamiento, conductismo, idiosincracia, determinismo y psicografía de los ciudadanos argentinos, sin importar a qué segmento mercadotécnico pertenezcan. Cuando hablamos de cultura en las expectativas, deberemos pensar en respuestas que son mas reflejas que racionales, y quienes pueden ser cimentadas en la mas absoluta desinformación científica, técnica o periodística, o bien aun disponiendo de ella, reaccionar de manera  plenamente inconexa, ilógica y hasta caprichosa.





INTRODUCCIÓN DE LAS EXPECTATIVAS CULTURALES INFLACIONARIAS

Los argentinos, en términos generales solemos reaccionar siempre con cierta paranoia colectiva cuando percibimos:

1.- Un tipo de cambio fijo
2.- Libre movimiento de capitales (ausencia de controles de capital).
3.- Una política monetaria autónoma, pero inflexible a los cambios. O Bien, todo lo contrario, un Banco Central sin independencia del poder ejecutivo.
4.- Tasas de interés que se perciben negativas respecto a la inflación, o bien son claramente inferiores  a los aumentos positivos de la paridad cambiaria respecto del peso y la inflación.
5.- Tipo de cambio relativo atrasado respecto a los países vecinos  
6.- Precios relativos de los productos de la industria nacional mas caros en moneda fuerte, respecto de los demás países de la región
7.- Imposibilidad del gobierno para aplicar soluciones contemporáneas a problemas que demanda por experiencia respuestas inmediatas.
8.- Sensación de que los precios aumentan  como en otrora, lo cual dispara las alarmas interiores que nuestro empirismo tiene registrado en su memoria
9.- Constatar que viajar al extranjero es mas barato que vacacionar en los centros turísticos de nuestro país
10.- Medidas restrictivas para el libre uso de los ahorros o excedentes  líquidos, en paralelo a observar como aumenta la fuga de capitales y bajan las reservas en dolares del Banco Central. 




SESGOS CULTURALES MAS FRECUENTES


Efecto Bandwagon Doméstico: Es la tendencia a hacer, creer, o dejar de hacer por descreer que las cosas están aumentando porque muchas otras personas hacen o creen lo mismo.



Prejuicio de sesgo de punto ciego: Es la tendencia a no compensar los propios prejuicios cognitivos de tipo cultural. Es decir, a sabiendas que somos hipersensibles a la inflación, no hacer nada por controlarla. 



Prejuicio de la elección inteligente: Es la tendencia a recordar nuestras propias decisiones pasadas ante la inflación y los "cepos o corralitos", como mejores de lo que realmente fueron.



Prejuicio o sesgo de confirmación:  Es la tendencia a buscar o interpretar información de un modo que confirme nuestras propias preconcepciones sobre la inflación o las causas que provocan el aumento del dolar.



Prejuicio del hiperconcumista: Es la tendencia de algunas personas a tener mayores preferencias por beneficios inmediatos en comparación con beneficios retardados. Es decir, es aquel que prefiere consumir en bienes durables, ante que disponer alguna forma de ahorro para consolidar cierto tipo de futuro menos riesgoso o mas complicado.



Prejuicio de negación de la probabilidad: Es la tendencia a rechazar completamente cualquier probabilidad de mas inflación o mayor suba del dolar, cuando se realiza la decisión bajo una incertidumbre plena o  relativa. Normalmente es una reacción de tipo dogmática de aquellos quienes deciden creer en el gobierno ciegamente. 



Prejuicio o sesgo por historicismo de resultados:  Tendencia a juzgar la eficiencia  de una propia decisión por su resultado final, en lugar de juzgarla por la calidad o acierto de la decisión en términos de pormenores, cuando fue realizada. Es decir, asumir que si en en el 2007 era negocio estar el pesos, justificar que hoy haya que seguir en pesos, a pesar de que la inflación hace trizas el poder adquisitivo y la reserva de valor de la moneda de curso legal de manera sistémica.



Sesgo de la percepción selectiva: Tendencia en la cual, las ansias, esperanzas o ilusiones de tipo político, afectan la percepción de la realidad.



Prejuicio de status quo: Tendencia de algunas personas, a valorar o apreciar en mayor medida, las cosas que permanecen estables. Por caso, decidir creer que porque los servicios subsidiados por el gobierno no registran subas de precios, no debería haber inflación.

Efecto de ambigüedad: es la evasión o rechazo directo de las opciones que parecen tener una probabilidad incierta o desconocida por falta de información.

Sesgo de la desviación de la atención: es negar información relevante cuando se utilizan valoraciones culturales, dogmáticas, relacionales o asociativas.

Obstinación, terquedad, empecinamiento o anchoring: es la tendencia a confiar demasiado o aferrarse a un atributo, rasgo o cualidad de la información. Este rasgo o particularidad por el que uno se decide o aferra, es frecuentemente el primero que se ha conocido o recibido. Normalmente estos son los primeros a reaccionar ante la mínima percepción de debilidad de los gobiernos, o bien ante los primeros síntomas de brote inflacionario.

Heurísitica de disponibilidad (availability heuristic): es una predicción sesgada debido a la tendencia a centrarse en el beneficio o suceso más sobresaliente, más familiar y emocionalmente cargado. Es decir, que tiende a estar influenciada no por acontecimientos objetivos sino por una experimentación emocional a través del suceso más sobresaliente que haya acontecido respecto de su empirismo inflacionario.

Prejuicio de creencia: es la tendencia a basar las valoraciones o evaluaciones en creencias personales pasadas, que según el mismo fueron exitosas en la lucha contra los efectos de la inflación en la economía personal.

Ilusión de serie o apofenia: es la tendencia a ver patrones inflacionarios donde realmente no existen, o asociar algún significado a ciertos patrones o series de datos que aparecen en una lista personalísima que solo obra en su propia arquitectura cultural.

Sesgo de autoservicio: es la tendencia de algunas personas a errar en su observación e ignorar pruebas o hechos en contra de la postura que defienden. También reclaman mayor responsabilidad en los aciertos y éxitos que en los errores. Y cuando aparece información ambigua la interpretan de un modo que beneficia sus intereses. Cuando llega el punto donde comprueba que se equivocó endilga culpas a la mala información, los medios o los periodistas; pero cuando esta información es buena, las culpas pasan a ser del gobierno, la oposición, las corporaciones u otro simbolismo autoredentor de tipo exógeno. Un argentino de ley, jamas asume que los errores son propios. 

Efecto de negación de precedentes: es la tendencia de algunas personas a evitar incorporar probabilidades o sucesos precedentes muy bien conocidos que pueden ser importantes en la decisión a tomar. Quizás éste sea el sesgo mas frecuente, lo cual se resume: Sobre todo argentino rige desde hace mucho tiempo la mas estricta prohibición de aprender con la experiencia. Normalmente la memoria selectiva reacciona antes que la mala conciencia. 

Efecto del observador expectante: se da por ejemplo cuando un político o ministro espera un determinado resultado y después inconscientemente manipula una medida experimental o malintepreta los datos con el objeto de venderle a las masas ese resultado esperado y no el real. En contrapartida, las masas seguidoras esperan con ansiedad que los opositores no puedan refutar dichos resultados, aunque íntimanente perciban la inconsistencia de lo anunciado.

Efecto del sujeto expectante: ocurre en esta teoría, cuando un sujeto espera un resultado inflacionario determinado y manipula consciente o inconscientemente los datos de la realidad. Se da especialmente en las masas militantes, también conocida como efecto placebo o de autosatisfacción. Aunque también puede ser vista en los opositores apasionados, cuando exageran algo que no está tan mal. 


Sesgo optimista: es la tendencia sistemática a ser demasiado optimista sobre los beneficios de cualquier acción anti-inflacionaria planteada. Es un sesgo común y frecuente en los argentinos, quienes tal como un "efecto espejo" ansían que los planes "mágicos" y cortoplacistas prometidos por los políticos demagogos, hagan lo que nunca antes pudieron hacer, solucionar el tema de fondo. 

Efecto superconfianza: es la tendencia a confiar demasiado en las habilidades políticas y económicas de nuestros dirigentes ministeriales ergo políticos en uso del poder. 

Efecto de polarización: Esta polarización se da en muchos idealismos y radicalismos. Cuando los entusiastas de una cierta idea están cegados por sus prejuicios personales acerca de las demás posibilidades y positivamente sobre las propias confirman sus creencias sin escrutinio aunque evalúan críticamente las creencias del contrario. Es decir que las pruebas confusas o argumentos débiles ayudan a separar más a ambos bandos y no a provocar conversiones. La inflación, aunque evidente, es la principal motorizadora de absurdas y patéticas discusiones políticas. 

Efecto de retrospección de Rosy: es la tendencia a valorar los aspectos pasados mas positivamente, haciendo sórdidas comparaciones proyectivas, cuando ese pasado también está plagado de incomprensibles yerros administrativos respecto de las políticas anti-inflacionarias o monetaristas. Resumido bajo el proverbio en latín: "memoria praeteritorum bonorum",...todo pasado fue mejor.


Preferencia rítmica: es la tendencia a evaluar los sonidos rítmicos como más bellos, importantes e incluso más ciertos que aquellos que son arítimicos. Los sonidos y frases rítmicas son más fácilmente recordados (por ejemplo las rimas en publicidad, la poesía, , la rima en las canciones. En política y debates, el uso de refranes o frases rítmicas o entonaciones con un sistema predecible y rítmico hacen el mensaje más agradable a los oyentes. LO mismo las ideas sintetizadas en frases cortas y potentes apela más fácilmente a los sentimientos y por lo tanto a lo que creemos cierto.

Sesgo de repetición: La voluntad de creer todo lo que nos han dicho sobre la inflación con más frecuencia, y por el mayor número de diferentes fuentes. Se parece mucho al Sesgo del Punto medio.

Sesgo Antrópico: Es la tendencia de una persona a sesgar las evidencias, que ya han sido influenciadas por los efectos de una observación selectiva. Esto es, básicamente una generalización extrema del prejuicio de confirmación o de desconfirmación, envolviendo no solo el conjunto de ideas, empirismo y metodología sobre la inflación, sino también, incluye el modo en el que uno se ve a si mismo como entidad investigadora y reflexiva del entorno.

Sesgo del Punto medio: es aquel sesgo cultural y heurístico, que lleva a algunas personas a asumir que lo mas inteligente es decidir que; las disputas o discusiones políticas entre quienes defienden la versión oficial sobre la inflación contra quienes sostienen que la inflación real es mucho mayor; se resuelven felizmente poniéndose en el medio, ergo en una posición equidistante. Es decir, son aquellos que ponderan la inflación diciendo: "no es el 10 % del Indec, ni tampoco el 25% que dicen las consultoras privadas". Obviamente es un error muy frecuente en ciertos estamentos de la clase media.

Prejuicio de retrospectiva o recapitulación: Conocida también por "Efecto de siempre supe que iba a pasar, yo lo sabía"; so muestra la inclinación a ver los hechos pasados como hechos en forma de premonición o predecibles. Los individuos están, en realidad, sesgados por el conocimiento de lo que realmente ha pasado cuando evalúan su probabilidad de predicción en función de una firme tradición de repeticiones de hechos inflacionarios. Equivale a arrogarse cierto conocimiento del futuro, es decir, no se hubieran tomado decisiones diferentes o correctas sin ese conocimiento proyectivo del pasado en el futuro. Este prejuicio es en realidad producido por un error en la memoria, es un efecto menor del Déjà vu. En síntesis, el argentino promedio, consume el advenimiento de todo nuevo proceso inflacionario como un déjá vú contumaz. 





Para finalizar ésta segunda parte, pues nadie está dispuesto a leer tanto de corrido en internet, agregaré que otro de los condimentos recurrentes que caracterizan estas "expectativas culturales inflacionarias" en los argentinos; se apoya en la total ausencia en estos 60 años de historia, de una mera aproximación al concepto cuasi utópico de "Políticas de Estado", o políticas de consenso multisectorial, supracultural y sincrético en pos de atender un flagelo que debe ser considerado por derecho propio, como el mas importante y dañino para nuestra sociedad y nación. La inflación hace mucho que está presente entre nosotros, la conocemos, la intuimos, la sentimos, la respiramos, la soñamos, pero, y vaya paradoja, evidentemente   no ha servido como para que nuestros dirigentes políticos, economistas y ciudadanos en general, hayan aprendido a enfrentarla, respetarla y hasta quizás evitarla. Si la ironía no fuera todo lo aterradora que es para las masas, bien podríamos decir que en la inflación, la sociedad argentina aprendió por sobre todo lo demás, en qué consiste el "Sindrome Estocolmo". 

CONTINUARÁ...

FIN DE LA SEGUNDA PARTE 
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+ comentarios + 3 comentarios

Anónimo
2 de febrero de 2014, 21:36

Sencillamente genial, como ya nos tiene acostumbrado. Saludos al Gran Maestre. MarioM

9 de febrero de 2014, 9:33

Excelente Diego, como de costumbre

Anónimo
9 de febrero de 2014, 10:05

Este blog y su autor siempre marcando diferencias. Un trabajo para copiar y llevar. ArmandoLNOL

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