Filosofía: Injusticia por mano propia | PERIODISMO DE ESCRITORES

Filosofía: Injusticia por mano propia

domingo, 6 de abril de 2014 4 comentarios


Escrito por Lic Ramón D. Peralta



Mañana soleada en Buenos Aires. Ni siquiera tengo ganas de escribir. Habré de responder un par de pedidos, que coinciden con un tema que está nuevamente en discusión colectivamente, pero que será dejado de lado, ni bien recibamos nuestra nueva dosis de hipnopedia. Los argentinos "recuperamos la política", para debatir hasta el agotamiento, asuntos que jamás solucionamos.  Luego de leer los diarios, me topé con esta columna del periodista argentino Jorge Lanata: 



El diagnóstico es “anomia”, un término introducido por Emile Durkheim, uno de los fundadores de la sociología moderna, en su libro “La división del trabajo social”, y por Robert K. Merton en “Teoría social y estructura social”. Se vive en estado de anomia cuando se pierde el sentido de las leyes y sus fines; es un estado de disociación entre los objetivos de la población y el acceso a ellos.

Carlos Nino, filósofo y jurista argentino, describe en “Un país al margen de la ley” distintas conductas que reflejan la anomia local:cómo transitamos por los espacios públicos, cómo los cuidamos, la naturalidad con las que evadimos nuestras obligaciones (el pago de impuestos, por ejemplo), la forma en que se contamina el ambiente, la extensión de la corrupción, etc. Otros autores hablan de la “anomia boba”, que es aquella que presenta situaciones sociales en las que todos resultan perjudicados.



Cristina Kirchner acaba de despertarse en la selva, se asombra aunque ya lleva más de doce años aquí. En una de las cadenas nacionales de la semana aseguraba: “El que se siente en la periferia siente que la sociedad le ha soltado la mano”.


¿Quién vendría a ser “la sociedad”? 
 

Antes me preguntaba, ¿cómo hacían los afamados periodistas, para escribir tanto, estando en tantos lugares a la vez, ergo teniendo tanto trabajo?. Hace mucho que encontré las respuestas, pero me las reservo. Nadie espera de un periodista profundidad, pero tampoco semejante nivel de reduccionismo, máxime si se trata del periodista mas popular de Argentina. 

La palabra "anomia" que encontró Lanata en Wikipedia, aportó un atajo, pero no un destino cierto. La columna en su totalidad es una linea recta que nos conduce a lo mismo de siempre, la nada. Aunque en apariencia esa nada, satisface a todos, y enoja a todos, dependiendo de qué lado del absolutismo maniqueista se encuentren unos y otros. Palabras  como "anomia" o "antinomia" no deberían existir, carecen de utilidad pues solo sirven para confundir aun mas a las masas.  

Cuando uno trata de memorizar la historia del hombre según su propia bitácoras, cuesta encontrar claras referencias a la criminalidad, o bien, cómo elaboraba la sociedad en su momento cada aspecto de "ruptura de la normalidad"  imperante, si es que alguna vez la tuvieron. 

Para la filosofía, siempre existió la dimensión del castigo. El castigo como un acto de venganza o represalia ante lo que el poder ostentaba como "normalidad". La normalidad es lo que el poder diga que es. Pero estas expresiones de vendetta, bien explicados en la Ley del Thalión y la Ley de Linch, donde el pueblo tenía el derecho de hacer justicia por mano propia; no fueron las primera, ni siquiera las únicas. Y vaya paradoja, con la evolución sociológica, los pueblos delegaron esa potestad de "cobrarse" los agravios, al Estado. 


El Estado siempre fue una figura ambigua, controversial y hasta absurda, aun hoy lo es. En Argentina. desde muy niños nos enseñan que "El estado somos todos". Y tanto creemos en ello, que no dejamos de hacer extrañas ataduras y excepciones dogmáticas, cuando ciertos conceptos o ideas condicionan este "postulado". 




Cuando se trata de educación, el estado es de todos, pero mejor es la escuela privada. Vale decir, que si bien todos somos estado, decidimos hacer invisible la función privada ante lo público que es la educación. La salud pública también es resorte del estado, pero al igual que la consideración anterior, nuestra presidente se atiende en un hospital privado. Claro que la salud privada es considerada también parte del estado, sino ¿cómo sostenemos: "el estado somos todos"?. 

El problema lo tenemos cuando discutimos sobre economía. La inflación es culpa del sector privado, dicen los estatistas que apoyan al gobierno, o sea que al parecer no todos son el estado, a no ser que, borremos todo lo anterior, y escribamos la oración: "la inflación no es responsabilidad del gobierno". Entonces podríamos circunscribir al sector privado dentro de ese "el estado somos todos", para concluir que la inflación es responsabilidad del Estado. 


Es decir, que tanto el sector privado como el gobierno sería parte del estado, pero solo el primero tendría competencia sobre la economía. ¿No suena algo liberal esto?. Es verdad, no suena demasiado estatista todo esto. Vaya dilema, pero ¿cómo lo resolvemos?: Pues, para que no entremos en falsos diagnósticos,  lo mas recomendable es asumir que los kirchneristas están regidos por una filosofía netamente cuántica, donde el Estado esta y no esta simultáneamente, teoría plenamenente concordante con el experimento del "gato de Schrödinger".

Este ejercicio mental  es muy importante, sino, no podríamos comprender a cabalidad  del mas austero determinismo, eufemismos como el de "justicia por mano propia". ¿Cómo podría existir la justicia por mano propia, si "todos somos el estado"?. Por lo visto, habrá que darle un par de vueltas de tuerca a eso del "El estado somos todos", porque evidentemente el mundo aun no está preparado para tan "elevada filosofía".    

Volviendo al tema de la "anomia", que tanto le gustó a Lanata y en general al mundo del periodismo, la política, la sociología, incluso hasta al gobierno le interesó (vaya ocurrencia). La venganza como estrecha conexión al concepto de sanción o castigo, también estuvo signada al cabo de la historia, por entelequias espiritualistas, oscurantistas y teológicas como la que representan las palabras "expiación" "mea culpa" o incluso "indulgencia", "penitencia", "excomunión", "extremaunción", etc. Mejor no filosofar sobre palabras como "perdón", "arrepentimiento" o "castigo" porque de eso ya se encargó Derrida, Foucault y otros avezados "lingûístas".  


Es decir, que cuando el dogma del Vaticano logró unificar poder religioso con poder económico y político, le sumó al régimen de castigos penales de tipo terrenal, un régimen de tipo divino, mucho mas cruel y violento. Los "culpables" no solo debían soportar tremendas torturas y ejecuciones, tal el caso de la hoguera, sino que ademas se moría con la consigna de que en el "otro mundo", seguirías ardiendo eternamente en el infierno. La pena era extrema y terrible, que es lo que suelen pedir los "buenos" de manera contumaz y recurrente, como ahora. Pero ¿ustedes creen que semejante castigo acabó con las "anomias"?. Esta claro que NO. 

A partir de fines del siglo XIX y sobre todo en pleno siglo XX, se introduce la idea de "Disuasión", "Protección de los ciudadanos" y "Rehabilitación del delincuente". La política de disuasión, responde a la génesis del régimen de castigos dogmáticos, pero esta vez en manos de un estado laico, quién mediante un código penal, se establecen prohibiciones. Sobre la violación a estas prohibiciones, se estipula un compendio de amenazas generalizadas. Es decir, que el pueblo comenzó a vivir bajo el yugo del miedo a la justicia del Estado. 


Un Estado manejado por unos pocos, quienes siempre entendieron que algunos merecían mas justicia que otros, en especial si eran de la "propia tropa" o "de gente como uno". 

Pero los problemas que vemos hoy en día en Argentina, parten de la pesquisa doctrinaria que tuvo como misión la "rehabilitación del delincuente". ¿Cómo se rehabilita un delincuente cuando desde que nació fue formado bajo las estigias de la "anomia" como regla?. Como verán, siempre es mas fácil hablar y teorizar que solucionar. 


  



Y acá es donde comienza este "fabuloso" mundo del Garantismo. En Argentina, muchos cuando escuchan la palabra "garantismo" como acción refleja, ipso facto piensan en Eugenio Zaffaroni. Zaffaroni, afamado jurista argentino que despierta tanto admiración como rechazo, desprecio y enfado. Pero Zaffaroni no inventó el garantismo, solo fue quien lo adaptó a nuestra kafkiana república, y así quedó. En Argentina, cualquier filosofía o dogma, se transforma en otra cosa. 


Para los que estudiaron derecho en la Universidad, la palabra "garantismo", necesariamente los remite a la obra "Derecho y razón" de Luigi Ferrajoli, siendo el principal autor de la llamada teoría del Garantismo, teoría, que tiene por fundamento la tutela de las libertades individuales frente al ejercicio arbitrario del poder, especialmente en el Derecho Penal; en otras palabras, es un modelo orientado a garantizar derechos subjetivos, y que normalmente designamos como garantías y derechos.

Ferrajoli, italiano de nacimiento, reconoce, que este garantismo no es exclusivo del derecho penal, ergo que existe un garantismo patrimonial, garantismo social y el que nos interesa para este análisis: garantismo liberal o garantismo penal, y con este nombre, Ferrajoli designa a las técnicas establecidas para la defensa de los derechos de libertad, pero sobre todo la más importante, la libertad personal, frente a intervenciones policiales o judiciales arbitrarias. 


El garantismo que postula Ferrajoli (la cual suscribió Zaffaroni), está vinculado a la tradición clásica del pensamiento penal liberal y la exigencia de minimizar el poder punitivo del Estado, mediante el estricto sometimiento de las autoridades a la ley; en concreto, a las normas constitucionales que regulan los procesos penales. Los límites del actuar de la autoridad que Ferrajoli sostiene son dos: las garantías penales sustanciales y las garantías procesales, las primeras se orientan a minimizar los delitos, es decir, a reducir al máximo lo que el poder legislativo puede castigar; por su parte, las garantías procesales se orientan a minimizar el poder judicial, a reducir al máximo el margen del arbitrio y la discrecionalidad en esta materia.



Tres son las tesis que postula esta teoría:



1.- La primera, es que existe un nexo indisoluble entre garantías y justificación externa del derecho penal, es decir, los fines que lo justifican, se orientan a regular y minimizar la violencia punitiva, las garantías son las fuentes que justifican al derecho penal, como alternativa a la anarquía de las reacciones de los ciudadanos que se produciría ante la ausencia del derecho penal. Según esta tesis, el derecho penal solo se justifica si además de prevenir los delitos, logra minimizar la violencia de las reacciones al delito, por lo que debe convertirse en un instrumento de defensa y garantía de los ciudadanos, pero además de esa minoría desviada que delinque. Este es un paradigma de tipo abolicionista de la teoría tradicional retribucionista de la pena, pues lo que se persigue "en teoría" es proteger al más débil, o sea en el delito al sujeto pasivo, en el proceso al imputado y en la ejecución al reo.



2.- La segunda, es que existe un nexo igualmente indisoluble entre garantías y legitimación interna de la jurisdicción, la pregunta para entender esta tesis, es ¿Qué es lo que las constituciones establecen como límites a la mayoría?, la respuesta, según esta teoría, es que esencialmente ofrecen dos respuestas:
a) La igualdad de los ciudadanos, sean desviados por "anomia" o no.
b) La garantía de sus derechos fundamentales, ante todo la vida y la libertad personal, que no pueden ser sacrificados por voluntad de la mayoría, ni el interés general.







3.- La tercera: como filosofía social, el garantismo es una teoría normativa sobre el deber ser del derecho penal, desde un punto de vista axiológico y teleológico, es un sistema de garantías para todos: los que sufren los delitos, los que sufren los procesos y los que sufren las penas. Esta petit filosofía provee también, la crítica y la deslegitimación externa, de los rasgos de injusticia de un derecho penal en cuanto sea contrario a sus fines justificativos.







Como teoría jurídica, el garantismo se pretende una teoría empírica, basada sobre el deber ser del derecho penal, como tal se identifica con el Constitucionalismo, so regulando la creación del derecho desde el propio derecho; pero además también se pretende una teoría proyectiva, que intenta integrar las lagunas o vacíos legales con las garantías que están presentes en el nivel constitucional pero no en el legislativo, pues identifica los rasgos de invalidez y de incoherencia de las normas y de la praxis judicial, comparadas con el modelo constitucional que garantiza los principios de justicia.



Lo extraño de esta teoría, es que está hecha con muy buenas intenciones, pero con demasiadas abstracciones si tomamos en cuenta que se trata de un tracto jurídico. Como verán tiene mucho de utopía y poco de pragmatismo. Por ende no es cuestionable lo que persigue, sino lo que sucede en los hechos. En síntesis, el garantismo vale como propuesta romántica y humana, pero adolece de utilidad y sustentabilidad, cuanto menos en sociedades como la nuestra en el aquí y ahora. O bien digamos, que no resultó ser una solución a nuestros problemas del pasado y presente, quizás lo sea en el futuro.    
Pero el caso Zaffaroni, merece un par de lineas mas. Mas allá de que se lo cuestionó, incluso judicialmente por tener 6 departamentos de su propiedad alquilados como burdeles; lo mas curioso resulta, comprobar como en un "garantista" de pura cepa, cohabitan ideas liberales y vanguardistas con consignas represivas y punitivas al mismo tiempo. Lo cual enaltece a Zaffaroni, como un hombre de amplia "flexibilidad moral".


   







En mayo de 1980, escribió, en coautoría con Ricardo Cavallero, un trabajo denominado "Derecho penal militar". En él sostiene que hay casos en los que no es inconstitucional la supresión física del infractor. También argumenta sobre la necesidad de que, en casos de excepción, se promulguen bandos militares que tipifiquen delitos para militares y para civiles. El libro fue publicado el 26 de mayo de 1980, en plena dictadura, y plantea posiciones incompatibles para con el Zaffaroni garantista de nuestros días, como la justificación de la pena de muerte a los delincuentes, o la validez de los bandos militares y civiles para crear tipos penales diferenciales. Hoy "Zaffaroni" se ha convertido en el patronímico de "zafar" en materia política: "Yo...zaffaroni". 


En resumen, hoy cuando hablamos de "políticas o doctrinas sobre la justicia penal" nos referimos a las llamadas "teorías jurídicas del delito", quienes serían la ordenación de las reglas y criterios de imputación en un sistema reglado; ya que dichas doctrinas agrupan ordenadamente las categorías y conceptos sobre los que se basa la imputación de responsabilidad por la perpetración de un hecho delictivo. Son conceptualizaciones que enuncian diversos autores y que coinciden en afirmar que la teoría del delito, representa una parte de la ciencia del Derecho Penal que se ocupa de explicar qué es el delito en sentido genérico, descomponiendo el concepto de delito en un sistema de categorías jurídicas, en requisitos o elementos que facilitan así la aplicación de la ley penal.



Válido resulta mencionar la estimación doctrinaria de Roxín, sobre las categorías tradicionales del delito (acción, tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad) que las estima pero en forma reestructuradas conforme a las directrices de la Política Criminal. Los enunciados de Jakobs, en su teoría sobre el funcionalismo sistémico, por el contrario, retracta la concepción tradicional del delito y diseña su sistema apoyado en las ideas del sociólogo alemán Niklas Luhmann.




Cabe reiterar el estudio sistémico que hace Zaffaroni quién "no reconoce ninguna validez científica a ninguna teoría positiva de la pena", y de Ferrajoli sobre la teoría del garantismo antes mencionada. Este despliegue de definiciones del delito que proponen los autores citados y otros ilustres penalistas, y de cada uno de sus elementos, muestran la enorme variedad de sentidos en que se puede entender a la teoría del delito. Vaya paradoja, para un ciudadano común, el delito es algo muy sencillo de definir y comprender - eso creemos. 










Según Goffman, la teoría del derecho penal se reduce a la dialéctica de "crimen y castigo". Claro que Goffman sabe mucho de derecho, pero no es un lingûísta; porque de pretender ser una dialéctica, deberíamos utilizar "Premios y Castigos". Y acá es donde tenemos el primer punto donde empezar a filosofar con "seriedad". ¿Por qué la sociedad castiga la anomia y no premia el cumplimiento de la norma?. Quizás debamos ponernos de acuerdo en el significado de algunas palabras, aunque con "anomia" me conformo por ahora. 



¿Cuál es la anomia en la naturaleza social del hombre?. ¿Qué dice nuestra naturaleza sobre nosotros mismos?. Porque parecería ser, cuanto menos eso es lo que evidencia la opinión y creencia de las mayorías; que la anomia es el apartamiento de la ley. En otras palabras, sería algo así como vivir al margen de la ley. 



Modernas instalaciones y lujosos ambientes, posee la prisión donde se alojará el asesino serial noruego.  Foto:  Archivo 

INSTALACIONES DE UN PENAL NORUEGO



Para la filosofía moral mas ceñida, es el hombre quien hace las leyes, no al revés...¿cómo podría el hombre vivir al margen de algo que él mismo hace?. Lo lógico es asumir que el hombre puede modificar sus leyes cuando no está dispuesto a cumplirlas. El hombre vino al mundo antes que las leyes, aunque hoy muchos piensen en términos de la ley como un todo poderoso dotado de don divino, ergo supersticioso. Esta claro, el hombre es quién crea sus propios dioses y fetiches, para luego someterse a él en total estado de éxtasis e inconsciencia.



Durante mucho tiempo la pena por la anomia, era el destierro. Lo cual lejos de significar una solución, representó un nuevo problema; pues los desterrados, convictos o "prófugos", comenzaron a agruparse en las afueras de las ciudades donde fundaron nuevas idiosincracias o códigos tácitos de convivencia para poder organizarse y protegerse entre si. Con el tiempo, estas nuevas sociedades cobraron tal preeminencia, que obligaron a los "buenos" a pactar acuerdos con los soberanos de otras ciudades para que los "no deseables" no se salieran con la suya. Lo cual no dista mucho de lo que sigue sucediendo por estos días, con las villas miserias o barrios periféricos rotulados por el acervo popular como "marginales". 





Durante mucho tiempo se hicieron caprichosas ataduras entre pobreza y delincuencia, cosa que sigue hasta nuestros tiempos. Pero podemos probar esto: ¿Los delincuentes son el resultado de la pobreza?. No, no hay dudas al respecto. Porque de hecho, hubo y aun hay etnias primitivas muy pobres donde el robo, por ejemplo, casi no existe. ¿Alguna vez leyeron una noticia donde un Wichi o Colla haya robado un camión de caudales, haya arrebatado una cartera o protagonizado una salidera de un banco en argentina?. Yo los veo, en apariencia muy felices o resignados, en sus ranchos o chozas de adobe en lugares natales o de origen. No parece gente peligrosa. De hecho mas del 90 % de los pobres, no son delincuentes. Entonces ¿qué nos está pasando?.




Es un tema lindo de investigar con seriedad, es decir sin ideologías ni dogmas que la contaminen, pues nadie sabe a ciencia cierta cómo se soluciona el tema de eso que llamamos "inseguridad". ¿Qué es la inseguridad?, al parecer cuando hablamos de inseguridad, procuramos indicar a la seguridad o estabilidad que creo merecer sobre la integridad de mi vida y salud física, como asimismo el derecho que asumimos tener sobre nuestras posesiones de cosas. En otras palabras: que no me maten, no me lastimen, ni se metan con mis cosas. Claro que el tema de la seguridad del hoy es algo mucho mas complejo en su simplicidad.

Volviendo al tema de la "anomia", pero ¿qué pasa cuando una sociedad se ha vuelto decadente y corrupta?. ...






La sociedad argentina es la mas fiel expresión de "anomia colectiva", donde la delincuencia atraviesa de arriba hacia abajo, cada uno de los estratos o segmentos socioeconómicos. Somos gobernados por corruptos, que utilizan como fuerza de choque militante a corruptos de clase media y a los pobres. Es un sistema que recompensa la "anomia bien hecha" y parece castigar a quienes se mantienen presos de preceptos morales autoimpuestos. 



Los "antinómicos" en una sociedad amorfa e inmoral como la nuestra, son los honrados, los decentes los bendecidos por un espíritu humilde y superior. Claro que cuando debatimos sobre inseguridad, preferimos dejar a nuestros caudillos bajo la protección de nuestros idealismos y fundamentalismos, porque la "anomia" de juzgarlos y condenarlos nos expondría ante nuestras propias "normales anomias".   

Un caso que puede ejemplificar esto que digo, fue el caso de los saqueos de televisores, electrodomésticos, computadoras, etc; que se dieron en Córdoba y que luego se extendió a todo el país. En esa movida que comenzó con un paro en protesta por parte de la policía cordobesa, se pudo comprobar como vecinos y "gente buena" se sumó al vandalismo para demostrar que nuestros valores morales se sostienen con tan solo el oportunismo. 

Los dirigentes políticos vernáculos han sido los mejores maestros en estas artes. En síntesis, creer que se roba o delinque por mera pobreza es una creencia absurda, reduccionista y arbitraria. ¿Por qué roba Cristina,  Macri, Boudou, Jaime o  los gobernadores?.


¿Por qué robaron los que los antecedieron?. ¿Acaso Nestor Kirchner o Carlos Menem robaron porque eran pobres?...¿Y los empresarios (no todos por cierto)?

Y por otro lado, supongamos que promulgamos un nuevo código penal, con penas muy dura, incluso llegado el extremo de implementar la pena de muerte: ¿ustedes creen que tendremos menos "anomia"?. Pues visto está en EE.UU, por ejemplo, que la pena capital no hizo ninguna diferencia. 

filosofia

Señores, la anomia como tal no existe. Lo que existen son patrones dogmáticos o si prefieren heurísticos de conductas, comportamientos, sentires  y creencias que a veces son muy moralistas y en otras extremadamente libertinos. La paradoja del populismo, es venderse como intervencionistas e igualitarios ergo enemigos del liberalismo, pero recreando para si una filosofía de vida, que termina imponiendo valores o estereotipos sociológicos, donde los sesgos cognitivos terminan eclosionando en tópicos de caótico sentido de libertad.

En ese sentido de libertad extrema de lucha ante el imaginario "opresor" cae como victima también el Estado, y con éste, su gobierno. Porque el irrespeto por la autoridad que dispone por antonomasia el concepto tácito de "orden social", no posee límites naturales en esa alocada y furiosa lucha por defender los derechos de ínfimas minorias monómicas. Todo orden social moderno, implica la inversión o aporte voluntario de parte o una porción de nuestras libertades individuales en beneficio del "todo", para que todos funcionemos en armonía como sociedad civilizada.  
La defensa de los derechos del delincuente debe hallar un límite o estar subordinado al derecho del ciudadano que cumple con los preceptos morales necesarios para la vida en sociedad, cuanto menos en una sociedad que pretende ser moderna y como tal organizada.


En un país, donde un "barrabrava de fútbol" o un "ocupa" resultan premiados por esta filosofía de defensa a la excepcionalidad a lo normal, no podemos pretender que los hombres y mujeres no dejen de pensar retropectiva y proyectivamente que cumplir la ley es cosa de imbéciles.   

Modernas instalaciones y lujosos ambientes, posee la prisión donde se alojará el asesino serial noruego.  Foto:  Archivo 
PRISIÓN NORUEGA

Para finalizar, diré que cuando una sociedad tiene en claro su identidad y lo que quiere de si y para si, no necesita de un marco jurídico que la guíe, porque la sola idiosincracia los lleva como vías de un ferrocarril. En Suecia no necesitan carteles de "No arroje residuos al piso", porque la sociedad ya tiene hecho carne la costumbre del cuidado de los espacios públicos. Tampoco necesita una sociedad como la Noruega debatir sobre qué tipo de "doctrina penal" desea, porque las mayorías han decidido con claridad qué tipo de orden deben seguir.  

  Modernas instalaciones y lujosos ambientes, posee la prisión donde se alojará el asesino serial noruego.  Foto:  Archivo 
IMAGEN DE UN CALABOZO EN PRISIÓN NORUEGA

Son las sociedades quienes crean las leyes, y justamente el insaciable apetito por mayor cantidad de leyes penales y el pedido de penas mas duras, son prueba insoslayable de que la anomia ya contaminó a toda esa sociedad. Tampoco la ideología es un buen argumento, porque en países como Rusia, Cuba o China, jamás pasó lo que pasa en Argentina. Tampoco pasa lo mismo en EE.UU o Europa. Porque la diferencia está en la aplicación que se la da a la ley, no la ley en si misma. 

En los países "normales" una pena de 30 días se cumple. Acá una de tres años queda en suspenso. ¿Para qué amenazar con una sanción de 3 años, si de antemano se sabe que no se aplica en los hechos?. ¿Cuál es la practicidad de esto, sino es el de agigantar la enorme burocracia que ya tenemos?. Cuando debatimos sobre inseguridad, de seguro estamos hablando de justicia e injusticia, por solicitar la primera y quejarnos ante la segunda. Hay que entender que la "seguridad plena" también es una utopía, pero este tipo de dilemas es una verdadera estupidez. Sea de izquierda, derecha o lo que quieran, toda sociedad necesita de un orden, y ese orden no puede ser tal, sino se privilegian los derechos de las mayorías, asumiendo que esas mayorías no son delincuentes. 


En Argentina, no defendemos los derechos de las mayorías, no defendemos correctamente los derechos de las minorías, ni tampoco nos ocupamos de la rehabilitación de los presos o delincuentes, por ende el "garantismo" pasa a ser el "aire acondicionado" del polo sur. Algo simbólico, pero carente de utilidad en momentos, donde lo que necesitamos son señales claras de recuperación moral, ética y espiritual. 


Un gran salto hacia adelante, lo daremos el día en que empecemos a juzgar y condenar a todos los políticos corruptos y delincuentes que nos gobernaron y gobiernan, porque para dar ejemplos diáfanos mejor empezar desde arriba. Ojo, encarcelarlos con el fin de lograr su distópica "rehabilitación", con Zaffaroni incluido, obvio. Si empezamos ahora, quizás en 100 años mas, logremos tener algún que otro funcionario que no conciba lo público como medio de enriquecimiento. Mientras los partidos políticos en el gobierno, se sigan moviendo como auténticas asociaciones ilícitas ergo mafias, poco podemos pedirle a las abstracciones como: "la ley" y "la justicia".   

La injusticia comienza, cuando los justos se hallan imposibilitados de llegar al poder. Buen día.- 
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+ comentarios + 4 comentarios

6 de abril de 2014, 13:04

Excelente análisis Diego, como de costumbre. Besitos

Anónimo
6 de abril de 2014, 16:15

Muy pero muy bueno. Comparto en casi todo. Felicitaciones al autor. Silvina Echeverry

Anónimo
9 de abril de 2014, 8:27

100 % de acuerdo. MGR

Anónimo
11 de abril de 2014, 12:13

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