Con ustedes, señores, Lina | PERIODISMO DE ESCRITORES

Con ustedes, señores, Lina

lunes, 25 de agosto de 2014 0 comentarios



Escrito por Eduardo Mizrahi

@copyright 


Sara no habla castellano. Ha llegado de Rusia hace un año. El primero que ha pisado Buenos Aires es Abraham. Apenas ha sido posible, ha logrado embarcar a su esposa y a su hija. 

La pequeña Olga, con tres años, es la maravilla de la familia. De tez blanca como la leche, sus rulos rubios ensortijados serían la envidia de cualquier pintor renacentista. Sus ojos son claros. 

Pronto dejará de ser la única receptora de las caricias de su dulce madre. Abraham es sastre. Trabaja como dependiente en una prestigiosa casa de trajes a medida. Le pagan mucho menos que lo que genera. Delicias del capitalismo. 

Ha podido escapar del horror de Stalin. Abraham es trotskysta. Sus camaradas revolucionarios han sido declarados traidores al proletariado. Algunos pocos han sido ejecutados. Los más, engrosan la plantilla de los campos de concentración en Siberia. Dura combinación la de ser judío y trotskysta en esa época nefasta que se conoce como stalinismo. No ha conseguido el permiso para emigrar a los Estados Unidos. 

Buenos Aires se ha transformado en el refugio alternativo.El perfil de Sara no miente. Está por agrandarse la familia. El invierno de 1938 muerde los talones de Abraham rumbo a la parada del tranvía. Se dirige al centro, a la sastrería. No hay nada que pueda hacer para morigerar la tragedia que se avecina. 

Sara comienza a sentir contracciones. Respira, respira. El ritmo de las contracciones se acelera. Duele, grita. Le pide a una vecina solidaria que se haga cargo de su hija. La vecina asiente sin palabras y vuelve a ocuparse de los propios y los ajenos. 

Sara busca un taxi. No abundan en los barrios pobres. Camina, camina. Diez, veinte, treinta cuadras. Llega al Hospital Zubizarreta. Está por desfallecer. La empleada del mostrador le pregunta qué desea. Señala su embarazo, hace gestos. La empleada le pide que complete una planilla con sus datos personales. Sara está desesperada pero obedece. La empleada analiza con detenimiento los datos. Con una sonrisa le dice, mientras rompe la planilla: 

- Judíos acá no atendemos. 

Sara no sabe si llorar o reír entre sollozos. Prefiere reír mientras camina tambaleante hasta la entrada del hospital. 

Las personas que se cruzan creen que desvaría. Nadie la detiene. Se sube a un taxi que aguarda en la parada. A duras penas le hace entender al chofer que necesita urgente un hospital, distinto a éste. El chofer arranca el taxi. Conduce a toda velocidad rumbo al hospital público más próximo. Llueve. En una esquina se cruza con un carro tirado por caballos. El vuelco es inevitable. El impacto es tremendo. Pasan varios minutos hasta que llega la ambulancia. Cuando los médicos arriban, Sara, magullada pero viva, ha dado a luz a una criatura que llora con todo derecho. 

Con ustedes, señores, Lina.


Dedicado a Lina Ejchelbaum.
Share this article :

Publicar un comentario en la entrada

 
Letras Opacas.org | |
Copyright © 2011. PERIODISMO DE ESCRITORES - All Rights Reserved
Template Created by Creating Website Published by Mas Template
Proudly powered by Blogger
Conseguir la ú…e Flash Player Blogger {{Usuario escritura-4}}