Filosofía: Ser y no ser en la nada siglo XXI | PERIODISMO DE ESCRITORES

Filosofía: Ser y no ser en la nada siglo XXI

sábado, 3 de enero de 2015 1 comentarios



Escrito por Lic Ramón D. Peralta



INTRODUCCIÓN






Hace mucho no escribo. Aun convaleciente de mi última cirugía, aquí estoy nuevamente. Eso parece. Confieso que el gran esfuerzo está en cada comienzo. Me cuesta horrores comenzar a escribir. Los prólogos y las introducciones son estratégicos desde lo literario, desde lo humano también. Quizás por ello, "los que pueden", prefieren que los inicios queden en manos de terceros u otros escritores, algo mas propio digamos. Yo no puedo, y desconozco si quiero. 



Pensando en el tema de fondo, imaginé ¿cuál sería el efecto en vosotros, si empezara afirmando que todo lo que dije y diré es mentira?. ¿Cuál es la valoración de la mentira en el sentido de la verdad cuando uno manifiesta cabal responsabilidad sobre las propias limitaciones?. ¿Es acaso, mas detestable el sincericidio, que el éxito del gran y eterno simulador?. Pues en todo caso, soy un gran simulador con ganas de confesar sus mentiras, de tal manera que la verdad no sea una molestia. ¿Cuál es la conciencia del hombre "normal" respecto de si mismo en su vinculación con la realidad, si toda explicación sobre nosotros mismos se resume en algunos clichés?. Hoy la evidencia, se toma vacaciones. 



Según algunas encuestas, tan creíbles como nuestra voluntad de creer; la "corrupción" ocupa el último puesto en una predeterminada escala de preocupaciones políticas en la sociedad argentina. Es decir, que a la hora de votar, el argentino promedio antepone muchas exigencias y reivindicaciones de cambios, excluyendo cualquier tipo de componenda moral, ética y espiritual. Definitivamente, la corrupción no nos importa demasiado. 



Hoy está como tema de actualidad, la difusión periodística de Hotesur, empresa de la familia Kirchner, quién no ha presentado sus balances (entre otras cosas), llegando "al siquiera": de que su domicilio declarado sea "real". Sin entrar en temas "complejos", como el intentar saber cómo los Kirchner amasaron su tremebunda fortuna, cuando el grueso de su carrera laboral transitó por la administración pública (contra toda matemática posible), porque sería una pérdida de tiempo y una infausta profanación de la anti-imaginación; solo preguntaré ¿Qué ser se pregunta realmente por el "ser?. 



Nietzsche en varios enunciados, sobre todo, en su comprimido texto "Sobre Verdad y Mentira", bosquejado bajo una impronta extramoral (que vió la luz, como póstumo en 1903), va aclarando que la fuente original del lenguaje y del conocimiento no está en la lógica sino en la imaginación. En la capacidad radical e innovadora que tiene la mente humana de crear metáforas, enigmas, símbologías y modelos. El mundo de la ciencia se construyó sobre las arenas movedizas de ese origen. Quizás deberíamos asumir esto como una paradoja mas, pero no lo es. 







LA MENTIRA Y LA VERDAD, MANCOMUNADOS POR EL DOGMA



Desde hace algunos años, mediante la manipulación de los datos estadísticos del Indec, nuestra sociedad, sin darse cuenta, ingresó a una nueva Edad de Apología de lo Invisible. Donde unos y otros debatían sin debatir, las magnitudes de lo invisible. 



Que somos seres esencialmente "visuales" no es ninguna novedad. De todos los sentidos, nuestra mente prefiere el visual. Ver para creer. Y aunque internet se haya encargado sin éxito, de llevar a cada rincón del planeta, la teoría del conocimiento, poco parece haber aportado. Los ignorantes, no claudicaremos en nuestra lucha por preservar nuestra condición. 


Probado está, la enorme precariedad de nuestros sentidos, pero en especial el que nace de nuestros ojos. La magia, nos hace creer cosas inexistentes justamente gracias a esa imperfección que poseemos de fábrica. Engañar los sentidos, especialmente en el hoy, es cosa de niños. ¿Qué es lo que vemos detrás de cada palabra de nuestra presidente, de un dirigente opositor o de un artículo periodístico? Entonces, ¿por qué seguimos insistiendo en galimatias como "ver para creer"?.

Nosotros nos preguntábamos hace un rato ¿dónde colocar la verdad?, ¿qué es la verdad? y con magna brillantez Nietzsche ha contestado:
"¿Qué es entonces la verdad? (...) Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes. Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal." 
Con razón podemos constatar que hay mucho Kant en la epistemología de Nietzsche. Si llevamos esta teoría suya del conocimiento a la descripción de una ley de la naturaleza, él mismo se pregunta y él mismo se contesta en el pequeño libro que escribe: "¿Qué es en suma para nosotros una ley de la naturaleza?" E igual que un discípulo de Kant con su lección de la "Crítica de la razón pura" bien aprendida, nos contesta:
"No nos es conocida en sí, sino sólo por sus efectos. Y sus relaciones nos resultan completamente incomprensibles en su esencia. En realidad sólo conocemos de ellas lo que nosotros aportamos: el espacio y el tiempo, por tanto las relaciones de sucesión y los números." 
Así, Nietzsche se refiere expresamente a la metafísica trascendental que él había vituperado cien veces en sus obras, para acabar indicando que: 
"(sic)...como la araña teje su tela, así estamos obligados a concebir todas las cosas sólo bajo esas formas. Y así, toda la regularidad de las órbitas de los astros y de los procesos químicos, regularidad que tanto respeto nos infunde, coincide en el fondo con aquellas propiedades que nosotros introducimos en las cosas, de modo que, con esto, nos infundimos respeto a nosotros mismos."

SER y NO SER EN LA NADA


Una vez, alguien me dijo: "el estudio formal de la filosofía en profundidad, destruye la filosofía". Hoy entiendo esas palabras. Estudiar y memorizar la filosofía, se convierte en algún punto en una teoría mas del conocimiento que se comprueba a si mismo, como una ontología holística y sigilosamente estocástica, como aquella epifanía del método que tanto embelesaba a Apolo, y sus heréticas virtudes fenomenológicas. El pecado de buscar la verdad, con solo método y razón, sabe a dogma, extraña religión.

¿Por qué no explicar los sentimientos con música, mis pensamientos con silencio, y mis miedos con mas miedos?. Pero solo la filosofía puede curar a la filosofía, y eso, siendo antojadizo, parece cierto. Hay algo superior a la filosofía, pues existe por fuera de la razón, por fuera de la voluntad de ser conciencia humana y aunque ser en cuanto desconcierto dado por incierto, vayamos por él.



El sempiterno "Ser" como atributo filosófico heredado de los griegos, a quien temerariamente se le adjudica la potestad de una entidad capaz de definirse a sí misma frente a un espejo imperfecto, ergo la conciencia del existir "en si mismo" con un precepto líquido, de también ser "para si" sin importar el espacio que nos pongan por delante; es uno de los puntos de apoyo de la filosofía, un pilar, quizás, del que se tienen mayor cantidad de copias y esfuerzos. 



Ser es el más general de los términos. Con la palabra "Ser" se intenta abarcar el ámbito de lo supuestamente real en el sentido ontológico general, esto es, la realidad por antonomasia, en su sentido más amplio: "realidad radical o absoluta". El Ser es, por tanto, un trascendental y universal, aquello que trasciende y rebasa todos los límites del ente sin ser él mismo un ente, es decir, sin que ningún ente, por muy amplio que sea y se presente, lo agote. Dicho de otro modo: el Ser desborda y supera dialécticamente el mundo de las formas, el mundus asdpectabilis, trasladándose en otro contexto, "más allá del horizonte de las focas", más allá de toda la "morfología cósmica".



A partir de las reflexiones anteriores, Sartre concluye que otra dimensión fundamental del para sí, es la libertad: dado que el "para-sí", no es,  - tiene que hacerse -; así, por su libertad, el hombre es su propio fundamento. De aquí, se deriva el principio característico del existencialismo: "la existencia precede a la esencia", "no hay una naturaleza humana": el hombre no tiene ser, por lo que, sólo le cabe hacerse y ser aquello que, ha querido ser. La libertad absoluta del hombre da lugar a los sentimientos de angustia, desamparo y desesperación, sentimientos que abren la puerta a la conducta de mala fe, u ocultación de la propia responsabilidad y muestra de la tentación de ser una mera cosa. Quizás por ello el dogmático, obtenga en ese sometimiento voluntario hacia el líder y su dogma el placer que provoca toda abdicación ante la propia responsabilidad y culpa. Es arteramente estresante y hasta flagelario, el rol del librepensador, en especial, solitario. Eso explica también, las enormes distancias que separan al filósofo docente, divulgador y comunicador del filósofo pensador y creador o, - filósofo a secas. 



Como para todos los filósofos existencialistas, la temporalidad es también para Sartre una categoría fundamental en la comprensión de la realidad humana; la vida humana se desenvuelve en las tres dimensiones de la temporalidad, pasado, presente y futuro. Como doctrina de la acción, el existencialismo señala la importancia del presente, pues sólo en el acto encontramos realidad, pero como doctrina de la libertad acaba otorgando al futuro la primacía en el mundo humano: es el futuro lo que nos mueve, e incluso lo que hace inteligible mi presente, pues éste sólo es real y tiene un sentido para mí en tanto que es un medio para alcanzar mis fines, en tanto que es una fase para la realización de mi proyecto.


Finalmente, en el interior del para-sí, se encuentra la tensión o disposición hacia el otro, se encuentra el, "para-otro". O, en términos más sencillos: la sociabilidad humana, el necesitar de los otros hombres, es también uno de los rasgos fundamentales del "para-sí".

Sin embargo, la pregunta por el "Ser" no corresponde solamente a occidente, y los filósofos antiguos de China desarrollaron independientemente posiciones acerca del ser. Ya Laozi hace en el siglo VI a.C. la distinción entre ser y no-ser. Luego, las escuelas neo-taoístas (Wang Bi, Guo Xiang, etc.) harán prevalecer el "no-ser" sobre el Ser.

Desde la introducción, habíamos previsto descubrir la conciencia como una llamada al ser, y habíamos mostrado que "el cogito" remitía inmediatamente a un "ser-en-sí" objeto de la conciencia. Pero, después de descubrir el En-sí y el Para-si, nos había parecido difícil establecer un nexo entre ambos, y habíamos temido caer en un dualismo insuperable. Este dualismo nos amenaza, además, de otra manera: en efecto, en la medida en que puede decirse que el Para-si, es, nos encontrábamos frente a dos modos de ser radicalmente distintos: el del Para-sí, que tiene de "ser" lo que "es", es decir, que es lo que no es y que no es lo que es, y el del En-sí, - que es lo que es -. Nos preguntamos entonces si el descubrimiento de estos dos tipos de ser, no termina en el establecimiento de un hiato que escinda al Ser, como categoría general perteneciente a todos los existentes, en dos regiones incomunicables, en cada una de las cuales la noción de Ser debía ser tomada en una acepción originaria y singular.



El hecho del estar presente la conciencia ante sí misma, es un signo de la existencia de una cierta dualidad o separación en el interior de la conciencia, pues no parece posible el conocimiento de uno mismo, sin una cierta distancia. Sartre se pregunta por lo que en el interior de la conciencia separa a, ésta, de sí misma y permite su presencia ante sí misma, su ser consciente de sí. Eso que separa, no puede ser ninguna cosa, es más bien un no-ser, es la nada. Mientras que el ser-en-sí es lo lleno, lo macizo, el ser pleno, el ser-para-sí, la conciencia....., está hueca, en ella hay un vacío, una escisión, una cierta nada. 



El hombre se convierte así en el ente por el que la nada adviene al mundo. Esta nada presente en el interior del hombre es lo que le hace ser libre, le permite estar abierto siempre al futuro y nunca identificarse completamente con su ser actual: "El para sí, no es lo que es, y es lo que no es".



En el hombre podemos distinguir dos niveles de ser distintos, el propiamente humano y libre, y la parte común con los seres no humanos, la dimensión de cosa u objeto, la existencia ya hecha; a esta última la llama Sartre "la facticidad del para-sí" y tiene cuatro aspectos principales:

1. el hombre es cosa, en primer lugar, por su cuerpo; es un cuerpo entre los demás cuerpos;

2. el hombre es facticidad por su pasado: el pasado es la parte de nosotros que ya está hecha, terminada, y, como tal, que no podemos modificar; en tanto que busco realizar una meta hago mi propio ser, soy sujeto, pero en la medida en que tengo una historia, una biografía, ya soy, tengo rasgos con los que debo contar, que me pueden definir, soy un objeto;

3. el hombre es cosa también por su situación la circunstancia concreta que nos toca vivir puede limitar nuestras posibilidades de escoger; precisamente la libertad apa­rece como un enfrentamiento con la situación, como el afán de dejarla de lado, de superarla;

4. finalmente, y en el límite, la muerte nos convierte definitivamente en una cosa, en algo ya fijo, establecido; y la muerte es algo gratuito pero inevitable, está fuera de mis posibilidades, está más allá de mi subjetividad. Con ella culmina el absurdo de la existencia: "Es absurdo que hayamos nacido, es absurdo que muramos".

Los problemas los tenemos hoy, con un Sartre y un existencialismo por fuera de la Edad Cuántica. Por mencionar solo un ejemplo: "El espín, para la física de partículas, es un momento angular intrínseco que se refiere a una propiedad física de las partículas subatómicas, por la cual toda partícula elemental tiene un momento angular intrínseco de valor fijo. Se trata de una propiedad intrínseca de la partícula como lo es la masa o la carga eléctrica."



El espín proporciona una medida del momento angular intrínseco de toda partícula. En contraste con la mecánica clásica, donde el momento angular se asocia a la rotación de un objeto extenso, el espín es un fenómeno exclusivamente cuántico, que no se puede relacionar de forma directa con una rotación en el espacio. La intuición de que el espín corresponde al momento angular debido a la rotación de la partícula en torno a su propio eje sólo debe tenerse como una imagen mental útil, puesto que, tal como se deduce de la teoría cuántica relativista, el espín no tiene una representación en términos de coordenadas espaciales, de modo que no se puede referir ningún tipo de movimiento. Eso implica que cualquier observador al hacer una medida del momento angular detectará inevitablemente que la partícula posee un momento angular intrínseco total, difiriendo observadores diferentes sólo sobre la dirección de dicho momento, y no sobre su valor (este último hecho no tiene análogo en mecánica clásica). Es decir que un Bosón de Higs es un ser en si, pero no es para si, dependiendo del azar y, sus huellas entrópicas y sus aleaciones estocásticas (entre otras). Incluso será todo y nada simultáneamente. Ya que su existencia responde a un momento angular e instersticial hipercelerado. 



Claro que éste ser introyectado en el no ser , es asimismo nada, dependiendo de su propio ser y de quien lo observa. Esta pista, explicada de manera simple y coloquial, nos obliga a pensar en una existencia del "ser" que observada a grandes velocidades de movimiento en el universo no parte de la nada, para transitar los diversos estadíos del ser y el no ser, ya que en rigor la nada, el ser y no ser, serían la misma entidad en movimiento permanente. Lo cual pondría al existencialismo, luego de su autopsia; en un plano nítidamente metafísico en la medida que se estaría probando que la muerte y el tiempo es algo que aun está por fuera de los dominios de nuestra comprensión.     



La existencia del bosón de Higgs y del campo de Higgs asociado serían el más simple de varios métodos del Modelo estándar de física de partículas que intentan explicar la razón de la existencia de masa en las partículas elementales, es decir que el vacío también sería un ser, ésta vez, un ser para si y en si. Esta teoría sugiere que un campo de bosones impregna todo el espacio, y que las partículas elementales que interactúan con él adquieren masa, mientras que las que no interactúan con él, no la tienen. Vaya problemas en el que nos metimos. Insisto ¿para cuándo la filosofía cuántica?...porque es hasta reduccionista y minimalista seguir circunscribiéndola como una subdisciplina de la Filosofía de la Ciencia.


La parte de nosotros que va más allá de las cosas es la subjetividad, la conciencia. Que seamos cogito implica en filosofía al menos lo siguiente:

  • que nos relacionamos intencionalmente con las cosas: las queremos, detestamos, conocemos, recordamos, deseamos, imaginamos... 
  • que somos conscientes de nosotros mismos: este ser conscientes al que se refiere Sartre no es el conocimiento que de modo temático, explícito, podemos alcanzar de nosotros mismos; en realidad, piensa Sartre, en esta forma de captarnos a nosotros mismos nos captamos como objetos, no como sujetos; sin embargo existe un conocimiento más básico de nuestra subjetividad: antes de cualquier acto de reflexión o de conciencia temática de sí mismo, la conciencia tiene cierta noticia de sí mismo (a esta consciencia la denomina "cogito prerreflexivo" o "conciencia no-tética de sí"): Por ej. miramos un paisaje, pasa un tiempo y recordamos haberlo mirado; cuando vivimos en este recuerdo somos conscientes de nosotros mismos de forma temática, nuestro tema, el objeto de nuestro conocimiento, es nuestro haber contemplado el paisaje, como en la vivencia primera nuestro tema era el paisaje mismo; pero cuando en esta vivencia primera nuestra atención estaba dirigida al paisaje, también, aunque de un modo indirecto, éramos conscientes de estar mirando el paisaje; éste ser consciente de nosotros mismos cuando mirábamos el paisaje es una forma de autoconciencia y es una dimensión fundamental del "cogito prerreflexivo". Ya desde sus primeros escritos, desde la época de "La trascendencia del ego", Sartre considera que esta presencia de la conciencia a sí misma es un rasgo básico del para-sí: "el modo de existencia de la conciencia es ser consciente de sí misma".
  • Pero también, la ciencia en su evolución, nos enseña que también hay un conocimiento, aunque solo conocido en un grupo reducido de personas; que debemos adicionar a nuestra conciencia, respecto de que existen realidades por fuera de nuestra autocontemplación y autoadoración. Que no somos el tipo de seres mortales que creíamos ser hasta ahora, y que incluso nuestro ser en la materia no es el tipo de ser que el existencialismo pregonaba. Somos solo un proceso inmortal de mutaciones y cambios, donde todo y nada son integrantes de un gran ser que es asimismo su no ser , siendo indistinto si es por si, para si o  en si en la nada, porque de hecho la nada es un ser mas. 

El hecho del estar presente la conciencia ante sí misma es un signo de la existencia de una cierta dualidad o separación en el interior de la conciencia, pues no parece posible el conocimiento de uno mismo sin una cierta distancia. Todos y nadie se preguntan por lo que en el interior de la conciencia separa a ésta de sí misma y permite su presencia ante sí misma, su ser consciente de sí. Eso que separa, no puede ser ninguna cosa, porque es más bien un no-ser en la nada, siendo esa supuesta nada, el desconocimiento. Es decir, sentimos esa nada, solo porque aun la desconocemos. Un científico, que ha visto, conoce y convive con esas escurridizas subpartículas atómicas, comprenderá ésto que procuro decir, mejor que el profano; por ende, se subirá a ésta nueva epistemología, porque de hecho, ya está subido a su propia ontología

 Mientras que el ser siga siendo lo-en-sí,  lo lleno, lo macizo, el ser pleno, el ser-para-sí, la conciencia, estará hueca, pues en ella hay un vacío, una escisión, una cierta nada. El hombre se convierte así en el ente por el que la nada adviene al mundo, porque así es la percepción dogmática de la filosofía clásica pre cuántica. Esta nada cuántica presente en el interior del hombre a nivel intuitivo, es lo que le hace ser libre, le permite estar abierto siempre al futuro y nunca identificarse completamente con su ser actual: El para sí no es lo que es, y es lo que no es, siendo la nada y el todo una misma entidad en perpetuo movimiento. 

Los problemas en nuestras percepciones, son la base de nuestra desorientación, pero previo a eso, existe una cultura conservadora que nos programa en el yerro, ya que nuestra mente necesita de ciertos espacios de libertad por fuera del empirismo, cientifismo y dogmatismo para poder filosofar de verdad. Filosofar es levantar la vista sin necesidad de los ojos, para poder ver donde no se puede ver. Cuando pensamos el futuro, estamos mirando nuestro pasado, y eso amerita otro ensayo.....CONTINUA EN LA PARTE II: VIVIR EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO SIGLO XXI
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Anónimo
24 de febrero de 2015, 19:48

Brillante, original y futurista trabajo. Felicitaciones al licenciado Peralta.

Nadia Gomez Morán

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