Filosofía: terrorismo - un problema de representación | PERIODISMO DE ESCRITORES

Filosofía: terrorismo - un problema de representación

sábado, 10 de enero de 2015 0 comentarios



¡YO NO SOY CHARLIE HEBDO!



Escrito por Lic Ramón D. Peralta



Habré de responder (bajo protesto) a varios mails, donde se me pide opinión sobre el reciente atentado perpetrado en París, al semanario "Charlie Hebdo". También - a pedido -, intentaré hacer lo propio con la supuesta animadversión manifestada por Florencia Saintout, decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, quién tuiteara al respecto: "Los crímenes jamás tienen justificaciones pero sí tienen contextos".

Los debates y discusiones giran en torno a ¿se trató de un ataque a la libertad de expresión?, ¿Se trató de una de las sempiternas provocaciones de oriente a occidente?, ¿Es uno de los atávicos dilemas existenciales entre izquierda y derecha?, ¿Se trata de una declaración de guerra a las repúblicas democráticas?, ¿Es un flagrante desafío del Pueblo Musulmán a los países del primer mundo?, ¿Se trata de una cuestión religiosa o teológica? (...) ¿Se trata de falta de sentido del humor?, ¿Se trata de establecerle límites a la provocación, circunscribir cánones para la tolerancia o simplemente rescatar la pulcritud de la moralidad y el respeto? ¿Se trata de un poco de todo ello? ... ¿De qué se trata?.

Aparentemente nos negamos a darle un encuadre racional a algo que asumimos a priori, como mas complejo de lo que estamos dispuestos a permitirnos. Y aunque estos dos atentados, no signifiquen mas pérdidas humanas que los que acontecen en los accidentes de tránsito, lo que vemos a diario en manos de los delincuentes comunes o el narcotráfico, persistimos en la idea de que esto "está mas allá de lo que percibimos". Por ejemplo, en Argentina mueren 28 personas por día en accidentes viales, y sin embargo no genera una concientización colectiva en el sentido del miedo a la muerte. En México, el narcotráfico ha producido masacres mas cuantiosas, sin embargo, el mundo occidental no se siente aterrorizado, siquiera amenazado en su "digno estilo de vida". Los ataques a la libertad de expresión en Latinoamérica, son cotidianos, sin embargo, no genera ondas expansivas ni "debates existencialistas", como lo vemos ahora.

En EE.UU. cada tanto, asistimos a masacres perpetradas por ciudadanos estadounidenses que terminan agregando nuevas hojas en las "doctrinas y manuales criminalistas del tipo misántropo". ¿Por qué no considerar el ataque a Charlie Hebdo como una expresión mas de inseguridad?....es que acaso el terrorismo ¿no es miembro del mundo de la inseguridad?. Es curioso, porque las fuerzas de seguridad francesas, anunciaron quiénes eran los responsables del atentado antes de que se hayan quitado las máscaras, lo cual, nos hace sospechar que ya los servicios de inteligencia sabían de la potencialidad criminal de estos ciudadanos franceses. Yo me pregunto ¿Por qué se les escapó la tortuga ante sus narices?, so en ese "dejar hacer" se esconde un punto con sombras e interrogantes. El barroco oxímoron de tener fuerzas de seguridad que no son seguras.

La gente no resiste el embate de la ansiedad por opinar, aun a sabiendas que tenemos muy poca información concluyente, o lo que peor, conociendo las gestálticas manipulaciones que hacen los gobiernos y algunos multimedios periodísticos de las noticias - sin embargo -; se prefiere reforzar el propio dogmatismo en eutanasia de la razón pura. Hoy, gran parte de las clases ilustradas mundiales, han incorporado las teorías de la Escuela de Franckfurt, incluso conocen los enunciados del "hombre unidireccional" de Marcuse. No obstante, esa filosofía, hoy pervive en forma de clichés y sus enmiendas.

"Los crímenes jamás tienen justificaciones pero sí tienen contextos" dijo Florencia Saintout. ¿Y qué dijo con esto?....mucho, poco, malo o bueno, banal o profundo, irónico o logorreico, todo o nada, dependiendo del grado de dogmatismo de cada uno. Sin embargo, se conjeturaron muchas cosas. No sé lo que dijo ésta dirigente kirchnerista, necesito mas precisiones...¿Sabe ella lo que dijo?

Si realmente existiera la tolerancia, no existirían las palabras "tolerancia e intolerancia", sinónimo y antítesis del mismo corpus semántico. Sin embargo, la intolerancia vertida hacia las palabras de Saintout provienen de eximios apologistas de la tolerancia. O se tolera o no se tolera, ergo no puede convivir la tolerancia y la intolerancia en idénticas dimensiones "mesoscópicas". Por lo visto, la democracia no es mas que una ilusión de tolerancia prescriptiva en el absoluto dogmático. ¿Por qué nos abruma tanto el lenguaje simbólico?...

En los tres libros de su "Filosofía de las formas simbólicas" de CASSIRER, parte del principio de la filosofía empirista, en cuanto a que la única realidad, es la que registra la experiencia humana. Como decía Nietzsche: ¿qué sería el Sol de no estar los humanos para contemplarlo? Pero Cassirer aparenta abandonar muy pronto el puro subjetivismo empírico, al sostener que el origen del conocimiento no está precisamente en las formas pasivas de la sensibilidad, en los cinco sentidos, sino en las "formas simbólicas" creadas por el ser humano como característica distintiva de su ser.

Abona ésta tesis, en el subjetivismo idealista puro de que los seres humanos, lejos de limitarse a copiar la realidad en su pensamiento, la interpretan y, por tanto, la crean. A diferencia de Marx, quien --siguiendo a Benjamín Franklin— dice que el ser humano es un fabricante de instrumentos donde pone la impronta objetiva de su pensamiento, para Cassirer, esos instrumentos de la creación humana son los símbolos, que crean una realidad "ad hoc" en su cabeza, la "única realmente existente".

¿Y qué es un símbolo en el lenguaje? Es una materialidad sensible o imagen, a la que el sujeto humano, en actitud significante, le confiere un significado ideal o inteligible. La presunta "creación de la realidad" que Cassirer atribuye al ser humano, consiste en el inconsistente significado que confiere a las sensaciones. La característica de un símbolo está, pues, en que la significación del sujeto humano apunta al mismo objeto sensible o cosa que así recibe su significado. La significación de los signos, en cambio, no recae sobre su propia materialidad sensible sino en otra: una bandera roja, por ejemplo, hace referencia al peligro que representa cierta otra cosa, persona o acción que no es la señal misma, una nota musical, a un cierto sonido, etc. Todo aquello a lo que el signo señala con lo que convencionalmente significa, se lo denomina designado.

En el libro "Odiar es pertencer" de Rudy y Eliahu Toker, básicamente se recogen algunos de los chistes mas célebres nacidos a la palestra del mas recordado horror e injusticia de los últimos cien años. Me refiero a la Segunda Guerra Mundial, y mas precisamente a los campos de concentración, donde varios millones de judíos, gitanos y homosexuales (entre otros) fueron ejecutados y torturados.

Los autores Rudy y Eliahu Toker han reunido en estas páginas una antología extraordinaria de chistes, frases, situaciones cómicas y textos (que arrancan, cualquiera sea su formato, como mínimo, una sonrisa filosa) parida bajo la sombra del miedo, la sospecha, la persecución e, incluso, la muerte: es una bitácora de humor que nos traza el camino de como ésta gente pudo sobrevivir al autoritarismo, nazismo, racismo y antisemitismo. La risa como resistencia y aliada de la libertad recorre el nazismo de las décadas del 30 y 40, superviene en los campos de concentración, sobrevive al Holocausto, ergo reconoce los muchos explícitos y velados rostros del autoritarismo y de la discriminación que se replican hasta la actualidad.

Esta loable encíclica del humor antiautoritario, sigue mas vigente que nunca, pues reúne muestras del ácido humor anónimo creado como gesto de resistencia de los pueblos contra los regímenes totalitarios; humor clandestino creado a costa de los dictadores (que son, casualmente, las personas más carentes de sentido del humor). Un humor forjado a fuego contra el etnocentrismo y que viene a contrapelo de otras formas de discriminación, so un humor creado en guetos y campos de concentración como acto de rebeldía y confirmación de la propia condición humana. Es un grito de libertad en medio de la peor situación posible de esclavitud.

Hay quienes dicen que "el humor termina donde comienza el campo de concentración". Sin embargo Rudy y Eliahu Toker afirman todo lo contrario: "donde termina el humor, comienza el campo de concentración". Dicho de otro modo, el humor puede ayudar a resistir, a sostener la dignidad de una persona y a mantener viva la memoria de su estirpe, cuando está sometida a situaciones de opresión extrema, de autoritarismo, de discriminación, de "intolerancia". Hay chistes que sirven para sobrevivir, pero el humor ayuda a vivir mejor. Por eso, éste humor, mi humor, tu humor y esta risa nunca pasan de moda y siguen siendo hoy, más que nunca, el oxígeno imprescindible que nos permite "respirar libertad ". Pero claro, una cosa es el humor como paladín que se sobrepone ante el poderoso opresor, y otra situación muy diferente, se conforma cuando es el poderoso quién emplea el humor contra el débil.

¿Cuál es el límite entre el humor, la moralidad y el irrespeto, sea satírico o no?. Lo que hacía Charlie Hebdo ¿es o no es una gratuita provocación a todo un pueblo, a toda una religión?...es paradigmático, porque los franceses no son célebres precisamente por una trayectoria de elástico plafón humorístico. Porque a diferencia de la resistencia en el humor sostenida por los hermanos Toker, Charlie Hebdo representa todo lo contrario, el poder sobre las minorías musulmanas que habitan el mismo suelo francés.

Me pregunto nuevamente ¿la ilusión de libertad de occidente debe estar cimentada en el vale todo?, dudas que, no deben ser tomadas como una "procaz contextualización o justificación del crimen". Porque en definitiva, lo inteligente es separar en elementos finitos, cada uno de los componentes que conformaron éste desgraciado episodio. Eso de seguir haciendo combos o ataduras dogmáticas en pos de lograr conclusiones deterministas, ya huele putrefacto. La deconstrucción de éste tipo de heurística aporética, se erige como el paradójico devenir del pensamiento occidental, quién nos ha llevado a trasvasar los límites de todo ordenamiento moral y ético. Nos aterra el conservadurismo y tradicionalismo musulmán, porque se eleva como un espejo imperfecto, de lo que alguna vez quisimos ser como comunidad. Occidente ha gustado jugar de juez, victima y verdugo simultáneamente, sin tomar debida consciencia de lo que destruimos en el camino.

Derrida declara que el lenguaje se vuelve constantemente contra sí mismo, de modo tal que, analizado de cerca, nunca decimos lo que queremos decir, o nunca queremos decir lo que decimos. La contradicción básica y la estrategia de encubrimiento inherente a la metafísica del lenguaje en su más amplio sentido, se podrían poner al descubierto, de lo que resultaría un tipo de conocimiento más profundo, es decir, todo aquello que asimos como rotundo en forma de dogmas.

La deconstrucción considera el lenguaje como una fuerza independiente en movimiento constante, que no permite una estabilización del significado o una comunicación precisa, como se ha dicho más arriba.

A éste flujo generado internamente, lo llamó “différance”, y esto es lo que lleva a la idea misma de significado en la destrucción, junto a la naturaleza auto-referencial del lenguaje, que, como se observó anteriormente, sostiene que no hay ningún espacio más allá del lenguaje, ningún "ahí fuera" para el significado que exista de algún modo. La intención y el sujeto son aplastados, y lo que se revela no son cualesquiera verdades internas, sino una proliferación infinita de significados posibles generados por la "différance", el principio que caracteriza a la lengua.

A diferencia de Marcuse, creo que no existe la "opinión única" ni un tal "hombre unidireccional" en la medida que en el aquí y ahora, los dogmas políticos que surgieron a la palestra del nacimiento del ateísmo y laicisismo hegemónico, han propiciado la expulsión de sendas expresiones dogmáticas - en especial del tipo político - , en la medida que no todos los bloques de discernimiento se polarizan, y que por ende, ya no se trata de un pensamiento estrictamente occidental, estrictamente cristiano, estrictamente liberal, estrictamente socialista, estrictamente indiferente o estrictamente nada.

De hecho, tampoco existe un pensamiento estrictamente musulmán o islámico. Entonces, podría ser, responsable afirmar, que esos jóvenes terroristas, no representan ni a un pueblo, ni a una etnia, mucho menos a toda una religión. Como tampoco Charlie Hebdo, representa a occidente, la república, la democracia, al humor y/o a cualquier tipo de variante de libertad. Como occidental, no me siento representado por Charlie Hebdo, tampoco procuro representación alguna. Como tampoco Al Qaeda, ISIS o cualquier otro grupo integrista islámico representa al Islam o al pueblo musulmán, porque de hecho, es una ínfima minoría solo notoria por la violencia conque se expresan.

Acá observamos, cómo el significado dentro del lenguaje también se hace elusivo por la insistencia de Derrida, en que éste es metafórico y, por tanto, no puede transmitir directamente la verdad. Si el significado es impreciso, ¿cómo el razonamiento y los términos de Derrida no son también imprecisos, imposibles de fijar? Éste ha replicado a sus críticos, por ejemplo, que no tienen claro su significado, mientras que su "significado" es que, no puede haber ningún significado definible.

La razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues solo es capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, mundo en el que todo está sometido a la ley de causalidad, y por lo tanto en el que todo ocurre por una imaginaria necesidad natural. Sin embargo, desde la perspectiva de la razón pragmática, y si queremos entender la experiencia moral, cabe la defensa de la existencia de la libertad: si en sus acciones las personas están determinadas por causas que se intuyen naturales, es decir; si carecen de libertad, no podemos atribuirles responsabilidad, ni es posible la conducta moral. De este modo, la libertad es la "ratio essendi" (la condición de la posibilidad) de la moralidad, a la vez que la moralidad es la "ratio cognoscendi" (lo que nos muestra o da noticia) de la libertad.

El Oriente ha sido, desde los confines mismos de la Antigüedad, tierra de mitos y leyendas, que en la futura Europa hallaban el eco de una diferencia constituyente, de modo natural, de la propia identidad. En éste escrito solo intenté demostrar que nuestro afán por los mitos sigue vivo, y que el grueso de las imágenes que tenemos del mundo musulmán se han forjado, en verdad, de manera previa a su llegada, o por razones que poco o nada tienen que ver con aquel. Es en esa naturaleza mítica de Oriente en cuanto al dogmatismo occidental, donde buscamos sin querer entender, las explicaciones corrientes que escuchamos como prueba de su carácter reacio a adoptar las marcas de la civilización –es decir, la forma de vida, los hábitos, la cultura y la organización social de Occidente-. De éste modo, el Islam deviene el heredero involuntario de todas las marcas de superioridad cultural –y, por ende, política- que occidente ha construido desde hace casi dos mil quinientos años, para justificar su expansión hacia el mundo entero.

La identidad étnica de los árabes no debe confundirse con su adscripción religiosa, y es anterior a la aparición del islam, tal como se demuestra históricamente por la existencia de reinos árabes cristianos y de tribus árabes judías en la antigua Arabia. Sin embargo, actualmente la gran mayoría de los árabes son musulmanes, con pequeñas minorías que siguen otras religiones, principalmente el cristianismo. Por otra parte, los pueblos islamizados pero no arabizados, que constituyen el 80 % de la población musulmana mundial, no forman parte del mundo árabe, pero sí del mundo islámico, que es geográficamente mucho más extenso y diverso.

Esta circunstancia paradójica sirve por sí sola para explicar porqué la Antigüedad clásica desconoció el concepto de guerra justa. En la antigua Grecia prevalecía fundamentalmente el concepto de supremacía que legitimaba las intervenciones contra los bárbaros inferiores (persas). Semejante visión se halla, por ejemplo, en Platón y Aristóteles y sirvió de soporte legitimador para las conquistas imperiales de Alejandro. El mundo occidental, podía así, verse sometido a una invasión aculturizadora.

En el caso de Roma, prevaleció mucho más un concepto que hoy podríamos denominar de "seguridad colectiva". Lo que proporcionaba legitimidad a las guerras, primero, de la República y, posteriormente, del imperio, ergo la necesidad de asegurar una zona de estabilidad internacional. Que esa noción no estuvo exenta de intereses bastardos está fuera de duda pero, en cualquier caso, proporcionaba un límite teórico a los conflictos bélicos.

Esta visión de la guerra como un fenómeno explicable por diversas causas pero, desde luego, no demasiado necesitado de legitimación lo encontramos incluso en el antiguo Israel. Ciertamente, Israel brilló por unas alturas éticas sin paralelo completo en la Antigüedad y no es menos cierto que esperaba la llegada de una época de paz inaugurada por el mesías en la que desaparecerían para siempre las guerras. Sin embargo, distó mucho de desarrollar un concepto de guerra justa siquiera porque la realidad de esta situación no permitía mucho espacio para especular ni tampoco colisionaba con los preceptos de la Torah mosaica.

Pero estimado lector, las religiones no propician las guerras, y nunca lo hicieron. Ninguna religión cimienta su dogma en la belicosidad, todo lo contrario. Y mas allá de las cruzadas, la inquisición y otras verídicas expresiones de violencia desquiciante, siempre se trataron de hombres de carne y hueso, quienes aprovecharon la religión y la fe como argumento legitimizador de ambiciones mas mundanales como las que nace de la codicia económica. ¿Por qué pensar entonces, que no sucede lo mismo con éstas facciones fundamentalistas del Islam para con éste caso en particular?. Es evidente, que el terrorismo ha logrado su misión: que todos hablemos desde el miedo.

Este tipo de lenguaje simbólico, y el tipo de análisis dogmático que vemos, es justamente lo que alimenta el terrorismo como instrumento de lucha por imponer la voluntad de poder, porque inconscientemente nos transformamos en funcionales a la guerra. Y ésta paradoja, se retuerce en el fango de la quimera y la miseria intelectual, cuando vemos lo mucho que están sufriendo vastas etnias musulmanas en manos de ISIS, Al Qaeda y el terrorismo en general. El terrorismo no es solo un problema de occidente, también lo es de oriente. Respecto del rol que le cupo a los servicios de inteligencia de EE.UU y otros miembros de la Otan, en lo referente a la constitución originaria, armado y financiamiento de éstos grupos radicales, mejor dejarlo para otro momento menos neurótico y apasionado. No vaya ser cosa, que me tilden de kirchnerista.-
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