Filosofía: Vivir en el tiempo y el espacio siglo XXI | PERIODISMO DE ESCRITORES

Filosofía: Vivir en el tiempo y el espacio siglo XXI

martes, 6 de enero de 2015 0 comentarios

Escrito por Lic Ramón D. Peralta

SEGUNDA PARTE DEL ENSAYO:  "SER Y NO SER EN LA NADA SIGLO XXI" (haga click en el título para leer la primera parte)



INTRODUCCIÓN Y AUTOPSIA DEL EXISTENCIALISMO



La Filosofía de la Ciencia y mas precisamente la Filosofía Cuántica en complicidad con la ciencia homónima, ha podido falsear o comprobar acorde los cánones poppereanos; que la percepción del tiempo y del espacio responde, mas que a las falencias y fallas de "fábrica" de nuestros sentidos; a una programación predeterminada de nuestras funciones conscientes, registrales y asociativas. El lóbulo frontal es nuestro gran "disco duro". La cultura nos ha moldeado, tal como lo hacen los dogmas religiosos, políticos o cientifistas. Eso explica por qué hay tan pocos científicos y filósofos, y tantos pasionales y demenciales "idealistas" encolumnados tras "nobles causas invisibles". La flexibilidad de los esquemas intelectuales, intuitivos y cognitivos, son un bien escaso, muy escaso.  


Hace muy poco, un lector me preguntó: ¿Y para qué sirve la filosofía?, y aunque la respuesta siempre estuvo ante sus narices, nunca la pudo ver. Sin saberlo, ese joven estaba filosofando, porque justamente la filosofía nos sirve en la duda existencial, pedagógica, auto-referencial y cosmogónica, la misma que lo llevó a formularse la pregunta: ¿para qué sirve la filosofía?. Luego de que le pasé la información, aun partiendo de la capciosidad y la animadversión, finalmente asintió haber entendido con un: ¡Gracias!. 



Esto explica en gran medida, el porqué las personas fracasan en los exámenes universitarios, en sus respuestas laborales o en un test de inteligencia. Las respuestas no siempre se ignoran, lo que falla mas frecuentemente (entre otros) es la percepción. y/o en un cuasi simultáneo; el análisis de la situación o la "topía". Las ideologías, la heurística, los sesgos cognitivos y los entretejidos dogmáticos y doctrinarios, son trampas y condicionantes mentales severos, ergo agudas patologías de la psiquis. 



Por ejemplo: De todos los mediáticos y afamados economistas que leí últimamente en Argentina, tal vez Miguel Bein, haya sido el que mas se aproxima a mi linea de razonamiento. ¿En qué fallan los economistas y las empresas del sector privado cuando observan y analizan el rumbo o futuro de la economía vernácula?, se equivocan básicamente porque lo hacen con falencias pre-establecidas en sus abordajes, prejuicios y "orejeras". Ponen por delante, sus inflexibles esquemas asociativos, predictivos y deterministas  a conciencia de un saber sesgado por los vicios de formación, una sutil expresión de dogmatismo menor, que sin embargo alcanza como para llevarlos a un Fi y Omega alejados de la realidad, cuanto menos; del tipo de realidad que nuestros sentidos pueden llegar a captar una vez que estos se exteriorizan. 



Explicado de otra manera, mientras las empresas privadas hacen conjeturas y vaticinios económicos, en base al estudio del "mercado en cuanto a la esencia del mercado", el gobierno nacional hace lo propio en función de "la política en cuanto a las oportunidades de la política". Esa escisión profana, como diáspora y nominativo dualismo, separa el plano mesoscópico de la hierofanía proyectiva, haciendo que se extinga toda simbiosis capilar posible. Esto provoca que se pierda todo tipo de vínculo entre una dimensión y otra. Porque mientras unos piensan la economía en términos de ciencia y tecnicismos, los otros piensan la economía bajo un lenguaje de símbolos, marcas y estereotipos abstractos. Para las empresas privadas, administrar bien los recursos, significa ganancias econométricas bien definidas. En cambio para el poder político, como el que ejerce el kirchnerismo, las ganancias siempre se traducen en acumulación de mas poder, ya sea en forma de mayores restricciones a las libertades individuales, como en la prolongación de sus mandatos en el tiempo. Esto explica por qué no se entienden, y por qué unos y otros perciben y piensan la realidad de maneras tan diferentes.   



Una suerte de vidas paralelas entre lo "tópico" y la "u-topía". Para abandonar éste ejemplo, diré que justamente los espurios, ignominiosos y absurdos debates que se dan entre kirchneristas y opositores, nacen tullidos desde el inicio; porque justamente el eufemismo "mercados" significa la defensa de los derechos y garantías individuales, lo que incluye obviamente la propiedad privada, mientras que el lenguaje que emplea el populismo, solo describe un "futuro in-nominado en el abstracto que beneficiaría a un colectivo que tampoco se circunscribe". La palabra "pueblo" se usa con fines proselitistas y de adoctrinamiento, pero per sé, en vez de agrupar y comprender a los habitantes de un mismo país, los divide en imaginarias castas antagónicas. Las ideologías políticas son la antimateria de la intelectualidad pura.  Bajo estos escenarios ideológicos e hiperdogmáticos, siempre veremos la lucha de la política contra la coherencia.



Pero también las filosofías se ven condicionadas por esto, porque tampoco debemos soslayar que las ideologías y dogmas políticos, nacen de una concepción filosófica previa. Quienes forman la opinión del público, no son los "medios" sino la filosofía. En síntesis, en una economía tan regulada como la nuestra, la política se transforma en el verdadero negocio. 



Cuando hablé de la autopsia del "existencialismo" en la primer parte de éste ensayo, en realidad quise auscultar, dos de los grandes distorsionadores de la filosofía de Sartre, y me refiero a la percepción del tiempo y la naturaleza. Ya Sócrates en la Antigua Grecia decía que "el tiempo es una mera ilusión". Sin embargo, quién se impuso en occidente hasta nuestros días fue Aristóteles, so nos dejó como legado ésta omnidireccional manera de percibir el tiempo. El paso del tiempo a través de nuestro cuerpo y pensamiento de atrás hacia adelante, ergo un pasado que nos antecede, un presente que nos abarca en el ahora, y un futuro que se haya proyectado hacia delante, es nítidamente una herencia aristotélica. 



Pero el tiempo no es eso, ni funciona de esa manera. Y éste error de percepción es tan relevante, que llevó a Sartre a despreciar la existencia de una naturaleza no solo en el hombre, sino en el universo. La naturaleza es algo que solo se nos muestra en forma de efectos, ingobernabilidad y eterna incertidumbre. A diferencia de Sartre, yo pienso que: "el desconocimiento precede a la esencia". La existencia puede o no ser un milagro, pero en ninguno de los casos tenemos injerencia en ella, siquiera en un ápice. Las leyes de la naturaleza aun no son conocidas, pero no por desconocidas; debemos afirmar que no existen. Lo que tampoco significa que debamos inventar a un "Dios" como administrador o incluso inventor de esa naturaleza. Nunca entendí del porqué la confusión, porque la naturaleza y Dios no necesariamente deben ocupar el mismo espacio temporal.  



El tiempo es la clave del modo en que lo percibimos todo. Es el tiempo lo que marca cada uno de los hechos, pensamientos y sucesos en nuestro viaje desde que nacemos hasta que morimos. Nos podemos imaginar fácilmente un universo sin color o sin luz, pero es prácticamente imposible imaginarnos un mundo sin tiempo. Sin embargo, hasta donde la física parece saber, puede que haya que imaginarse un mundo sin tiempo.



La naturaleza real del tiempo, sigue siendo un concepto esquivo. Aunque a lo largo del siglo XX se realizaron grandes avances en este campo, en lo que concierne a qué es exactamente el tiempo, podríamos decir que no somos más sabios que los antiguos griegos. Platón, después de todo, creía que el tiempo era una ilusión (digno discípulo de su inventado Sócrates).



Es muy común oír hablar que el tiempo fluye, pero ¿fluye a través de qué? ¿A qué velocidad fluye? Tenemos claro que la tierra se mueve a través del espacio, y su movimiento ha sido detalladamente descrito respecto a otros puntos de referencia tales como el sol. Sin embargo, el paso del tiempo no puede describirse más que con respecto a uno mismo.



Si nos abstraemos de términos físicos, podemos llegar a la conclusión de que nuestra forma de considerar el tiempo está ligada al modo en el que pensamos. Después de todo, nosotros no vemos realmente el paso del tiempo, si no que, simplemente, sufrimos una serie de experiencias distintas de las que tenemos almacenadas en nuestros recuerdos y es esta diferencia lo que nuestra mente consciente percibe como tiempo.



Ahora, si intentamos volvernos un poco más racionales, podemos pensar que el pasado ya no existe, y no es más real que nuestra imaginación. Del mismo modo podemos establecer que el futuro no existe, pues aún no ha sucedido. Entonces, todo lo que es real es, simplemente un punto infinitesimal que se sitúa entre el pasado y el futuro, que conocemos como presente. Como el tiempo nunca se detiene, podemos determinar que la cantidad que define a esta rodaja infinitamente fina es cero. Así, el tiempo es real, pero nada más lo es.



Transladándonos ahora a un entorno más científico, la ciencia históricamente siempre ha perseguido el medir el tiempo, otorgándole un símbolo y situándolo en sus ecuaciones mediante la letra t, mientras que han intentado simultáneamente ignorar los horrores filosóficos que crea su mera existencia. Pero con Michelson, Morley, Lorenzt o Einstein todo esto cambió.



Albert Michelson y Edward Morley descubrieron que la velocidad de la luz medida por un observador es la misma con independencia de la velocidad a la que se mueva dicho observador con respecto a la fuente de luz. Más tarde, el físico irlandés George FitzGerald y el físico holandés Hendrik Lorenzt sugirieron que este fenómeno se podía explicar si suponemos que, en realidad, el tiempo transcurre más lentamente para los objetos que se encuentran en movimiento, introduciendo por primera vez la posibildad de que el tiempo fuera algo muy distinto al concepto históricamente conocido.



La relatividad de Einstein trajo el nuevo concepto del espacio-tiempo, demostrando que ambas magnitudes no son más que dos caras de una misma moneda. Según esta nueva teoría de Einstein cada punto del espacio pasa a poseer un tiempo personal, desapareciendo el concepto de tiempo absoluto. Con estas ideas, Einstein llegó a la lógica conclusión de que el tiempo no fluye, y por tanto el pasado, presente y futuro no existen como tal, volviendo a un concepto tan antiguo como el tiempo imaginario en el que creía Platón.

Siguiendo la revolución de la relatividad de Einstein, podemos representar gráficamente un objeto en movimiento en el espacio-tiempo del mismo modo que lo hacemos en las tres dimensiones espaciales. La física considera que el tiempo más bien como una etiqueta, un modo de pensar sobre los sucesos y, en concreto, una relación entre los sucesos que puede ser descrita matemáticamente. Un punto por ejemplo, sucede tanto en el espacio como en el tiempo. Si tomamos dos puntos, X e Y, aunque se puede establecer entre ambos una serie de relaciones tanto espaciales como temporales, la relación espacial es muy diferente de la temporal.

Si X sucede antes que Y, entonces X puede afectar a Y, pero Y no puede afectar a X. En otras palabras, podemos hablar del futuro causal, pero no de un pasado causal, o al menos, esto no concordaría con aquello que hasta ahora conocemos. De hecho, el espacio-tiempo de Einstein delinea la geometría tanto del espacio como del orden de ocurrencia de los sucesos. A partir de una ocurrencia cualquiera, sus efectos posteriores en el tiempo vienen representados como un cono que se extiende hacia la dimensión temporal. En el interior del cono, todos los sucesos son causales y lógicos, mientras que, en el exterior, la causalidad se pierde y reina la anarquía. La idea de que el tiempo es un modo de decir que una cosa sigue a otra como resultado de esta otra, parece que es la clave de la verdadera naturaleza del tiempo.


¿Por qué algunas personas ven el futuro como algo que está detrás de ellos? 

Los hispanohablantes, así como muchos otros, se refieren al futuro como algo que esta frente a nosotros, y al pasado como algo que esta detrás. Esta manera de pensar y de hablar es tan arraigada que rara vez nos detenemos a pensar por qué lo hacemos. Una explicación influyente e intuitiva es que los seres humanos tienen un frente obvio (la forma en que nuestras cabezas se enfrentan), que combinado con nuestra tendencia a pensar en el tiempo en términos de espacio, nos lleva a vernos a nosotros mismos en movimiento hacia adelante, hacia el futuro, o como el futuro que viene hacia nosotros. Un problema con esto es que existen culturas y lenguas – como el aymará- que piensan y hablan del futuro como algo que esta detrás de ellos (y el pasado en frente). 


¿Depende del idioma? 

Esto lleva a la idea de que tal vez el sentido de la ubicación del pasado y el futuro de la gente está de alguna manera ligada a la convención lingüística de su cultura. No es así. 

En un nuevo documento, Juan M. De la Fuente y sus colegas investigaron a los hablantes de árabe marroquí (estas personas se refieren en su idioma al futuro como algo que esta en frente de ellos), sin embargo, en sus gestos transmiten la disposición temporal opuesta. Es evidente que las formas en las que hablamos y pensamos acerca del tiempo pueden disociar. Sigue sin respuesta qué es lo que lleva a la gente a diferir en donde localizan el pasado y el futuro. 

En el primero de varios experimentos, el equipo de De la Fuente presentó a hablantes de árabe marroquí (la mayoría eran estudiantes de la Universidad Abdelmalek Essaadi de Tetuán) y hablantes de español (estudiantes de la Universidad de Granada) un diagrama que ofrece una cara humana con una caja en la parte delantera de la misma, y una caja detrás. A los participantes se les dijo que un objeto había sido recogido por la persona en el diagrama de ayer, o iba a ser recogido por ellos mañana. La tarea de los participantes en cada caso era indicar en qué caja se encontraba el objeto. 


El enfoque temporal 

Esta prueba confirmó que, a pesar de hablar del futuro como algo delante de ellos, la mayoría de los hablantes de árabe marroquí piensan en él como algo que esta detrás. Alrededor del 85 por ciento de ellos ubicaron el objeto del mañana detrás de la persona en el diagrama, en comparación con poco más del 10 por ciento de los hablantes de español. El grupo de De la Fuente piensa que la razón tiene que ver con el enfoque temporal. Su teoría – "the temporal-focus hypothesis" – es que la gente y las culturas que se centran más en el pasado tienden a localizarse en el frente. 

Este argumento fue apoyado por varias investigaciones adicionales. Un cuestionario de enfoque temporal confirmó que los hablantes de árabe marroquí muestran un mayor enfoque en el pasado, en comparación con los hispanohablantes. Dentro de un grupo de hablantes jóvenes y viejos españoles, por su parte, los participantes de más edad tuvieron un mayor enfoque en el pasado y más a menudo señalaron el pasado delante (en un diagrama). 

Los investigadores dijeron que habían demostrado una diferencia previamente inexplorada entre las culturas en las concepciones espaciales de tiempo y que habían validado un nuevo principio por el cual pueden surgir los hábitos específicos de la cultura del pensamiento temporal: la hipótesis del enfoque temporal. 

Sin embargo, en el idioma español cuando intentamos representar "corporalmente" el pasado y el futuro siempre consideramos que el pasado es lo que tenemos detrás de nosotros, puesto que se trata de un camino que ya hemos recorrido, y que el futuro es lo que tenemos adelante, ya que avanzamos hacia él.

Sin embargo si analizamos los mismos conceptos en chino nos encontramos que la palabra 以后 "yihou" ergo "en el futuro" contiene el carácter 后/hou, que significa "detrás, posterior", mientras que la palabra 以前/yiqian "en el pasado, previamente" contiene el carácter 前/qian  que significa "frente, adelante". 

En las culturas occidentales y orientales, la mayoría de las religiones han creído en formas de destino especialmente relacionadas con la predestinación, desde el tao del confucianismo chino o el karma del hinduismo a la católica y bienhechora Providencia o Gracia, que deja cierto margen a la libertad, o la férrea predestinación del calvinismo.

Desde un punto de vista religioso, el destino es un plan creado por Dios, por lo que no puede ser modificado de ninguna manera. Esto, por supuesto, exceptuando el conocimiento judeocristiano que desde la Sagrada Escritura rechaza de plano la existencia de una predestinación absoluta debido al libre albedrío, que, entre otras cosas, hace al hombre ser a imagen y semejanza de Dios.

Los griegos llamaban al destino "ανανκη"  (ananké) y lo consideraban una fuerza superior no solo a los hombres sino incluso a los mismos dioses. El destino era personificado por la diosa Moira, rebautizada como Fatum en la mitología romana.

El destino es un constructo metafísico y como tal está sometido a interpretaciones. El destino sería la sucesión incognoscible e inevitable de acontecimientos que ocurren en diferente lugar y tiempo cuya consecuencia del pasado afecta a uno o más hechos futuros, así como a toda la red de posibilidades del futuro porque las acciones presentes derivan de las pasadas y las futuras de las presentes. Esto bajo los designios aristotélicos, es decir los actuales en occidente.

El destino se relacionaría con la teoría de la causalidad que afirma que, si "toda acción conlleva una reacción, dos acciones iguales tendrán la misma reacción", a menos que se combinen varias causas entre sí haciendo impredecible a nuestros ojos el resultado.

Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada (eso se creía). Todo tiene una causa, y si tiene una causa estaba predestinado a existir desde el momento en que la causa surgió. Debido a que la inmensa cantidad de causas es impensablemente inmensa, nos es imposible conocerlas todas y enlazarlas entre sí.

Alguna aparente consecuencia a tal posibilidad del destino sería, evidentemente, la negación de la libertad humana. Pero tal cuestión, presupone el problema de la esencia humana resuelta. Si no se puede discernir alguna sustancia que distinga al hombre del resto del universo, entonces argumentar en torno a la libertad humana es absurdo. Imagínese un universo con un único elemento. Si se preguntase si tal elemento es libre o no lo es, sería una pregunta sin sentido pues no habría nada que pudiera, al menos en principio, condicionar o limitar su libertad. Si a esto se le pretendiera contra-argumentar afirmando que es libre precisamente porque no hay algo que lo condicione, entonces el "algo" representaría un elemento más al universo, lo que traería como consecuencia estar tratando un universo de dos elementos, es decir, un universo diferente. Tal "algo" no tiene posibilidad en un universo de un solo elemento por el simple hecho de que ya no sería de una sola unidad. Entonces, para indagar sobre libertad humana primero debe hacerse como mínimo una separación auténtica y clara de al menos dos elementos en nuestro universo, en otras palabras, hacer un criterio de demarcación entre el sujeto y el universo. Otro argumento incontrastable, de que el universo es presa de una naturaleza a priori incognoscible e inasible.


Ser en el tiempo


“Y en el principio fue el Verbo”, como señalan las escritura bíblicas. El Ser, integrado al Cosmos, como parte consustanciada con el Todo, inquirió incesantemente preguntándose ¿Quién soy? ¿Cómo es el Universo que me contiene? ¿Cuál el elemento esencial, la sustancia que define al hombre-cosmos, al hombre-naturaleza?, ¿Para qué vine a éste mundo, cuál es mi misión?

A partir de esas preguntas y de las respuestas dadas en cada momento, se puede hilar la historia del ser humano, desde la consideración clásica de un flujo común al microcosmos y al macrocosmos, pasando por la visión reduccionista de una naturaleza escindida del Ser, hasta las nuevas cosmovisiones omniabarcantes del pensamiento holístico. En todas ellas, el concepto del tiempo signará las particulares visiones de la realidad en su devenir.

Para los griegos, “Kosmos  significaba una totalidad ordenada. Como es arriba es abajo”, el principio básico de Hermes Trismegisto, orientaba la comprensión general del Ser en el Cosmos y del Cosmos en el Ser. Consciencia, Cosmos y Destino, constituían una unidad indisoluble. Si se comprendía la naturaleza y el origen del universo, si se hallaba la “Fuente Original”, la esencia primera, situada fuera del espacio y del tiempo, se comprendería el "Uno en si", presente en el seno de la diversidad (Laszlo, 1993). La historia de la Grecia clásica recorrería el agua, el fuego, el aire… y el átomo, …buscando ese tejido o sustancia primigenia, ilimitada, omnipresente.

Cuando el ser humano comenzó a pensar en estas realidades como separadas del Ser, se planteó también el pensamiento acerca del futuro. Al pensar el afuera, el no-lugar de la U-topía, se desprendió del Sí Mismo y se olvidó del Ser para inventar un mañana que le sirviera de patrón, de modelo, de olvido del hoy que estaba siendo. La búsqueda del futuro, la construcción de ese futuro, facilitó el desencantamiento del camino. Es decir, que lo que marcó esa distinción y separación "modular" del tiempo, fue justamente la forzada acción de auto-contemplación de la conciencia. Había alguien que me miraba desde distintos ángulos que no era alguien por fuera de mi mismo, ese "ser para si" que observaba al "ser en si", pero esa distancia existente, no es parte del tiempo lineal, sino que es algo que se mueve dentro de nosotros.  

El futuro devino en metáfora de un porvenir imaginado a partir de informaciones y conceptos conocidos en el hoy, lo que le imprimiría una condición de futuro pre-concebido que se negaría en el instante mismo de ser imaginado.

La historia de los hombres, la historia del pensamiento y del conocimiento, la historia de más de dos mil quinientos años de preguntas, la historia de las sociedades occidentales, se encuentran dibujadas en ese imaginario de futuros, ese largo viaje hacia una esperanza concebida como otredad, una esperanza que se anticipa y que tiene como sustento, como alimento, la búsqueda permanente de un "yo mejor" ergo de "un mundo mejor".

Ese tiempo que “está por venir”; “que ha de ser, que será” (Gómez de Silva, 1998:315); ese tiempo que “aún no ha llegado” pero que está “a punto de moverse de allá para acá, de llegar aquí”, “de acercarse, de avanzar hacia el que habla”,  se transmuta en una aventura conveniente, convenida, que interviene y afecta la visión del hoy que vamos siendo. Pero no hay tal tránsito lineal del tiempo, es solo una ilusión, nuestra ilusión.

Implica también, una firme convicción de que hay algo completamente objetivo “ahí afuera” (Heller, 1991:13), la pretensión de un “conocimiento verdadero” en el hoy, que garantiza una aproximación verosímil al mañana que, a su vez, orientará el transito de ese hoy que somos hacia un mañana idílico, que conlleva, a su vez, la misión de convertirse en espejo, en garante de la certitudumbre, el aval de las verdades inmutables de lo hasta hoy conocido. En el mismo sentido que lo señala Habermas, el futuro deviene en comprensión del hoy, al haber éste adquirido la aptitud para construir el porvenir. Es así como el futuro asume la condición de legitimar el presente sin que exista el presente en realidad. De hecho existe tal retardo entre lo que perciben nuestros sentidos, y la distancia conque nuestro cerebro procesa esa información, que incluso desde lo científico se puede afirmar que siempre pensamos el presente desde el pasado. Esto, claro está, bajo los fantasmagóricos cánones occidentales.



El tiempo en el ser

El misterio del tiempo subyace en toda concepción del hombre acerca del futuro. Tiempo, Acontecimiento y Ley, concretan la respuesta en torno a la Direccionalidad, la Inteligibilidad y la Predicción. Se piensa el futuro como posibilidad de redireccionamiento, como impulso, para corregir los errores del presente.

Pensar el tiempo de una manera unidireccional va a conferirle una transitoriedad al Ser. Ante su fracaso por construir un mundo mejor, el Ser toma conciencia de la irreversibilidad del tiempo por él imaginado; el tiempo se transforma así, en su mayor fuente de desesperanza. Ante una vida que se muestra finita, efímera, se vuelca en el futuro la confirmación o negación de su trascendencia.

La temporalidad se muestra como la posibilidad de inscribir lo nuevo —aquello que irrumpe: el evento, la singularidad— al interior de una historia, de un mundo; de integrarlo en su horizonte, despojándolo con ello de su potencial desarticulador (Sabrovsky, 1999: s/p).

Desde la visión de la Filosofía (Abbagnano, 1993), el tiempo se ha concebido desde tres perspectivas: como orden mensurable del movimiento, como movimiento intuido y como estructura de las posibilidades.

En la primera acepción, referida al orden mensurable, se inscriben los pitagóricos que relacionan el tiempo con el movimiento ordenado de la esfera celeste que “todo lo abraza” y Platón con su visión del tiempo como “imagen móvil de la eternidad” expresada en ciclos, estaciones, y cambios, tan constantes, que demuestran la inmutabilidad del Ser eterno. Aristóteles, para quien el tiempo es el número del movimiento y representa el antes y el después y que pensaba que tal vez el alma era la responsable de tal operación (cfr Prigogine, 1993:23); o los estoicos, que pensaban el tiempo como intervalo, como ritmo; o el tiempo como sucesión. Hobbes y la periodicidad de Locke y así, a través de toda la historia de la filosofía y de la ciencia, el tiempo, la deconstrucción y el devenir, han constituido temas esenciales del pensamiento.

En el Timeo de Platón, se da por primera vez la distinción entre el Ser y el Devenir. El mundo del Ser, es el mundo real, aprehensible por la inteligencia con la ayuda de la razón, es eternamente el mismo. El Devenir es el reino del tiempo, nunca completamente real, viene a ser y deja de ser, es el objeto de la opinión, de la sensación irracional. (Coveney y Highfield, 1992:29)

La mecánica de Newton se basaría en un concepto similar ya que tanto el tiempo absoluto como el relativo muestran orden y uniformidad y el tiempo la medida del movimiento, es decir, que el movimiento uniforme sería la medida del movimiento no uniforme, tal como lo afirmó Leibniz. Claro que dicha cita, está siendo severamente confrontada por la Física de Partículas, quién no opina lo mismo que Newton y Leibniz.  

Kant introduce el concepto de causalidad temporal: el tiempo precedente determina, por necesidad, al siguiente y esto es lo que diferencia la percepción real de la imaginación, y aunque Einstein va a cuestionar posteriormente el orden de sucesión como único y absoluto, no escapa a la medida de lo temporal y la relatividad de la simultaneidad resulta la consecuencia de un orden causal del antes y el después.

A Hegel se le debe, por su parte, la concepción del tiempo como “devenir intuido” identificado con un aspecto parcial de la conciencia, el principio del Yo en su completa exterioridad y abstracción; la vida misma del alma, como lo afirmaría Plotino; o en palabras de San Agustín, el futuro como espera y el eterno presente como realidad. San Agustín se preguntaba:
"“¿De qué modo se disminuye y consume el futuro que aún no existe y de qué modo crece el pasado que ya no está, si no por existir en el alma las tres cosas, presente, pasado y futuro? En efecto, el alma espera, presta atención y recuerda, de manera que lo que ella espera, a través de aquello a lo que presta atención, pasa a lo que ella recuerda. Nadie niega que el futuro no existe aún, pero en el alma ya existe la espera del futuro. Nadie niega que el pasado ya no está, pero todavía está en el alma la memoria del pasado. Y nadie niega que al presente le falte duración ya que cae enseguida en el pasado, pero aún dura la atención a través de la cual lo que será pasa, se aleja hacia el pasado (…) No existen, propiamente hablando tres tiempos, el presente, el pasado y el futuro sino solo tres presentes: el presente del pasado, el presente del presente y el presente del futuro”"

Heidegger, se inscribe en una concepción del tiempo reducida a la estructura de la posibilidad. En la relación del Ser y el tiempo, la primacía la tiene el porvenir. Es el tiempo de la posibilidad, de la proyección, el advenir, “el venir en que, el ser ahí adviene a sí en su posibilidad más peculiar adviene a sí en su más peculiar poder-ser (...…) el pasado como un ya ha-sido está condicionado por el porvenir. Tanto el tiempo auténtico, que es aquel por el cual el ser-ahí proyecta su propia posibilidad privilegiada (...…) como el tiempo in-auténtico (…...) una sucesión infinita de instantes, son ambos el sobrevenir al ser-ahí (...…) es un presentarse, desde el futuro, de lo que ya ha sido desde el pasado.

Comenta Abbagnano, que la innovación introducida por Heidegger en relación al tiempo estriba en su visión de una pluralidad de ordenes de un tiempo circular, finito, no limitado al presente, que se encuentra en la base de conceptos interpretativos tales como proyectar, precursar, espera…r, etc.

Treinta y cinco años después de su fatídico compromiso con el nacional socialismo, Heidegger replantea las cuestiones del Ser y el Tiempo desde una perspectiva ontológica. El Ser no es, el Ser se da así, como se da el tiempo. Presente, pasado y futuro son constitutivos del ser humano. El Ser es determinado como presencia por el tiempo. Ambos se pertenecen en recíproca co-pertenencia.

La filósofa María Zambrano tiene una concepción interesante del tiempo como la “envoltura de lo inédito”; para otros autores, lo pretérito está fijo y lo futuro abierto; el tiempo es unidireccional y expresa la ruta, el camino del ser humano hacia la irreversibilidad de la muerte. El hecho de que toda criatura viviente muera, evidencia la prueba más tangible del flujo del tiempo. La recurrente ruta de la muerte, que a nivel de partículas constitutivas elementales, no sería tal. Póstuma la muerte, sepultada la inmortalidad, porque no pueden existir una sin la otra. La pregunta que debemos hacernos es ¿ya que sabemos, que a nivel de subpartículas no existe la muerte sino un proceso de mutación y movimiento permanente, a partir de dónde consideramos vida humana en si mismo, qué punto de combinación tomamos como referencia?, ¿Se pierde la esencia del hombre en esas mutaciones?, ¿El hombre sigue siendo hombre en esa descomposición del cuadro?, ¿puede rearmarse como tal en otro momento?, ¿Es el movimiento sinónimo de vida y muerte en idénticas  o simultáneas dimensiones?....(?) 

La tradición judeo cristiana fue la que estableció en la cultura occidental, el tiempo (irreversible) Algunos autores afirman que: “(…...) La idea del tiempo irreversible influyó profundamente en el pensamiento occidental, tal el caso del existencialismo sartreano. La misma preparó a la mente humana para la concepción del progreso, del profundo, el sorprendente descubrimiento por parte de los geólogos de que la evolución humana es únicamente un reciente y breve episodio de la historia de la Tierra. Preparó el camino de la teoría de la evolución de Darwin, de nuestra unión con criaturas más primitivas a través del tiempo. En suma, la aparición de la idea del tiempo lineal y la evolución intelectual que acarreó, han jalonado la ciencia moderna y su promesa de que la vida en la tierra mejore”.

La filosofía occidental continúa su camino de miradas fragmentadas. Cuya visión responde a la precedente, aportando una arista nueva a la concepción inicial o negándola desde una nueva perspectiva imaginada. Un juego retórico de visiones y contra visiones del tiempo para reiterar el pathos del vértigo y asombro que produce la fragilidad del Ser, su finitud. 

Pero al preguntar sus ¿por qué? y sus ¿para qué?, al buscarle fundamento a su finalidad como Ser y como existencia, va dando respuestas con los conocimientos que tiene a mano, a partir de la cosmogonía que condiciona su razón y su entendimiento, con la lógica de lo que hoy asume como verdades esenciales y con lo que hoy es capaz de comprender; lo hace, condicionado por las visiones que lo precedieron, inmerso en el paradigma de la razón, de la exclusión, que se constituye en el verdadero límite para alcanzar a comprender y comprenderse.

Esto lo intuye Nietzsche y quizás por ello, la eternidad se transforma en el lugar del Ser. El filosofar nietzscheano mira en todas las direcciones, y a esa mirada se deben las múltiples tendencias que en él tienen cabida: el nihilismo, el escepticismo, el heroísmo, la esperanza, la forma, la metafísica y la metáfora, el juego de espejos que la realidad proyecta; la transformación de la divinidad para dar paso a múltiples dioses,  variables en si mismo, contradictorios y también humanos.

Dice Savater que: el “eterno retorno” de Nietzsche es una opción contra la cultura y la ciencia, ergo una opción contra el progreso; la verdadera ruptura con la tradición cristiana y con la Ilustración. En la primera, el tiempo emana de Dios y a él regresa, y en la Ilustración, la muerte de Dios es sustituida por nuevos absolutos que se pretenden perfectos, eternos, fuera del tiempo: la Razón, la Lógica, el Estado, la Historia. Para Nietzsche, la eternidad es la dimensión propia del tiempo. Un tiempo que se le revela a quien asume la voluntad de poder y de querer, a quien afirma su propia vida y su propia existencia, al Ser que asume el “querer-poder y poder-querer” como autodeterminación para la creación de un mundo propio.

“El tiempo no proviene de ningún absoluto, él mismo es el absoluto; no es - como cree la tradición - un “dejar pasar” lineal, en el que el pasado ya no es, el presente es fugaz, y el futuro está por venir, sino que el tiempo es una constante repetición en la que cada instante cada uno de nosotros y “todas las cosas” han ocurrido ya y siguen ocurriendo en un eterno morir y renacer, en un constante juego de contrastes, de lo alto y lo bajo, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, so la eternidad pertenece al devenir del mundo y es preciso asumirla como tal y no proyectarla en un “más allá”.

Nietzsche pensaba acertadamente y anticipándose a su época que las convicciones son enemigas de la vida, más peligrosas que las mismas mentiras porque como decía Zaratustra, la casa del Ser gira eternamente, se construye eternamente. “En cada fracción de segundo comienza el Ser, en cada aquí gira la rueda hacia allá. El centro de la vida, está en todas partes.

Para Prigogine, hay que pensar el universo como una evolución irreversible: “(...…) el hombre forma parte de esta corriente de irreversibilidad que es uno de los elementos esenciales, constitutivos, del universo”. No participa de la visión que plantea que es el observador, el hombre, la conciencia, lo que crea el tiempo y que afirma que éste no existiría en un universo sin hombres ni conciencia.

La visión dualista del Universo dejaría su huella en estos enfoques excluyentes, fragmentados, de la visión occidental acerca del Ser y el Tiempo, por ende, condicionarían la aparición y desarrollo de múltiples disciplinas filosóficas y científicas que intentarían explicar de una manera divergente las cuestiones "esenciales" relacionadas con Materia y Espíritu; Ciencia y Religión; Filosofía y Ciencia; miradas unívocas, unidireccionales que durante el siglo XX se evidenciarían como meras aproximaciones al Ser y a la realidad como espacio/tiempo y devenir.


ESCAPE

En éste trabajo no hay conclusiones, y mágico sería que las haya. No puedo afirmar nada, pero me arriesgo a pensar que las layes de la naturaleza nacieron para que perduren para el hombre, en la dimensión del eterno desconocimiento. Porque el conocimiento lato de la naturaleza, conlleva el riesgo superior, de que el hombre pueda controlarla. Y en eso se puede reconocer una magna y "divina" sabiduría, puesto lo que sabemos, es capaz de hacer el ser humano con el conocimiento. Modificar y eventualmente, destruir el planeta nos está permitido, lo que no está permitido, es destruir el universo, el cual, nos incluye. El tiempo de ser mas que una ilusión, es algo que se mueve junto a nosotros, o bien somos nosotros quienes nos movemos dentro de él. Pero ese tiempo, es mi tiempo. Cada uno tiene su propio tiempo asignado. Y se traduce al movernos dentro de un espacio definido, que también es asignado a cada ser. Una de las leyes naturales que podemos intuir, es aquella que no infiere a imaginar que; no podemos ocupar espacios simultáneos de otro ente, porque nuestro movimiento se fusionaría con él, generando en consecuencia otro tipo de ser.  En síntesis, debemos elucubrar el tiempo como sinónimo de movimiento, y el espacio, como sinónimo del "ser en si". Pensar el tiempo como algo eterno que nos hace Uno en el movimiento desde que nacemos hasta que morimos, nos puede hacer cambiar de manera radical nuestra percepción de nuestra alma y espíritu. Porque en rigor, no existen los proyectos y anhelos, cuando uno da o hace. Lo que queremos alcanzar, está en el hacer. Esto significa que el "esperar", resulta absurdo bajo estos cánones. Bajo la perspectiva del pensamiento clásico del paso del tiempo lineal, ergo pasado, presente y futuro; logramos ralentizar nuestro devenir, nos impedimos corregir nuestros errores, abdicamos ante la elevación como personas;  en la medida que vivimos mas en el "dejarse ser y no hacer" que en la acción intrínseca del vivir. Vivir es hacer en la intensidad, vivir en el tiempo es estar en eterno movimiento ocupando solo nuestro propio espacio, la vida en si misma.  Buen día.- 


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