Origen filosófico del número cero | PERIODISMO DE ESCRITORES

Origen filosófico del número cero

martes, 19 de mayo de 2015 0 comentarios

METAFÍSICA Y FILOSOFÍA MATEMÁTICA




Escrito por Lic Ramón D. Peralta




PREFACIO


En el petit ensayo de hace un par de días, titulado La realidad psíquica de la fenomenología, metí la pata. Dejé abierta la probabilidad de que explique el origen filosófico del número cero. Por desgracia, algunos lectores me lo hicieron recordar. Como buen cobarde, debo admitir que me metí en un serio problema gratuitamente.

Claro que, a pesar del histrionismo que soy capaz de desplegar en torno a la falsa modestia, se ven eclipsados por el tamaño de mi ego y sus traumas inconscientes. Y eso me genera cierta paz interior, aquel pírrico paroxismo introspectivo que lleva a racionalizarme como un ser "normal", y a la vez angustiarme, por comprobarme no unigénito. 


A diferencia de los decimonónimos, hoy no es necesario el intercambio epistolar entre pensadores. Levanté el teléfono varias veces ayer, del otro lado, el Dr Ezequiel Achilli y el Dr Gustavo Duek concluyeron que, debíamos hacer en conjunto, algo que sea útil para la gente. Vaya ocurrencia, pedirle algo útil a un filósofo. Nadie está exento de la utopía.

 

Filosofar es  una cosa, de hecho, es algo que hacemos todos los días, aun sin tomar debida nota de ello, pero, escribir esas elucubraciones, es otra historia.



Odio escribir cuando me siento obligado a hacerlo, y mis imaginarios lectores me odian, cuando lo hago por ímpetu.

 
Los lenguajes están encarcelados por convenciones hegemónicas. La música, el lenguaje estético de los sonidos formales es hostigado por los postulados de armonía, melodía y ritmo (que no siempre se respetan). Los literatos, están regidos por modas orgánicas, que moldean y estructuran en cada época, una cierta deontología y cosmética en el uso de la palabra. Los filósofos, estamos obligados a usar un lenguaje críptico, metametafórico  e initeligible para el hombre de a pie. Si la gente nos entiende, es porque no somos buenos filósofos. Hay muchos lenguajes, pero ninguno goza del abolengo y el status quo redentor, que poseen las matemáticas. 


Esa dicotomía instalada entre creyentes y no creyentes, es bastante escandalosa, todos somos creyentes, solo que creemos en cosas distintas. Sin embargo, para las personas, las matemáticas equivalen a Dios, al Único. La matemática, es la madre de todas las "religiones", ella es quién une a todos los seres humanos. 


Hay palabras, pequeñas en extensión, apenas insignificantes para la enorme mayoría, que encierran un punto gravitatorio tan condensado y relativo, que terminan comportándose como los agujeros negros de la gnosis, lugar donde todos los saberes convergen. Una de esas mágicas palabras, es la "nada". La cual, intentaré explicar usando al "cero" como medio de transporte. 


La filosofía, padre de todas las ciencias, está llena de paradojas, muchas de ellas recurrentes, mejor, todas. Y es paradójico, porque el ser humano es una paradoja, todo en nosotros lo es, vivimos en un universo que también es muchas cosas. Vivimos en una paradoja in eternum, y encima, extensible. 



El magno problema que hemos tenido, es que, para llegar a una filosofía del tipo sincrética, general y abarcativa, es decir, la Gran Filosofía, debemos tomar toda la información que ha dejado el paso del ser humano al cabo de la historia de su existencia. El ser en cuanto conciencia de ser, es como causa sui, una unidad dialéctica de información.

Asirse de toda esa información y procesarla como un todo en unidad, es literalmente imposible para la mente humana. Son demasiados algoritmos para mi gusto. 


Todo giró siempre en torno a qué es el ser humano y su relación con la realidad, qué es el universo para nosotros y sin nosotros. Una realidad que, no puede dejar se ser subjetiva, como tampoco puede dejar de ser objetiva.

 
Para que éste punto sea entendido, cuando estudiamos las distintas escuelas filosóficas en Occidente, siempre éstas se dividen en el tipo de comprensión que hacen sobre un punto, en simultáneo que manifiestan un ostensible abandono de otro. 


La gran paradoja se da, cuando intentamos poner todas las piezas del rompecabeza en orden... ¿qué orden?, porque no existe tal orden, o bien, no lo conocemos aún, no un orden que nos resulte "lógico". 


Por ende, acá se desprende el primer punto trascendental de la filosofía ¿Qué es lo que está mas allá del orden que se permite nuestra conciencia?. Dejo éste interrogante acá, para ilustrar con algunos ejemplos, muy conmovedores por cierto.

 

NOCIONES DE LA FILOSOFÍA MODERNA


Durante mucho tiempo, y aun sigue siendo un movimiento extremadamente influyente, el Positivismo aseguraba que la única manera de relacionarnos con la realidad, era a través del conocimiento científico, es decir, mediante los procedimientos inmanentes a la lógica y la experiencia. El lenguaje matemático, pasaba así a ocupar el cetro del mundo de la filosofía.

  
El Positivismo es uno de los más paradigmáticos herederos de la tradición fenomenológica iniciada con Descartes. Acá es donde arranca el Modernismo filosófico, que explicado de manera coloquial, es la filosofía de la conciencia, incluso el tipo de filosofía que prima hasta el hoy. Pero a su vez, la responsabilidad de la conciencia como preceptor de la dimensión del saber y la comunicación con la realidad, tuvo distintas interpretaciones y abordajes.   

(sic) Antes de Kant, la filosofía moderna, heredera en esto de la filosofía antigua y medieval, parte de la base de que en el conocimiento humano, el sujeto cognoscente debe regirse por el objeto conocido y adecuarse a él.

Sobre esta premisa, la cuestión que se plantea entre el Racionalismo continental y el Empirismo británico es si, el conocimiento humano trasciende o no la experiencia sensible. 

Los Empiristas responden que no. Los Racionalistas en cambio, dicen que si..., pero.  

En decir, daban por supuesto el abandono de la filosofía aristotélica que, afirmaba la trascendencia del conocimiento humano, pero a partir de la experiencia sensible y no al margen de ella.

Influidos por el Nominalismo, que niega la realidad de los universales y por tanto, la de las esencias inteligibles de las cosas sensibles. Veían la experiencia sensible como el campo de la pura contingencia, sin universalidad ni necesidad alguna.

Por tanto, debían afirmar algún tipo de conocimiento intelectual a priori, independiente de la experiencia, y lo basaban en la posesión por parte del hombre de "ideas innatas", que eran (según ellos) las que hacían posible la Metafísica y la ciencia en general.

Se les planteaba así el gran problema de cómo explicar que mediante ideas innatas, que no recibimos de la experiencia, podamos conocer la verdad sobre realidades que son independientes de nosotros y de nuestro conocimiento. 

¿Cuál es el vínculo que hace posible el acuerdo entre nuestra inteligencia y la realidad en sí de las cosas, una vez que, contra lo que dice Aristóteles, lo que conocemos de ellas no lo recibimos de ellas?

En la filosofía aristotélica y en la Escolástica que seguía a Aristóteles, ese acuerdo estaba dado por la acción de las cosas mismas, a través de la experiencia de los sentidos y la acción abstractiva del intelecto como agente catalizador, sobre el intelecto posible, es decir, en breve, por la acción de la cosa conocida sobre el sujeto cognoscente, el cual se asimilaba él a la cosa para poderla conocer.

En el Racionalismo moderno y prekantiano, la explicación va a tener que recurrir siempre, de un modo u otro, a Dios, como garantía del acuerdo entre nuestras ideas innatas, que no proceden de las cosas, y las cosas mismas.

Así es que, Descartes, sospecha que hay dos filosofías que trabajan en simultáneo. Una que resuelve la certeza del conocimiento subjetivo en la claridad y distinción de las ideas, basada en la nitidez y distinción con que conozco (“pienso, luego existo”), a la que se toma como criterio de verdad en general, y otra; basada en la veracidad metafísica, que argumenta que, puesto que la naturaleza ha puesto ante nosotros esa tendencia invencible a asentir a todo aquello que se nos presenta en forma clara y distinta, ello debe ser verdadero, es decir, adecuado a lo que las cosas son en sí mismas, una realidad objetiva.

Para Leibniz, lo que existe son las “mónadas”, que son sustancias simples, dotadas de conciencia, cerradas en sí mismas, “sin ventanas”, que no reciben nada de fuera de ellas mismas, y que se representan, cada una de ellas, en su propio interior, el Universo entero, cada una desde su punto de vista.

La Mónada Suprema, es decir, Dios, ha establecido al crear ese Universo una “armonía” en virtud de la cual las representaciones de cada mónada le dan a conocer efectivamente la realidad exterior, es decir, la realidad de las otras mónadas, de tal manera que, por la coordinación preestablecida entre las representaciones de todas las mónadas, es como si interactuasen ordenadamente y se comunicasen entre ellas, cuando en realidad ninguna sale de sí misma.

Para Malebranche, todo se resuelve por la visión intelectual de Dios, y de todas las cosas en Dios. Dios es lo primero conocido, en forma inmediata, evidente, y en Dios contemplamos las verdades eternas. El acuerdo entre nuestro conocimiento y la realidad, aquí, está dado porque conocemos inmediatamente, en forma intuitiva, la raíz misma de lo real, las Ideas divinas.

Espinoza, finalmente, da la solución más radical: sólo existe una Sustancia, de modo que todo se identifica: el sujeto, el objeto, el conocimiento, la realidad.

El problema con el innatismo es que lleva lógicamente al idealismo, es decir, a la tesis que dice que sólo conocemos nuestras propias ideas o afecciones, y no podemos conocer una realidad exterior a nuestra propia conciencia o independiente de ella.
En efecto, es esencial a todo innatismo la afirmación de que nuestro conocimiento intelectual no procede de las cosas dadas en la experiencia. Se plantea entonces la pregunta de cómo nuestro conocimiento intelectual se adecua a la realidad de las cosas que no dependen de nuestro conocimiento.

Esa pregunta no se plantea en el realismo moderado, aristotélico y tomista, porque allí el conocimiento intelectual procede de las cosas mismas, mediante la experiencia. Son las cosas mismas las que, mediante la experiencia, ingresan cognoscitivamente, por así decir, en nuestra mente (sic)

Pero sí se plantea en el innatismo, pues éste afirma que, nuestro conocimiento intelectual no depende de las cosas ni es producido por ellas. ¿Cómo entonces se adecua nuestro conocimiento a lo que las cosas son en sí mismas?. Obviamente, éste interrogante se soluciona poniendo a Dios como elemento simplificador, que por lo visto fue un gran solución que no conformó a nadie.  

Siguiendo con éste bodrio, llegamos nuevamente a Husserl y su excelsa fenomenología. Husserl llama esencia, a lo que se encuentra en un tipo de ser autárquico ergo de un individuo constituyendo lo que él es. Estos saberes, se conocen (según Husserl) mediante una intuición esencial (ideación) pero no por intuición sensible (experiencia). Las esencias son estudiadas por las ciencias de esencias, las eidéticas formales (lógica), que son esencias vacías y las eidéticas materiales que, poseyendo contenido, se ocupan de las verdaderas esencias.


De esta forma, toda ciencia empírica (de los hechos) habrá de tener una ciencia eidética (ideas) correspondiente a la ontología. En efecto, Hurssel apuntó a una fundamentación metaempírica de las ciencias de la naturaleza, en tanto intenta salvar la crisis generada por el positivismo al negar toda metafísica. 

La filosofía de Hurssel es pues, una filosofía de la conciencia, pero de un tipo de conciencia nítidamente intencional o existencial. Esto significa que, la conciencia, lejos de ser una cosa o un ámbito vacío es una relación a un objeto. Se trata, de un conjunto de vivencias en la que se distingue una estructura bipolar o sutilmente dualista. 



Desde la perspectiva de la identidad del Existencialismo, la mismidad es aquello que no fluctúa en el proceso que va, por ejemplo, de la semilla a la planta, y de ésta a la flor, para luego reiniciar el ciclo.

En otras palabras, mientras la mismidad alude a la dimensión estructural del ser, a lo que perdura a pesar del tiempo, la ipseidad, tal como la concibe Jean-Paul Sartre en el Ser y la Nada, apunta a la determinación de la esencia en su existir.

Incluso en el hoy, en algunas universidades europeas, se mantiene un interesante debate a raíz del exótico giro copernicano dado sobre la fenomenología husserliana, de la mano del filósofo checo Jan Patockas, poco conocido en Argentina, y en general poco estudiado en toda Latinoamérica.


Filosofía que algunos han bautizado como Fenomenología Asubjetiva. Patockas, uno de los últimos alumnos directos de Husserl y Heidegger,  con gran delicadeza insinúa que, para que el "epojé" sea realmente trascendental debe ser mas radical, es decir que, la mera suspensión de  la tesis de efectividad de la conciencia (ese poner en comillas las realidades conocibles) debe ser mas radical, para avanzar sobre todo aquello que está por fuera del sujeto, ergo la dimensión de lo objetivo.

Para argumentar éste punto, señala que antes del advenimiento de la conciencia de ser, nos precede nuestra realidad objetiva del tipo corpuscular. En otras palabras, nuestro cuerpo humano es algo de existencia natural, que está por fuera de nuestra voluntad de poder, siendo anterior a la metáfora nietzscheriana  "(...) voluntad de verdad". 

En resumen, para ésta corriente filosófica, la intencionalidad no es tanto una propiedad de los actos psíquicos, sino la estructura misma de la conciencia, salvo los puntos suspensivos que puso Patockas. 





TERRITORIO DE PARADOJAS


Pido disculpa a los expertos, pero era menester hacer éste rudimentario sobrevuelo, pues me pidieron un trabajo "apto para todo público". Sin ésta introducción, muchos no entenderían lo que viene. Acá comienza a ponerse un poco mas áspero y escabroso, dese por advertido. 

De la lectura del título precedente se pueden desprender varias conclusiones. Primero, el hecho de existir tantas corrientes y escuela del pensamiento filosófico, nos habla de una inquebrantable realidad, el subjetivismo humano existe de modo inexorable.


Pero asimismo, esa constante refriega interior que nos lleva a volver una y otra vez, sobre las sombras de la cosa en si, como un existir independiente de la percepción y experiencia humana, nos condiciona a aceptar que el "objetivismo" también existe. 

Pero también, existe un nacer en el pensamiento, cuyos alcances fueron muy bien descritos por Melanie Klein y otros. El bebé nace con una conciencia primitiva y muy limitada, pero conciencia al fin. Por ende, también es real el pensamiento innato.


No es inteligente negar que, primero somos cuerpo y luego conciencia de ser. Que la cultura, la sociedad, el ambiente, el planeta, el universo, el lenguaje; nos moldea, también es  una realidad. 

Puedo negar la existencia de Dios, incluso declararlo innecesario, pero no puedo negar que hay hombres que creen en él. Tampoco puedo negar la existencia de las religiones, aunque no me guste esa realidad. De hecho, la psicología tan antigua como la misma filosofía, se ha encargado de estudiar los mecanismos de defensa implícitos en la negación natural de la realidad.


Buscamos la realidad, mientras en simultáneo negamos aquellas que no nos gustan, aquellas que nos hacen daño,  que nos ponen en peligro, que nos generan miedo, aquellas que nos ponen delante de  un inclemente espejo. 

Incluso, no hay evidencia mas contundente acerca de la existencia de la psicología que, las mismas negaciones, regresiones, represiones, proyecciones e introyecciones que hicieron los filósofos en pos de sostener sus berrinches, necedades y narcisismos filosóficos. 

Es observable desde los límites de la fenomenología, que hay una diáfana escisión imaginaria en el acto de pensar respecto del contenido o sustrato del pensamiento. Una cierta dualidad, aun en los territorios de la misma consciencia. Pero también una inobjetable separación entre lo corpuscular y el alma humana o pensamiento sensible. 

En algún punto, podemos generalizar en que, la mediumnidad entre lo inteligible y material de lo ininteligible y  trascendental, está justamente en nuestro propio cuerpo. Un envase que conecta mi alma y espíritu con la dimensión de las cosas macrodimensionales.

 
PARADOJAS DE FACILÍSMO E INCOMPLITUD

La filosofía moderna atrasa. Como también atrasaba la filosofía teocéntrica de la Edad Media, quién nos llevó a encontrar todo lo álgido y dificultoso de la filosofía en Dios. Dios era como un comodín o jocker que podía ser puesto en cualquier combinación o juego de "inquietudes" para elevarse en solución maestra y cerrar así, cualquier cuadro. Este tipo de dogmatismo, obviamente le confería un enorme poder a quienes administraban esas "realidades".


En cambio, los "pecados" del Modernismo son otros. Esta tradición fenomenológica comenzó de mayor a menor, para finalmente terminar rigiéndose por una cosificación exagerada de la realidad,   falacia de reificación. 

Es decir que, uno fue consecuencia del absolutismo del otro. Fue tan grande la condensación del componente abstracto de los primeros, que condicionó a los segundos a irse al otro extremo, una racionalización demencial e irreal de las posibilidades humanas. 

Es paradoja en si mismo, el arte de la refutación en la filosofía, cuando lo "lógico" sería tomar lo tomable de cada una para ir ampliando los límites de un saber que se sigue expandiendo al ritmo de la evolución humana.

Solo a modo de deconstrucción mental, podemos afirmar que las distintas escuelas e "ismos" filosóficos, aquellas que, conforman la historia de la filosofía toda, son como un álbum de fotos de la familia. Cada célebre pensador, nos cuenta una foto de su tiempo, del momento en que se encontraba la mente humana en el campo mesoscópico de las "verdades", siempre montada sobre la huella de entropía dejada por sus antecesores. Son una sucesión de imágenes diacrónicas del devenir humano en relación con el saber.  

Pero la realidad del universo, la realidad del hombre en ese universo no es diacrónica ni escalar, es sincrónica. No hay etapas ni módulos que se desprenden para dar paso a otros. No hay interrupción posible del movimiento. Y esto es lo que hace inagotable al ejercicio filosófico.  

Porque no puedo describir al hombre y su vinculación con la realidad del todo, si ignoro o me desprendo de algunas de sus partes. No pueden sobrar elementos de la realidad, porque deja de ser realidad. 

El hombre es bebé recién nacido, es niño, es adolescente, es joven, adulto, viejo y muerto (¿es y no es?). Pero el hombre tampoco ha sido idéntico a si mismo a lo largo del tiempo.


Los primigenios, el hombre primitivo, aquella mente elemental muy próxima al inconsciente animal, no puede ser descrito con las teorías filosóficas de la modernidad, tampoco lo logran hacer las religiones, quienes se evidencian como muy recientes en relación a la datación de la especie humana.


¿Es acaso necesario seguir auspiciando una filosofía del tipo fotográfica, circunstancial, escansional?..., ¿Por qué seguir dividiendo, por qué la neurótica nausea implícita en el arbitrario segregacionismo cognitivo?. Si todas fueron filosofías aceptadas en su tiempo, fue porque todas tienen su cuota de realidad. Una suerte de hastío me recorre el cuerpo, cada vez que nace una nueva "moda" filosófica. El egoísmo del filósofo es insoportable. Es hora de empezar a reunir esas piezas. 

El modernismo, comenzó su labor filosófica eliminando las piezas que estorbaban. Si bien soy ateo, no entiendo por qué quitamos a Dios del juego, si es una pieza clave que existe en la mayoría de los seres humanos. Que no exista en mi, o que yo lo niegue, no me autoriza a quitarlo del análisis. Ni siquiera me dejaron probar su inexistencia. 

Algunos quitaron el inconsciente psicológico y pulsional del hombre. Otros quitaron la naturaleza y a la metafísica del medio. Algunos fueron mas lejos, para extirpar todo lo que no encajara con una omnipotente voluntad de la conciencia, poniéndola como epicentro del universo, capaz de inventarlo todo y reinventarse a gusto y piacere. Se quitaron muchas piezas para mi gusto, pero esto ¿Sigue siendo filosofía?. Así es muy fácil jugar de sabiondo. 

NUEVO Y VIEJO PARADIGMA


Cuando uno hace preguntas demasiado elementales, comenzamos con el patinaje artístico, sino lean el libro de Sokal y Bricmont "Imposturas Intelectuales" (un verdadero papelón para el gremio). Por ejemplo ¿Cómo creó el hombre los números, cuándo y cómo creo la palabra, el lenguaje, la relación con ese mundo de las ideas?. Porque si mis teorías no pueden explicar eso, es porque no es cabalmente filosófica.


No puedo decir el ser en cuanto ser, es esto, sino es aplicable al bebé recién nacido o al primer hombre aparecido en nuestra especie.

 
Hay cosas que son muy jocosas,  Stuart Mill, un miembro del Positivismo (corriente que negó la Metafísica) sostenía que, la Lógica no es sino una rama de la Psicología (cuando hay pocas disciplinas mas metafísicas que la psicología). La escuela Piscologista, adquiría así un sitial de relevancia entre los intelectuales de la época. La consecuencia más importante de la psicologización de la lógica, fue justamente el advenimiento del Relativismo. Que (para enojo de Husserl), no solamente influiría sobre la lógica, sino también sobre toda la ciencia, en tanto que -consideraba -, la Lógica es la que suministra los fundamentos esenciales de todo conocimiento científico. 


El hombre tardó decenas de miles de años hasta que pudo controlar el fuego. No se trató de descubrirlo (porque el fuego existió de siempre de manera natural), sino de controlarlo mediante el conocimiento de sus esencias. Solo la Mecánica Cuántica, la Física de Partículas y las Matemáticas Relativistas, pueden llegar a representar un desafío similar. 


El fuego puesto a la interperie se apagaba por la lluvia, el viento, etc. Pero resulta que, encerrado completamente, el refugio "ideal", también lo hacía apagar. Ignorar que el oxígeno influía en la supervivencia del fuego, era un saber metafísico. Encenderlo era un parto, que se apagara no era una opción permisible. ¿Imaginan el tipo de reto intelectual que representó para ese tipo de hombre?... 


¿y cómo hicieron para imaginar los números, no solo el simbolismo, las funciones de cálculo, su estructuración metodológica, la representación mental en su asociación con las ideas de las formas, sino también el grafo y el fonema?.

 
Eran cosas que estaban "mas allá de la física", de su lógica, de su conciencia pura y fenomenológica y de sus posibilidades cognitivas. ¿Qué hubiesen teorizado los filósofos del modernismo si hubiesen ocupado ese espacio de la historia?. 


Y es paradójico también en estos momentos, porque en la antesala de ésta nueva Edad Cuántica, nos topamos con los mismos problemas que al inicio. Nuestra conciencia pura, fenomenológica y científica no alcanza para resolver los problemas que nos depara la Mecánica Cuántica y sus disciplinas emergentes. Ni siquiera podemos imaginar una aproximación. Es un conjunto de incógnitas metafísicas.

    
Desde comienzos del siglo XX, el descubrimiento de la mecánica cuántica aporta una nueva visión del mundo. La seguridad de la física clásica se viene abajo. Hasta entonces, si sabíamos lo que había sucedido, podíamos predecir lo que iba a suceder. No había sorpresas y estábamos seguros de que las cosas eran como las vemos. La cuántica es todo lo contrario: incertidumbre, caos y azar. Ya no podemos estar seguros de nada.


El principio de incertidumbre de Heisenberg dice que no se puede predecir lo que va a ocurrir. Aunque tengamos todos los datos, sólo podemos estimar por defecto la probabilidad de que algo ocurra. Y el que ocurra una cosa u otra depende del azar. Si repetimos el mismo experimento en las mismas condiciones, unas veces dará un resultado y otras veces otro. Son las fluctuaciones cuánticas.


Además, hay aspectos que no podemos conocer con precisión al mismo tiempo. Por ejemplo, la velocidad y posición de una partícula, o su cantidad de espín (algo similar a un movimiento de rotación) en torno a distintos ejes. Si medimos su posición no podemos medir con precisión su velocidad, y a la inversa. Esto limita nuestro conocimiento de la realidad, y pone el serios dilemas a los fenomenólogos.


El principio de complementariedad de Bohr dice que, aparecen juntas propiedades aparentemente contradictorias. Por ejemplo, un electrón o un fotón son, al mismo tiempo, una onda y una partícula. Como partícula, están en un punto determinado del Cosmos. Pero como onda se extienden por todo el Cosmos, y pueden estar en cualquier parte. Sin duda, inquietante. Mejor no tocar el tema de los enlazamientos fantasmales, porque es para desquiciarse del todo.


La ecuación de Schrödinger describe matemáticamente la onda de probabilidad. Hemos visto que el electrón, como onda, puede estar en cualquier parte del Cosmos.

Pero la probabilidad de que esté en un lugar u otro no es la misma. En eso consiste la onda de probabilidad. Donde los picos son más altos, hay mayor probabilidad de encontrarlo, y donde son más bajos, la probabilidad es menor. Pero puede estar en cualquiera de esos puntos, porque a su vez se verifican varias dimensiones de la realidad. Hay mucho mas, pero como muestra alcanza.

 
¿Qué le pasó a los filósofos?, pues lo usual, mejor lo tratamos como un misticismo cuántico (que "Dios proveerá"). Reza un refrán del Modernismo: "Sino puedes vencerlo, ignóralo"


METAFÍSICA PRIMIGENIA Y ESENCIAL EN LAS MATEMÁTICAS


Para los principiantes, la Metafísica, es la rama de la Filosofía que se encarga de estudiar todo aquello que está mas allá de la Física, nos habla de la naturaleza, de las estructuras fundacionales y componentes esenciales de la realidad manifiesta y no manifiesta pero intuida,  la descrita por Aristóteles. Posee básicamente dos disciplinas: la Teleología, que es la disciplina que estudia las realidades en cuanto sus finalidades, y, la Ontología, que según Aristóteles, es el estudio del ser en cuanto conocimiento de lo que hay y existe del ser.

 
Dice Wikipedia: "La metafísica estudia los aspectos de la realidad que son inaccesibles a la investigación científica. Según Immanuel Kant, una afirmación es metafísica cuando afirma algo sustancial o relevante sobre un asunto («cuando emite un juicio sintético sobre un asunto») que por principio escapa a toda posibilidad de ser experimentado sensiblemente por el ser humano. Algunos filósofos han sostenido que el ser humano tiene una predisposición natural hacia la metafísica. Kant la calificó de «necesidad inevitable». Arthur Schopenhauer incluso definió al ser humano como «animal metafísico»."


Nadie discute con Wikipedia, porque tampoco contesta. Pero sirve para evitar esfuerzos espurios, cuando uno se enfrenta al dogmatismo profano. Valga la ironía, si acaso lo fuera. 


Al igual que ahora, el hombre primitivo en algún punto  se encontró con la necesidad  de inventar los números, es decir, que hasta ese momento no había ningún tipo de pensamiento propiamente matemático, cuanto menos bajo los cánones modernos. Pero, para no hacer tan largo éste cascote, habré de circunscribirme al número cero. Soslayando de exprofeso, todo el archivo histórico que existe en internet sobre el número cero y sus posibles orígenes. Este texto se pretende filosófico, no histórico.


La gran paradoja, es suponer que podemos prescindir de la Metafísica, cuando ha sido la primer expresión histórica de filosofía pura. Si la Filosofía es la madre de todas las ciencias, la Metafísica sería el abuelo. La Metafísica es la punta de lanza que tiene la curiosidad humana para penetrar en aquellos territorios que intuye por delante, que presiente instintivamente, o bien, conoce conscientemente pero desde una impronta abstracta, teórica, no material ergo infalseable científicamente (por el momento). No confundir con pseudociencia, palabra cuyo significado es pseudocientífico. 


METAFÍSICA DE LA NADA, EL NÚMERO CERO


La Psicología, el Psicoanálisis, la Mecánica Cuántica, etc; por algunos filósofos del Modernismo en el siglo XX, fueron declaradas como pseudocientíficas por decreto. Cosa que no se sale de la costumbre histórica del dogmatismo de cartel de cada época. 


Lo paradójico es que, se las cataloga como pseudocientíficas, simplemente porque no resisten los métodos de comprobación y verificación de orden científico, inherente al lenguaje lógico y matemático del hoy (indiferentes a la tradición empírica que nos enseñó que esos saberes solo necesitan de mas tiempo), cuando las mismas matemáticas son fruto de la Metafísica. Porque antes de su existencia, las matemáticas eran una "pseudociencia", una sospecha probable sobre un conocimiento que necesitaba ser desarrollado, primero creado.

 
¿Y qué pasaría si jamás  pudiéramos encontrar la materia, la cosa, el punto de mediumnidad del alma humana, de su mente, de su espíritu?..., ¿diríamos que el miedo, el deseo, el amor, la depresión, los anhelos, la angustia, la melancolía son cosas que no existen, o lo que peor, que son pseudocientificas?.Quizás hay cosas que siempre serán metafísicas, tal las inmanentes al lenguaje y los números.


Husserl dijo que las matemáticas pertenecen al género de las ciencias eidéticas formales y vacías, ya que,  no poseen contenido propio, pero que sirven para aprovisionar de ideas a las que si las tienen. Las matemáticas, en síntesis (por si mismas) no son mas que una configuración mental, una idea que subyace en la composición abstracta de un cuadro del que dependen las cosas corpusculares para ser en el cálculo y la lógica.


A modo de ejercicio metafísico: imaginen que no saben absolutamente nada de números y matemáticas, apenas niños, comienzan con las primeras investigaciones pasada la etapa de relación objeto-madre, con la teta buena o mala como catalizadora de esencia e inmanencia (poco importa), apenas entrado a la etapa del descubrirse en un espejo ¿Cómo pueden descubrir su relación de espacialidad para con sigo mismo y su geodesia?...


Ya llegaron a adultos, pero son seres primitivos, los que descubrieron los primeros números, pero el segundo anterior. Por proximidad,  las contemplaciones se debaten entre las proyecciones y representaciones de nuestra propia integridad corporal. Se miran los dedos extendidos y entreabiertos de la mano ¿Y qué imaginan?...


El tipo de actividad mental que disponían los primitivos, es del mismo tipo que disponemos ahora ante la dimensión de la mecánica cuántica, la metafísica. Se trata de una reflexión filosófica muy profunda, propia de nuestra especie, que solo se evidencia ante el mundo de lo completamente desconocido o no deducible, no inducible, no inferible, no asociable con empirismo alguno o inimaginable.

 
Al igual que Albert Einstein (sospecho), los primitivos utilizaron el don de la abstracción recreada mentalmente por defecto de comprensión. Es decir, no sabían que tenían cinco dedos, pero si sabían que se trataba de una idea de forma, ya que había cinco cosas en otros humanos, cinco perros, cinco manzanas, cinco rocas, cinco hijos. Había una relación de correspondencia, pero antes que comprensión lógica, de exclusión por defecto en la nada.

 
Pensar en el abstracto primitivo, es comprender lo que hay, descartando en simultáneo lo que no hay. Porque solo de esa manera genero una certeza. Le pongo un fonema, un sonido, una palabra hablada para luego, traducirla con algún signo, algún cierto grafo, sin que importe demasiado los argumentos de esa figura. Lo importante es lo que traduce. Pensar que una mano tiene cinco dedos, solo genera un saber confiable, si en simultaneo penetro en la nada abstracta para descartar todo lo demás.


Explicado de otra manera, el cinco no vale tanto por lo que comprende sino por lo que abstrae. Cuando el hombre primitivo pensó un cinco (5) para la cantidad de dedos de su mano derecha, excluyó, le devolvió a la nada, mando al terreno del abstracto todo los demás resultados posibles.

 
Es decir, esa creación  mental primigenia del cuadro era precisa, no había lugar para un cuatro o un seis, ni otras posibilidades. Al devolver las demás posibilidades a la nada, obtuve por defecto de abstracción, la comprensión de un resultado que solo es idéntico a si mismo. Es un conjunto de saberes condensado en un solo punto, donde no entra mas que ese solo punto. Todo lo demás se abstrae de ingresar. 


Y en esto es donde radica el verdadero poder de la mente humana, en la capacidad de comprender en la abstracción nuevos saberes, aun, los presuntamente inimaginables e improbables.

 
Cuando Husserl imaginó el "epojé trascendental", utilizó ésta función primitiva del intelecto humano, es decir, poner en pausa la tesis de efectividad de la conciencia humana para encomillar todo lo conocido, bajo el paraguas de la Gran Duda. Cuando pongo todo mi saber en duda, es porque le abrí las puertas a la nada, y ahí solo ahí, es cuando la abstracción por defecto puede operar como si fuera una función intelectual y espiritual, mágica y divina.

 
Cuando Einstein abjuró la idea de la Teoría de la Relatividad Especial, imaginó que se movía tan rápido como la luz, y en esa abstracción por defecto, vio mentalmente cómo el tiempo se detenía. No solo vio eso, vio todo lo que no era, todo lo que tenía que devolverle a la nada, al mundo de lo desconocido. 


Utilizando el mismo ejemplo que mal usé con el Dr Achilli, supongamos que usted va a comprar al supermercado un tarro de tomate para hacer un guiso, pero en esa búsqueda encuentra un envase de guiso en lata instantáneo (un nuevo producto para usted), listo para servir y comer. La solución para su problema, pero en forma de serendipia. Usted vuelve a su casa con esa lata de guiso instantáneo, pero se abstrae por defecto de las demás latas del mismo guiso, se abstrae además de traer los tomates enlatados que originalmente fue a buscar, pero, incluso, se abstrae de todo lo demás que hay o puede haber en el supermercado. Los devuelve o los deja en la nada. 


Para la Metafísica mas excelsa, la nada representa el universo de todo lo que aun no conozco. La nada contiene al todo. Significa que siempre el mundo de todo lo que conozco y conoceré, será mas pequeño que el universo de lo desconocido, la nada.

 
Cada vez que el ser humano atrapa un nuevo saber, es porque se metió en el territorio de la nada (el supermercado cósmico), para traer una lata de guisantes (nuevo conocimiento). Que pueda o no ser verificado o falseado por la ciencia, es secundario, ya que eso solo significa una etapa a posteriori en el tiempo y espacio.

 
La mecánica, la física y matemática cuántica ya es parte de nuestra comprensión, ya dejó de ser dominio de la nada. Es algo que ya fue descubierto de entre las realidades objetivas. De aquí en más, al igual que nos pasó con el fuego , solo nos resta poder controlarlo.

 
Por mucho tiempo el número cero no fue necesario, hasta que, la evolución del hombre planteó su férrea necesidad. Y al igual que ahora con el número "Gúgol" (Google), que representa la escalofriante magnitud de 1 gúgol = 10 a la 100 potencia = 10 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000. El número cero, por si solo representó un desafío aparte. 


Cuando estudian el asunto, se encuentran con muchos tipos de ceros, según de qué civilización se trate. Los antiguos egipcios ya conocían el concepto del cero casi 3.000 años antes de Cristo, un poco mas acá, los babilonios, hititas, etruscos, griegos, mayas, etc. Pero eran ceros no funcionales en el lenguaje matemático del cálculo, es decir, eran solo de orden posicional, aunque tenía una representación en un primitivo sistema decimal.

Recordemos que los egipcios trabajaron con un sofisticado sistema de fracciones, lo cual hacía mucho mas burocrático el cálculo. Tampoco hace falta entrar en detalles sobre las demás civilizaciones.

 
Incluso, a alguien le llegó la versión de que los números fenicios, arábigos y sendas versiones, partían de la fenomenología del ángulo, y subió una versión muy Shakespeareana a internet. Otros no tan advenedizos, encontraron que los números fenicios, arábigos y egipcios, no tenían las formas que se habían promocionado, de tal manera que concluyeron que eso era falaz, pues no había modo de extraer ángulos de esos grafos. Y en gran medida, estaban en lo cierto.  Es posible que el matemático indio Brahmagupta (siglo VI) fuera el primero en teorizar sobre el concepto de "cero" no sólo como definición de una cantidad nula, sino como posible sumando para números negativos y positivos. Pero quién fue desde lo individual tampoco es relevante.

India es la cuna de la notación posicional, y es nodriza de la metafísica que logró rescatar de la nada el número cero. El cero que conocemos nosotros el día de hoy. Un cero con forma de circunferencia de uso casi universal en el siglo XXI. De hecho, la palabra cero proviene del sánscrito, shunya, que significa "vacío o la nada". 

Ahora bien, ¿Por qué usar la representación de la nada, para crear un número calculable y funcional que pueda representar la naturaleza de las grandes dimensiones?.

Porque había que lograr un signo o número que pudiera representar la nada si no jugaba con un número natural, pero que, a su vez pudiera decuplicar ergo responder somo síntesis de la potencia del sistema decimal con la mayor eficiencia de esfuerzo. Es decir, se necesitaba un número que pudiera ser muchas cosas a la vez.


Y acá es donde aparece algo que no entendieron bien, efectivamente fueron los hindúes quienes hablaron del un ángulo de cálculo para los números, pero solo en referencia al cero (de la nada) con forma de círculo.

El método consistía en disponer un cálculo de la siguiente manera: "Si se avanzaba con un número 1 a la derecha del cero, significa entrar por un ángulo de Pí "π". En esa época, el valor Pi era algo impreciso, incluso era una imprecisión que venía de larga data.

El valor aproximado de π en las antiguas culturas se remonta a la época del escriba egipcio Ahmes en el año 1800 a. C., descrito en el papiro Rhind, donde se emplea un valor aproximado de π afirmando que el área de un círculo es similar a la de un cuadrado cuyo lado es igual al diámetro del círculo disminuido en 1/9; es decir, igual a 8/9 del diámetro." 

Cuando uno hace el cálculo completo, queda una fracción de 256 sobre 81, lo que es igual a 3,16049...(infinito). Poner un uno (1) a la derecha del cero (0) hindú, significaba entrar por un ángulo imaginario de Pi en Pi. 

Explicado de manera moderna, consistía en multiplicar 3,16049 x 3,16049 que es igual, por defecto, a la aproximación de 10.   Si se ponía un número 2 a la derecha, había que ingresar mediante dos ángulos imaginarios de Pi en Pi, es decir que se lograba aproximación por defecto de dos veces 10. Pero si a un número natural, por ejemplo un 1, se le ponía dos ceros a la derecha, el procedimiento pasa a ser 3,16049 x 3,16049= 10 que se debía multiplicar nuevamente  a sí mismo, es decir 10 x 10 = 100. El número cero representó una enorme zancada hacia adelante para la evolución de las matemáticas. Y obviamente, tenía el don de seguir siendo "nada" si ese cero quedaba a la izquierda de cualquier número natural.
Casi todo el conocimiento humano, parte de la Metafísica, la "Ciencia Primera" (Aristóteles). La matemática nace de la metafísica. El éxito del lenguaje matemático, se debe justamente a la simpleza, comprensión y efectividad de un lenguaje de pocos signos capaz de lograr explicar las realidades de las naturalezas en cuanto a sus formas, augurando para si una cantidad no finita de posibilidades combinatorias, de tal manera que, el lenguaje se preserve inalterable a pesar de la evolución del cálculo y del conocimiento del hombre.

La matemática, modeló como ningún otro lenguaje nuestros esquemas cognitivos, por la sencilla razón que, es lo que mejor representa y describe la naturaleza de la materia en cuanto materia.  Pero la enorme grandeza, se logra con su capacidad de abstracción por defecto respecto de la nada, propiciando para sí, un resultado de tipo determinista. He aquí, el por qué de ciencia exacta.   


Trate de recordarlo para la segunda parte de éste ensayo. No le pido que lo acepte, solo que lo piense y recuerde. 


Buenas noches
 
FIN DE ÉSTA PARTE


Fuente: 

1.- Libro "Tratado de la adición y la sustracción mediante el cálculo de los indios"(Al-Juarismi)


2.- Libro "Metaphysics" (Robert Audi), ed. (1999), The Cambridge Dictionary of Philosophy (2 edition), Cambridge University Press, 




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