La libertad en el Ser sujeto siglo XXI (Filosofía) | PERIODISMO DE ESCRITORES

La libertad en el Ser sujeto siglo XXI (Filosofía)

viernes, 16 de octubre de 2015 0 comentarios

Nadie jamás nos consultó si queríamos nacer, y cuando ya nos estábamos acostumbrando a la vida, nos echan... (estas son las cosas que le dan mala prensa al existencialismo)


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Escrito por Lic Ramón D. Peralta



Serie de ensayos: El Ser en las relaciones del ser


EJERCICIO FILOSÓFICO 



Lo primero que haré es responder un par de consultas recibidas que se sintetizan en la siguiente pregunta ¿Cuál es la diferencia entre un experto en filosofía y un principiante?. Y es una buena pregunta aunque para muchos resulte fácil de responder. 

Es tan gravitatoria la pregunta que admite todo un ensayo por separado (quizás más de un libro). Pero habré de simplificar diciendo que entre experto y principiante solo hay una opinión de distancia. Sospecho que experto es aquel que entiende lo que lee y lo incita a seguir indagando in eternum, ergo auténtica vida intelectual como proyecto. Nada más vivo que el conocimiento, pensar el conocimiento en cuanto comunicación es la prosopopeya del Ser Sujeto.   
El principiante es aquel eremita que solo se toma de algunos puntos, los que pudo comprender precariamente y procede a refutar como acción narcisista y refleja (sin una acabada dimensión de lo que aún ignora y dejó de ex-profeso o no, al margen del estudio, indagación y análisis).

El principiante suele sentirse desinhibido de la prudencia y el decoro, eso le permite cierto desparpajo, irreverencia, frescura y espontaneidad ante el absurdo a la hora de comunicar algo que no debería haber comunicado. Internet está inundado de esos deslices, contribuyendo así a la grandeza de un cúmulo de información que exige de mayores esfuerzos expurgatorios,  y por ende, generadores de demoras no gratuitas  ni justificables. 

Los expertos pueden detectar lo valioso tratando de encontrar los puntos que hacen comunión entre los distintos enunciados filosóficos (pues se parte a priori del respecto, ubicuidad y la duda), pero esto exige de muchos años de compromiso con el estudio, contemplación e investigación; mientras que el principiante únicamente ve lo supuestamente incoherente del texto, en respuesta a una carga primitiva del ego que lo moviliza y condiciona. 
El experto "rodea Jericó", es decir intenta ver la idea desde todos los ángulos posibles, mientras que el principiante construye castillos de naipes con lo primero que encuentra. Prima el Yo y su neurosis de pronto determinismo y goce, por sobre la intuición y sentir que el saber es una misión en si mismo y no un medio para la satisfacción de vanidades y demandas cualunquistas. Los principiantes que se animan a escribir, pueden llegar a consagrarse merced a la intensa praxis en buenos escritores, pero no eventualmente en pensador.

  
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Las dosis de ansiedad en tanto curiosidad que afloren, dictaminarán los tropos de la conciencia que tenderán a imponerse sobre lo inconsciente. Mientras más violentos, ególatras y deterministas nos ponemos, más primitivo es nuestro razonamiento y juicio. La Filosofía es un ejercicio intelectual que exige de enorme disciplina emocional, mental y espiritual. 

El control de esos impulsos que nos identifican como humanos, es lo que destaca al experto del aspirante a filósofo. Sin que esto tenga que ver necesariamente con tener o no un título de grado en filosofía. 


El filósofo español Xavier Zubiri sentenció: "¿Cuántos profesores tiene uno a lo largo de la carrera de filosofía? a veces ninguno, son eruditos en filosofía".

Y sigue diciendo "Se pueden en efecto escribir mil toneladas de papel y consumir una larga vida en una cátedra de filosofía y no haber rozado ni tan siquiera de lejos el más leve vestigio de vida filosófica".

Zubiri también sostiene "Recíprocamente, se puede carecer de absoluta originalidad, y poseer en lo más recóndito de si mismo, el interno y callado movimiento del filosofar". La historia de la filosofía es prolífica en ejemplaridad, los grandes pensadores de la antigüedad no necesitaron de una facultad de filosofía, siquiera de la universidad.    


De hecho hay profesores de filosofía con muchos años de antigüedad que nunca dejaron de ser eméritos memoriosos y destacados recitadores (de pensamientos de terceros). 

Tampoco es prudente descartar otras ciencias y fuentes del saber, aún aquellas que se soportan en el lenguaje mítico (tal el caso de los textos sagrados o mitológicos). Toda religión lleva encriptado un mensaje mayor y trascendental, por ende filosófico. 



Nietzsche, había detectado de si mismo la siguiente evolución (recuerden que él fue un eximio filólogo): Cuando se empieza a estudiar los primeros textos filosóficos, todos nos parecen estupendos y consustanciales en tanto evidencia, incluso epifanía. Nos casamos con cada autor que leemos, algunos nunca logran salir de la emboscada, y cada vez que nos topamos con un nuevo amor, nos demuele la culpa de la infidelidad, la ruptura con la costumbre nos atormenta.  Luego uno puede ver sus falencias, espantos, nos horrorizamos con sus timos, todo es refutable. Cuando somos veteranos, y hemos desarrollado el intelecto (mente filosófica), podemos rescatar lo glorioso de cada pensador dejando a un lado lo que subjetivamente repudiamos para hacer con ello nuestra propia filosofía. Pero solo el pensador logra refutar sus propias ideas, aquello que nos coloca más allá del bien y el mal.

  
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Tampoco debemos estereotipar al experto, ni debe atarse a un determinado tipo de narrativa o estilo literario, puede haber textos filosóficos más literarios que otros, poéticos o no poéticos, bellos o caóticos, comprensibles o intrincados, abiertos o cerrados, llevaderos o indigeribles, etc. Esto poco importa cuando la idea o el concepto que se intenta comunicar tiende a lo universal, original y trascendental. 
Los jóvenes idealistas hablan de cambiar al mundo, mientras que el mundo para sobrevivir solo necesita que cambiemos nosotros, y eso hace un genuino filósofo, cambiar las sociedades en pos de un mundo sostenible. Quienes cambian las opiniones, ideas, costumbres, creencias, doctrinas, dogmas y psicología de las masas no son los medios masivos de comunicación, sino los filósofos. Un verdadero pensador es un paradigma gnoseológico en si mismo.  

No todos los grandes filósofos han sido buenos escritores, y pocos magnos escritores han sido filósofos. No hay pensador (lo más descriptivo del significado utópico de filósofo) que no haya deconstruido y destruido su propia filosofía.  
El auténtico pensador se preserva en la vida intelectual, no posee religión, ideologías políticas, encolumnamiento teórico, empírico o doctrinario alguno, suscripciones corporativistas ni ningún otro tipo de condicionamiento dogmático.

Siendo su peor pesadilla el quedar atrapado en un único punto de vista. La "libertad" de pensamiento no admite prerrogativas ¿Realmente existe la libertad de pensamiento o es otro célebre y voluntarista cliché humano?. Si los pueblos se equivocan o no, es insignificante, pues la evolución de la humanidad se inscribe con letras de molde en el nombre de los eminentes pensadores, los únicos que la historia evoca.     

Los pensadores crean filosofías y las defienden públicamente, para que luego el populacho las convierta en propio dogma (jamás las consume como tal, simplemente porque son sus ideas) ¿Será esto así o solo me estoy dejando llevar por una utopía inventada para la ocasión? 

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¿Cuáles son los limites de la idealización, cuáles los sentimentales y espirituales y cuáles los del racionalismo? ¿Hay límites, ninguno, algunos, o todos trabajan mancomunados? ¿Qué es lo inconsciente y qué la conciencia? ¿Existen antecedentes históricos de uno y otro o es una ocurrencia reciente?    

En el año 2015, podemos conjeturar que es más complejo pensar un punto que antes, cuando hay tantas ciencias que estudian en simultáneo ese mismo punto. Sin duda (cuanto menos para mi) hay una clara diferencia entre cerebro y mente (ver PRESUNTAS LIMITACIONES DE LA MENTE HUMANA). Lo cual soluciona el absurdo problema del "10 % del Cerebro". 

Usamos todo el cerebro, pero no podemos hacer mentalmente todo lo que queremos. No podemos percibir más que una pequeña porción de la información que nos rodea (nuestros cinco sentidos son deficitarios), a su vez no podemos memorizar todo  lo que captan esos sentidos, y tampoco podemos analizar en simultáneo tantos algoritmos. No hace falta ser un científico para concluir esto, nuestras limitaciones son evidentes. Quizás por ello, se torne tan virtuoso el poder comprender (comprimir) la información que asimos, pues de otra manera no podríamos filosofar siquiera en exiguas intelecciones.  

Hoy filosofar es más difícil, pero asimismo más fácil. Hay más información que antes (lo cual nos ayuda y mucho), pero también es cierto que esa cantidad de información nos excede y atosiga. No solo contamos con más cantidad de ciencia e información, sino que además poseemos la tecnología para tomar contacto con ella. Internet es en si mismo una nueva paradoja, al aglutinar un saber que por abundante, incognoscible. Una gigantesca biblioteca al alcance de todos, y al alcance de nadie. Un panóptico que nos mira y nos permite mirar al mundo sin que podamos aprovecharlo. 

Quienes peinamos solo canas, hemos padecido la transición del libro convencional al mundo digital. Siento que mi memoria se está acostumbrando al placebo, pues mi mente sabe donde está registrado el conocimiento y cómo buscarlo. Percibo ese deterioro mnémico, asociativo y de cálculo dentro de mi, pues luego de tantos años de internet, al parecer mi memoria halló  su alter ego en la red.

Ignoro los desplazamientos que en tanto evolución posean estos enlaces cognitivos y mentales, ni qué tan originales podemos ser cuando  la acción individual abdicó en favor de la idea prefabricada. Construimos pensamiento sobre la base de una memoria que no es propia ¿Dónde estará el pecado? 
Conozco los finales, pero no experimenté el proceso, soy consciente de ello y me pone en alerta. Los cálculos ya no son míos y poco importa mi buena memoria cuando todos somos en la misma memoria. Internet es una máquina creadora de refutadores y sabiondos. Para probar un SI hay millones de post a disposición de un clic, y para probar su NO, también.

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Los textos de los grandes pensadores alemanes nos llegan de traducciones hechas sobre traducciones que ya habían sido esquiladas previamente. Cada media hora sale una nueva versión de Kant, Leibniz, Schopenhauer, Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger (etc). Todos diferentes e iguales. La filosofía se ha transformado en la mimesis de la palabra de Dios, quien nos llega distorsionada en formatos execrables y aberrantes.  
Para aquellos adultos que pudimos y elegimos vivir del estudio, la investigación y el pensamiento, es todo un reto. Uno recibe ensayos, tesis, hipótesis, teorías, tratados, nuevos libros (etc) por distintas vías, sin que el tiempo nos permita leer todos ellos. A eso le sumamos la información temática que buscamos, la cual se halla difuminada en un sinnúmero de websites y portales. ¿Cómo no habríamos de aceptar que la mente humana posee limitaciones funcionales y naturales, cuando cotidianamente nos topamos con esas impotencias?          
No puedo considerarme un experto acorde los cánones de Nietzsche, porque aún no dejo de enamorarme de los grandes pensadores de la historia, como tampoco dejo de refutar introspectivamente y rescatar en simultáneo un poco de cada uno de ellos en pos de alimentar un pensamiento propio que nunca es propio. Lo tengo en cuenta como guía, pues me parece locuaz y venerable. Nietzsche en si mismo es un ejemplo de vida filosófica. 

Sé que no poseo pensamiento propio porque siento que no soy rotundamente yo el que piensa. Soy consciente de las superfuerzas que me rodean, y aunque viva sugestionado bajo las licencias que me concede la soledad, sé que es un sueño del que habré de despertar ni bien tome contacto con el Otro (la sociedad). 

También soy consciente de mi pereza y cobardía, no tengo fuerzas ni ganas de defender mis elucubraciones ante Otros. Mi orgullo también es siniestro y misántropo. Siento que no vale la pena, y eso me expulsa del mundo filosófico. Quizás quiera proyectarme solo en alguien que no soy, cada cual se esclaviza detrás de su totem preferido (tal vez no sirva para otra cosa que intentar redimirme así una y otra vez, no lo sé). Soy un inútil agotado del solipsismo, quejoso también de su condición, y eso tampoco me cierra (por ahora).
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Porque ser filósofo no solo significa ser pensador, también representa valentía, un  coraje que por sublime, pocos han experimentado. Tal vez haya más pensadores de lo que nos permitimos imaginar, pero solo el gallardo y soberbio se anima a enfrentar la sociedad en pos de defender sus nuevas ideas.

Hay que estar dispuesto a dejar la vida en vida tras esa lucha que se infiere cruel, injusta, ignominiosa, suicida. Cualquiera puede tomar un fusil en un campo de batalla para enfrentar al ejercito enemigo, pero muy pocos se atreven a enfrentar al mundo entero en soledad con solo un puñado de palabras.

Los comunes soportan la muerte y la destrucción de las guerras, pero no una idea radical que socave sus cimientos culturales, dogmas, creencias, fetiches y zona de confort. Aquel que nos enfrenta con una nueva porción de realidad, no merece contemplaciones ni salvoconducto. Habrá de ser torturado mientra aún respira. 
No es necesario ponerse melodramático para dimensionar someramente el tipo de angustia y dolor que motorizaron esas mentes, tan extravagantes como lo que alteraron. Más que biografías, hagiografías, con muchos puntos en común, en especial el flagelo, aislamiento y desdén.

Los grandes filósofos han sido inquietos niños escondidos tras un especial tipo de autismo, esclavos de un  único discurso, la rebeldía. Los filósofos han sido los auténticos revolucionarios de la humanidad ¿Y los otros? solo asesinos  famosos. Los marxistas nunca se asemejaron a Marx, así como los cristianos jamás se le parecieron a Jesús. Hay muchos caminos, los filósofos son profetas de la conciencia que intentan indicarnos el sentido que nos conduce no a un mundo mejor ni peor, pero si más real.



El filósofo sabe mejor que nadie cómo funciona el Ser, pero no por ello procura ejercer ese poder. El ejercicio del poder en tanto política es algo indigno y espeluznante. Ningún humanista de buena cepa puede tan solo imaginar jugar de Dios o Tirano. Así como la biología estudia las larvas y parásitos, la filosofía hace lo propio con los políticos, pero desde la lejanía profiláctica, tampoco es cuestión de contaminarse.     

Para la nada como sujeto creador,  se le aparea la filosofía como alteridad. La filosofía es otredad del Yo sujeto en cuanto relaciones del ser (aquel que lucha por ratificarse ser), aquello que no es pero desea y podría ser. La filosofía se viste con el ropaje traslúcido de la voluntad de poder, dejando ver su erótica silueta pero sin prostituirse ante Ego.   


De haber sido hechos a imagen y semejanza, nada nos caracteriza y aproxima más a Dios que nuestra fe irreductible en la abstracción implícita en la filosofía. 


El asunto de la tajante separación de la conciencia del inconsciente es algo muy antiguo, más de lo que la mayoría imagina. En cierta medida es aceptable lo que dijo Sartre sobre que Freud había escarbado y teorizado sobre un Inconsciente del tipo empírico, porque del inconsciente abstracto, metafísico, ontológico o más propiamente teológico ya se habían encargado los primeros textos sagrados


Dos mitologemas (entre otros) son comunes a todas las religiones antiguas más importantes, uno es aquel que habla del "Diluvio Universal" y el otro, es el que nos describe los árboles del paraíso.  

En el Génesis de la Biblia, teóricamente atribuido a Moisés (aunque muchos historiadores sostienen que fue traído de Egipto), se narra los orígenes mediante un primer hombre llamado Adán (que significa en hebreo: tierra, primer hombre o hijo de la tierra) y una primer mujer llamada Eva (que significa fuente de vida). Quienes vivían desnudos, satisfechos e inconscientes en plena armonía, con la sola prohibición de que no comieran de uno de los dos árboles del paraíso.

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El Corán también esgrime algo casi idéntico. Psiqué y Zoé son dos palabras griegas que, aunque no son sinónimos, se traducen comúnmente como vida. Psiqué y zoé designan dos niveles o tipos distintos de vida. Psiqué es vida psíquica o anímica y Zoé es vida espiritual. 

Psiqué está relacionada principalmente con el alma, y zoé con el espíritu. Así es como psiqué, se traduce habitualmente también como alma. Por lo tanto, psiqué es la vida del alma. El hombre fue creado con vida psíquica o alma: "Fue hecho el primer hombre, Adán, alma (psiqué) viviente" (Cor. 15:45). Adán era un ser animado por su alma. Era un ser viviente con vida natural. 


Zoé, por su parte, es la clase de vida espiritual, divina, eterna. 43 veces zoé es mencionada como vida eterna. Adán no fue creado con ésta clase de vida, pero fue creado para participar de ella. Psiqué y zoé representaban, en definitiva, dos formas de vida distintas por medio de las cuales Adán podría vivir. Si acataba la orden del Señor viviría entonces a través de un tipo de vida increada, eterna, espiritual; esto es, viviría la misma vida de Dios. 




Los árboles del paraíso que aparecen en el Antiguo Testamento en la historia del Jardín del Edén son el "Árbol del conocimiento del bien y del mal" y el otro es el "Árbol de la vida". Según el Génesis, estaba prohibido para Adán y Eva comer del primero. 



La parejita desoye a Dios y termina comiendo el fruto prohibido del primero. A raíz de su desobediencia Dios decide expulsarlos del paraíso para que no coman del segundo árbol (el de la vida), no sin antes anoticiarlos de una serie de castigos que aún padecemos tanto hombres como mujeres. Evidentemente Dios no es un tipo demasiado tolerante ni ajeno a la venganza. El Ser en tanto ser que lucha por el poder encuentra así sus orígenes en el mismo Dios.     



Al comer del árbol del conocimiento, el hombre (Adán y Eva) renuncian a la Zoé (vida eterna, divina y espiritual) para sumergirse en una Psiqué (vida del alma), es decir vida racional y mortal. Pero más específicamente de una vida consciente. En otras palabras, la conciencia o el cógito cartesiano es nuestro más duro castigo, legado de aquel "espantoso" pecado original. Al final, los orígenes también son asuntos de la política (lucha por el poder)

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Y es curioso porque en el siglo XX Freud diría respecto al ateísmo, que "no se trata de que Dios no exista o de que sea innecesario... sino que Dios es inconsciente". Tiene "lógica", si antes del pecado original el hombre era divino, eterno e inconsciente, Dios debía ser también inconsciente ¿Sino cómo hacemos encajar aquello de "hecho a mi imagen y semejanza" (Imago Dei)?. 



Pero Freud, fruto quizás de los efectos de la cocaína, cuando inmortaliza dicha frase había olvidado que el hombre que conocemos y vive en éste mundo, finalmente posee también conciencia, de hecho es el más precioso recordatorio de nuestro  pecado original. ¿Cómo haríamos para conciliar ahora eso de, hecho a mi imagen y semejanza?...



El Psiqué o vida racional y consciente del hombre es también vida inconsciente (cuanto menos eso dice el psicoanálisis). Entonces, hecho a mi imagen y semejanza presupone un Dios con la dualidad consciente e inconsciente. A Freud le podemos perdonar el viaje con estupefacientes, pero a Dios habría que repreguntarle un par de cosas más ¿Qué tenía en mente cuando decidió castigar al hombre con una vida de conciencia y le deja en simultáneo la divinidad del inconsciente?. 



Claro que sabemos que Dios no es el culpable de éstas contradicciones (en caso que lo sean), la responsabilidad es de los incompetentes escritores que redactaron la Biblia y otros tantos libros sagrados. Otra habría sido la historia de las religiones si esos libros sagrados hubieran quedado en manos de buenos literatos.





Hubo una pequeña confusión en Moíses y sus escribas antecesores, el castigo es "real", solo que el inconsciente es algo que Dios no quiso borrar (o no pudo). Las huellas entrópicas de la creación tienen finalmente sus fundamentos. 




Más allá de lo teorizado por el estructuralismo filosófico y el psicoanálisis existencial, no resulta complicado inferir que la libertad de elección, aunque en forma de copia degradada (Derrida) se hace evidente en la conciencia. De hecho, si estoy escribiendo esto y usted está leyendo, es porque pude elegir hacerlo y usted leerlo. ¿Pero cómo verificamos si la libertad es una esencia o una creación del hombre?



Pues nada mejor que usar el suicidio para economizar argumentos. Si el hombre posee la potestad de poder elegir acabar con su propia vida, es porque su libertad de elección es patente. Claro que uno puede imaginar un sinnúmero de ejemplos donde aparentemente no podemos elegir, como el nacer con una anomalía cerebral y motriz severa e inmodificable (que de hecho existe), en estos casos no podemos elegir siquiera morir dignamente, ni siquiera podemos comer por nuestros propios medios. En estos casos me digo "ya está, la libertad existencial descrita por la filosofía no existe"... ¿Pero es esto así?





Dejemos en "pause" (epojé trascendental) ésta noción y vayamos por algo más sofisticado ¿Puede haber libertad en lo inconsciente?. Para Freud el inconsciente precede la conciencia y no se saldría de lo establecido por la religión. Primero el hombre era inconsciente y luego por desobediencia se hizo consciente. Lo cual de alguna manera, anuncia el orden correcto en el desarrollo del individuo, bebé recién nacido aparentemente inconsciente, quien a cierta edad despierta al mundo mediante la conciencia. Psicoanálisis y religión se toman de la mano ¿Están de acuerdo?. 



La comprensión del inconsciente establece una frontera y también un vínculo  entre lo que se llama Psicoanálisis y lo que no es Psicoanálisis, es decir que, lo que está dentro del campo del psicoanálisis es deudor o acreedor (según como se mire) de este concepto de inconsciente. Muchos psicoanalistas prohibirían de así poderlo, tan siquiera imaginar  el concepto de inconsciente por fuera del gremio, puesto que lo asumen como blasfemo. 




El inconsciente empírico de Freud, es descubierto mientras escuchaba los alegatos de sus pacientes histéricas. Es un concepto que Lacan no desterró nunca,  y que por el contrario regurgita y replantea. El Inconsciente, según el psicoanálisis forma parte inequívoco de la estructura del Ser en cuanto relaciones del ser (estructura en tanto lenguaje)  



El concepto de Inconsciente significa que el sujeto habla y que cuando habla dice más de lo que quiere decir o menos. En síntesis, el inconsciente tiene mucho para decir de nosotros mismos pero no quiere hablar, le teme a la realidad más que nadie, y como nadie, es quién promueve los deseos que nos impulsan hacia adelante así como los miedos que nos detienen (todo en simultáneo). Hace mucho más que eso, pero la noción ronda el barrio.    
Freud inaugura el discurso sobre un inconsciente presa de instintos libidinales y lascivos, inspirado en la célebre obra de Sófocles "Edipo Rey" instalando la idea de un Ser Sujeto "inconsciente" que nace para amar y por ende reclamar a esa figura materna que tanto necesita para poder vivir en sus primeros días de vida.
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La metáfora es diáfana, nacemos indefensos y dependientes de otros seres humanos, aunque también podría haber excepciones a la regla. Pero dejemos pasar los asexuados de nacimiento y las enfermedades cerebrales y motrices  severas, porque "seguro" que también están comprendidos en la teoría fredudiana, y sino lo están, no imagino cómo debatir con el dogma freudiano y llegar a alguna conclusión filosófica.  


Sin embargo ¿Cómo podemos aceptar las represiones, regresiones, negaciones, proyecciones e introyecciones (etc) sino se verifica una cierta libertad esencial en el Ser Sujeto?... supongamos que tampoco aceptamos esto ¿Cómo operaría la clínica psicoanalítica en el Sujeto sino no hay cambio posible? ¿Y cómo habría de existir cambio si se verifica una no movilidad? Y si hay movilidad en la mente humana ¿Cómo negar que esos espacios que nos permiten movernos y cambiar como sujetos no disponen de libertad?

¿Bajo qué mecanismos se mueve el sujeto y qué méritos tendría la clínica psicoanalítica si el cambio producido es resorte del "Ser en si"?, y si así lo fuere ¿Qué sentido tiene el psicoanálisis si los cambios no dependen de la libertad, es decir que, se darían si o si como fruto de la ingeniería pre-establecida por la naturaleza (una cierta programación)?   



Lacan concibe a partir de la noción freudiana del complejo edípico al "nombre del padre" (que más tarde pluralizó) como la función paterna clivadora (castración) encargada de instaurar "la Ley". La Ley se parece mucho al Superyó freudiano, ya que cumple la misión de independizar al infante de la madre para insertarlo en el mundo u orden simbólico del lenguaje ergo del discurso cultural de la estructura. En castellano, lo que le permite al niño completar su desarrollo en cuanto Ser social e histórico.



La madre con su faltante en cuanto "nombre del padre" será lo primero que enfrentará el inconsciente del bebé quién nace con su propio faltante (la función de madre). La madre busca llenar su faltante en el hijo, y éste a su vez intenta hacer lo propio con la madre, sin que ninguno lo logre. La dualidad "me faltas pero asimismo no me faltas" se termina imponiendo como registro.


Madre, nombre del padre, falo, semblante de a, forclusión, clivaje, etc son palabras que describen representaciones abstractas del poder que se incrusta en la superficie de lo esencial del ser, sin ser lo intrínsecamente esencial. Las relaciones  simbólicas inmersos en el corpus "fálicas" solo describen el resultante de esa esencial lucha del Ser por ratificarse ser en las primeras relaciones del ser.


Los cuestionamientos que muchos filósofos (del espíritu) y teólogos le hacen al psicoanálisis parten de entender (los primeros) que el sujeto a nivel de inconsciente es incognoscible; y los segundos el comprobar que el psicoanálisis no solo se metió con el Psiqué (conciencia del alma) sino que se arriesgó a hurgar en el Zoé (inconsciente divino, increado, eterno y trascendental). Los teólogos avanzan aún más para afirmar que el inconsciente es la fidedigna prueba de que el hombre efectivamente fue en los orígenes un ser divino ergo creación de Dios. 


Los teólogos son tipos geniales, pero un tanto rebuscados, por qué no admitirlo. No por ello los eximiré de mi más profundo respeto. Para ellos la libertad del hombre estaba implícito en la Zoé, y justamente a raíz de que podía hacer lo que quisiera menos comer del árbol del conocimiento, fue que lo hizo. 
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Así fue que nacimos y evolucionamos como Seres libres con un instinto de supervivencia en cuanto curiosidad que siempre nos obliga a ir por todo el conocimiento que se nos insinúe, no lo podemos evitar, otro de los emergentes esenciales del Ser que lucha por ser en la relaciones del ser . Y esto es lo que justifica al Psicoanálisis, ya que no porque se presuma que el Ser sujeto es incognoscible, ergo de llegar a conocerlo lo objetivaríamos; cesaremos en los intentos. No hay opciones, ya que descubrimos el inconsciente "vamos por todo". 



Del lado de la Lógica Cuántica, nos encontramos con otro tipo de principiantes, aquellos que leyeron el Principio de Indeterminación de Heissenberg o las teorías de Schrödinger, quienes han tenido el desparpajo de afirmar que "la mente crea su propia realidad". Secundados por los principiantes de la neurociencia, quienes han descubierto que cuando un hombre imagina un determinado episodio sus enlaces sinápticos mantienen la misma actividad que cuando lo está observando.   



Y es lógico que así sea, la imaginación para el cerebro no tiene por qué funcionar diferente a la percepción de los sentidos, cuando se está en ambos casos conscientes. Pero ello no significa que la mente humana no pueda distinguir el engaño o las distinciones. De hecho quinientos años antes de Cristo, los atomistas ya habían teorizado la existencia del "átomo" como pieza esencial y constitutiva del universo. La intuición es algo que en apariencia también es un legado del Zoé o inconsciente. Cuanto menos sabemos que es algo que no lo controlamos a conciencia.



Varios principiantes en mal uso de la lógica cuántica sostienen que la mente humana (el observador) crea su propia realidad, afirmación que parte de la indeterminación que tiene por ejemplo un electrón de estar indistintamente en diferentes lugares en tanto probabilítica, pudiendo optar por ser materia u onda alternativamente. La idea que intentan comunicarnos es que la mente humana modifica la realidad o lo que peor, la hace a su gusto y piaccere (fenómeno del observador).


Si esto fuera así ¿Cómo fue que pudimos descubrir la mecánica cuántica, cuando en realidad buscábamos refrendar las leyes de la física clásica?. Nadie salió en búsqueda de tan tortuosa realidad, sin embargo la hallamos, y tal como el ejemplo anterior, ahora debemos ir por todo. 


La mente humana no crea realidades, todo lo contrario, la intuye y posee la capacidad de detectarla aún cuando las percepciones insisten en engañarnos. Es en extremo absurdo afirmar que podemos construir realidades a nuestra antojo, sin embargo internet está plagado de textos del mismo tenor.        

Las partículas subatómicas al ser las unidades constitutivas y esenciales del todo, se comportan como sujetos porque son Ser ante que ente. La ontología aún no las pudo capturar, mucho más lejos se encuentra la epistemología. Sin embargo tampoco quedaron atrapados en el mundo de la metafísica porque ya disponemos de la tecnología como para poder, cuanto menos, probar desde el empirismo su existencia. El colisionador de hadrones de Suiza y el fermilab de EE.UU. son prueba de ello. 


En síntesis, la mejor manera de entender la libertad existencialista del Ser, lo evidencia el comportamiento de las subpartículas atómicas quienes si bien nacen como individuos que esencialmente luchan para ratificarse ser ergo negarse a que las conozcan, también nacen como seres constitutivos de seres más grandes hasta llegar al universo. 


A diferencia de lo que sostuvo Sartre, el Ser no es solo una aventura individual, es también una aventura colectiva. Esa dualidad de luchar por preservarnos como individuo en paralelo en que nos vemos condicionados para constituir grupos más grandes y complejos es lo que deviene en un tipo de ser misterioso y enigmático, ya que el escenario resultante es un campo donde todos los seres luchan por conformar ese campo a la vez que luchan por preservarse individuos. 


Quizás estemos ante la esencia que nos explique nocionalmente la escisión entre inconsciente y conciencia. Ya que para hablar con cierta propiedad, deberíamos decir en lugar de Ser, que en ese "Siendo inconsciente" se preserva la esencia del individuo, mientras que el Siendo consciente conforma el Yo sujeto en cuanto estructura o red (humanidad atemporal). 

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La libertad existencialista que tal como afirmó Sartre es involuntaria, solo se extinguiría en caso que el Ser se revista en tanto absoluto con las esencias del ente o la cosa. Porque solo las cosas no poseen libertad propia, ergo son invariantes, estáticas, inmortales y deterministas. 


La física cuántica está intentando detectar sus propias leyes, una de ellas es la de conservación cuántica de la energía y la materia, que básicamente dice que la vida depende de la cantidad de energía que consuma. Los entes más longevos tienden al cero en sus ecuaciones de energía vs materia/antimateria (universos, galaxias, etc), y los de vida ínfima poseen valores de energía muy superiores al de su masa (quarks, femiones, bosones, fotones, etc).  

En otras palabras, la mortalidad es atributo de aquellos entes con vida propia signados por una energía (preeminente) y materia que en cuanto forma, tienen un movimiento y función determinada en el espacio-tiempo. La mortalidad solo debe ser entendido como la extinción de las formas macrodimensionales, pero no de sus esencias constitutivas, pues estaría violando enunciados de la Física que se pretenden leyes.


Basta recordar a Antoine Laurent Lavoisier quien enunció la primera ley de la conservación de la materia: "Nada se crea, nada se pierde; todo se transforma". Aunque como vimos, doscientos años después, la ciencia cuántica corregiría gran parte de su teoría, porque en la Teoría del Big Bang, se especula con la existencia de una Nada primigenia y creadora. Hoy debemos asumir que, todo lo que no ha evolucionado o todo lo que existió como ser y ente primigenio a partir de donde se inició la evolución parte de un ex-nihilo (nada creadora). 


Evidentemente cuando Jean Paul Sartre afirma que nuestra libertad es involuntaria, es decir que no podemos elegir "no ser libres", aquello que denominamos oxímoron comienza a titilar en nuestra cabeza ¿Cómo habríamos de admitir una libertad que escapa a nuestra voluntad?. Claro que Sartre describe una libertad existencial que nos llega como legado evolutivo, pero de la que no podemos huir. 


El ser humano no elige nacer, pero una vez nacido, no puede librarse de su condición de Ser Sujeto. Más que la estructura en cuanto lenguaje (como gusta imaginar el inconsciente el Psicoanálisis) se topa con un conjunto de entes (materia) que tiene una posición inmóvil en el universo, siendo su primer fuente de limitaciones y leyes. Pero también se topa con otros Seres, algunos idénticos a él y otros plenamente diferentes que se mueven en el mismo sentido, es decir, luchando para preservar su condición de Ser. 


Entonces uno debe sospechar que la libertad existencial, la ontológica, la única que conoce el Ser Humano está encerrada entre varias paredes existenciales que nos preceden. Lo cual no significa que la "existencia preceda la esencia" como dijo Sartre, sino que la existencia precede nuestra esencia. La Nada como sujeto es la primer esencia original, creadora de la existencia, según la física cuántica y paradójicamente también para muchas religiones.  Antes que el huevo y la gallina deviene la Nada.  


La síntesis de las esencias del psicoanálisis no está en leyes inventadas para las funciones del cuerpo (sexo, homoestasis, etc), tampoco está en la estructura del lenguaje ni sus simbolizaciones, sino en esa esencial condición con que nacemos para solo ser de una sola manera, Ser en cuanto lucha por ratificarse Ser. Los entes son arrojados al mundo macrodimensional con entidad y definición, en cambio los Seres siempre se están haciendo y padeciendo.  


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Luego entendemos que el Ser nace con la necesidad de determinarse, definirse ente, calmar su natural ansiedad de certeza; y esa curiosidad en cuanto instinto de supervivencia siempre se topa con un universo que le corre permanentemente los horizontes de certidumbre. Cada vez que el Ser siente estar próximo al cerco, éste se corre nuevamente en una carrera frenética y alocada hacia la Nada. Uno percibe la aproximación, pero también percibe el quiebre del cerco, la víspera del nuevo abismo, precipicio o vacío. 

Pero cuando Lacán habla del abismo, de la hiancia o del hiato enquistado en la estructura, debe ser entendido como ese imaginario diálogo que establece el Ser con su otredad, quienes se encuentran cuando dan cuenta que esa Nada es parte de nuestra internalidad adventicia.

Volviendo a la ciencia cuántica, lo paradójico es que a su vez, cada uno de esos átomos constitutivos es un 99,9999... % vacío. Es decir, el cuerpo humano aún si nos tomáramos del positivismo lógico y el monismo materialista, debería ser entendido como una cierta nada.

Cuando Heidegger concibió para la posteridad "Ser y Tiempo", no estaba sólo intuyendo metafísicamente un Ser que se pregunta por el ser desde el mero abstracto, sino que se demostró que esa Nada existencial como significante de la alteridad (Sartre) es literalmente esencial y real.

El Ser y la Nada, son constitutivos esenciales del Sujeto, siendo el ente (cuerpo humano) sólo apariencia en tanto forma (fenomenología). La angustia que deviene en el Ser Sujeto cuando se topa con esa nada interior (noúmeno), es mucho más que metafísico y/o psicoanalítico, es ontológico y esencial en tanto un dualismo que sería, en "apariencia", paradigmáticamente insuperable (a pesar del mismo Sartre). Ver PRESUNTAS LIMITACIONES DE LA MENTE

Las neurociencias, agremiados en el monismo materialistas, se han empeñado en explicar el inconsciente, las emociones y la conciencia mediante una suerte de arte abstracto, en especial mediante la arqueología cerebral en cuanto evolución. Ubicando los instintos y aquello que el psicoanálisis llama pulsiones en un cerebro al que se le llamó reptiliano o primer cerebro (aunque tampoco hay consenso entre científicos). Luego, más que menos, colocaron la intuición, sentimiento y emociones en el cerebro Límbico, para dejar básicamente todo lo encerrado en la conciencia en el neocortex. Claro que hay más variantes, pero usted sabrá entender la idea.

Si todo fuera materia, bien podríamos estar destapando una sidra o un champagne, porque a estas alturas las cosas no serían tan lejanas. Para muchos supersticiosos de la neurociencia, en no más de cien años, el Sujeto pasaría a ser un objeto absolutamente conocido, por ende, un no sujeto. Como verán el dogmatismo obedece a esa natural condición humana que nos compele a buscar incesantemente la certidumbre, y justamente por ello necesitamos licenciarnos como especie, la sugestión de creer que logramos definirnos, ergo encontramos la paz, nos liberamos de esa tortuosa "libertad existencial". Estamos agotados, necesitamos descansar, queremos dejar de elegirnos. La Nada es agobiante y estresante.

Los genetistas están enamorados de si mismo, y es lógico que así sea. Ellos intentan aproximarse al conocimiento por pasillos intermedios, es decir, no llegan a inmiscuirse con las esencias, pero lo hacen con partículas no tan elementales del mapa genético. Según Thomas Kuhn el problema que tiene esta familia científica, que al igual que la neurociencia se han puesto de moda, es su latente desintegración en manos de la ciencia cuántica, quién trabaja con las auténticas partículas constitutivas del Ser y el Ente. 

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El paradigma aquí planteado debe ser entendido como la probable disolución de dichas teorías, epistemología y empirismo jerarquizados como ciencia (monistas), ante una ciencia que indaga en territorios de lo fundacional y original de las ciencias todas. La ciencia cuántica es la ciencia de las ciencias y la filosofía, el padre de todas ellas. Ya que la ciencia cuántica no solo trabaja a nivel de subpartículas atómicas ergo esenciales y constitutivas, sino que investiga además de la materia, el mundo de lo inmaterial (aquello que la física clásica no puede).  

Y esto solo es posible, por el tipo de libertad que nos vincula con la realidad. La cantidad de excepciones a la "normalidad" en cuanto médicina y ciencias naturales, obedecen a esa condición del Ser sujeto de moverse y siempre estar un paso adelante del conocimiento. 
Nuestras vidas serían mucho más sencillas si todo fuere materia, pero no tenemos esa suerte ¿Por qué el ser humano no pudo anclarse a aquel estadío donde creíamos el sol giraba alrededor de la tierra?. No solo era coherente por donde se lo mire, sino que también era sosegante y apacible. Tal como ahora la neurociencia y la genética, ergo sus informes nos llenan de esperanza, regocijo y placebo. Eso de continuar preguntándose ¿quién soy? no satisface a nadie, al parecer ni la muerte pudo hacerlo, y si la muerte no logró mitigar nuestra curiosidad ¿a qué se debe?...  
Los conductualistas y cognitivistas avanzan un paso más para explicarnos a qué se deben nuestras zonas de confort, tendencia a los estereotipos, repeticiones y actitudes aprendidas. Nuestras pseudo certezas conscientes e inconscientes son aprendidas  en tanto vida en sociedad ¿Y por qué habrían de ser de otra manera?. No hay polémicas hasta aquí entre disciplinas, salvo cuando enuncian sus orígenes. 

¿Pero cómo habría de haber conducta y cognición sin libertad?. Podemos elegir no estudiar, pero no podemos elegir no aprender. Con cada amanecer aprendo algo nuevo, no hay día igual a otro aunque lo parezcan, porque el solo hecho de mantener mi mente en un mismo punto, me hace cambiar. De hecho la filosofía, las grandes ideas nacen de focalizar un punto con profundidad, concentración y abstracción de lo demás durante un prolongado período de tiempo. 

Con las conductas aprendo, y cada vez que aprendo me sigo moviendo, ergo sigo siendo y no siendo. La conducta y cognición también son contingentes. Y bien sabemos con la contingencia es aquello que deja sin efecto la necesidad y la imposibilidad. La imposibilidad está comprendido dentro del mundo de lo posible. Todo es posible aún aquello que creemos imposible. Así funcionan las creencias, nos alejan de la realidad, hacen la vida respirable. 

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Muchos acusan al psicoanálisis de pseudo religión. La palabra de Freud es al psicoanálisis lo que la palabra de Dios al catolicismo o lo que la palabra de Aristóteles a la filosofía medieval del siglo XII. Así fue como el criterio de autoridad (¨lo dijo Freud¨) fue antepuesto al desarrollo de investigaciones y tratamientos más eficaces. 

Pero es injusto rotular al todo así, cuando vemos la enorme cantidad de psicoanalistas que honraron el legado de Freud, expandiendo sus fronteras y por ende, provocando la evolución del psicoanálisis como imperio. Klein, Winnicott, Lacan, Jung (etc) han dignificado al psicoanálisis, porque nada peor que consagrar en dogma una disciplina que se insinúa empirista y científica. Nada peor puede pasarle al psicoanálsis que el prohibirse la aparición de nuevos pensadores, y con ellos nuevas ideas y saberes. Y evolucionarán, estoy seguro de ello, porque trabajan con algo medular en el Ser Sujeto, el lenguaje. 



No es trascendente saber los casos de Freud, lo que fascina es su exposición literaria y su compleja especulación, y no el haber logrado resultados terapéuticos. Hay que reconocer la diferencia entre la complejidad teórica, la riqueza literaria y la eficacia pragmática. Que una teoría nos fascine y que nos guste leerla no significa que sea correcta o eficaz. Y si algunos creen en el psicoanálisis más que en la psicología u otros tipos de terapias, es porque disponemos de esa libertad existencial para hacerlo. 

 

Y ya que vivimos en dimensiones interpretadas, quienes a su vez están arreciadas por una realidad permanentemente aplazada, nadie debe extrañarse a estas alturas que nuestra Nada o vacío tienda a agigantarse y sodomizarnos. Porque lo que nos provee calma momentánea no es el conocimiento sobre el Yo, sino el estar indiferentes ante esa nada que nos angustia. Cuando pienso mi trabajo, dejo la nada de lado. Poseemos esa libertad de escaparnos, de ser otro, de resetear nuestros pasos en cada momento. 
Los lingüístas, los psicoanalistas, los filósofos (etc) siguen trabajando y pensando la estructura implícita en el lenguaje, gracias a que tenemos libertad de hacerlo. Algunos más abiertos a los cambios que otros, pero todos con el mismo fin, develar qué función cumplen las palabras y todo aquello que usamos para comunicarnos con nosotros mismos y la red. Es decir, no somos entes definidos quienes están eximidos en cuanto macrodimensiones de una cierta comunicación. 

Según Wittgenstein el psicoanálisis es el tipo de especulación previa a la formación de hipótesis científicas, como lo es el animismo en la biología. Y sostiene a diferencia de Sartre, que la postura de Freud es anti-empirista debido a estar estigmatizado por un sesgo de confirmación que lo condiciona a convertir la evidencia contradictoria a un modo favorable a su teoría (por ejemplo llamar ¨resistencia¨ a los casos en los que la terapia no avanza o el paciente no acepta las interpretaciones). 

Lo cual sigue diciéndonos que aún la heurística heredada de Freud, transversal al psicoanálisis, se basa en un inconsciente con libertad. La forclusión para los lacanianos es otro claro ejemplo. Repito no se trata voluntad humana, sino de libertad existencial (tal como vengo explicando a lo largo de este ensayo).

Para finalizar, deseo agregar que la dualidad cartesiana que no pudo terminar de vincular acabadamente Descartes entre si, fue hallada por la ciencia cuántica a nivel de esencias cuando se detecta que las partículas subatómicas constitutivas son seres de materia (masa) en tanto individuo y onda en tanto comunicación con otros seres. 

Lo cual refuerza la sospecha de que el Ser existe como individuo y en simultáneo como conjunto o  colectivo. El lenguaje en apariencia, a nivel de macrodimensión, cumpliría una función similar al de la onda, es decir, comunicar al Ser sujeto con el conjunto de Sujetos que conforman la humanidad atemporal (Ser social e histórico - Heidegger). Con la particularidad de que ese lenguaje nos une y así mismo separa. 

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La dualidad individuo y conjunto ensimismado en un mismo Ser, es lo que genera esa esencial lucha del Ser Sujeto por ratificarse individuo ergo sujeto ante otros sujetos que hacen lo mismo, sin que pueda elegir Ser individuo en el absoluto. El Ser sujeto desea ser individuo y ente, es decir conocerse y definirse, pero al estar atada su existencia a un Ser superior ergo el conjunto que lo condiciona, es algo que jamás logra.

Como tampoco logra vivir sin el conjunto porque también es conjunto y universo. El lenguaje resultante es un emergente contingente de esa relación aporética de dualismo, donde luchamos por Ser Sujeto individual en un medio acuoso donde también luchamos por preservar la red o el conjunto (humanidad). Con la desquiciante potestad de poder percibir y sentir ese vacío o abismo implícito en la internalidad que separa una dimensión de otra sin que puedan escindirse en el factum.

Empiezo a creer que efectivamente hay una dualidad en tanto acción del Yo Sujeto, donde en su interior se da un Ser Activo que se presenta tanto a nivel de consciente como inconsciente, en simultáneo que se verifica la existencia de un Ser Pasivo.  

En medio de un marco de tantas limitaciones, el Ser Sujeto se encuentra obligado a decidir, intuyendo de antemano que esa decisión se halla condenada al fracaso, pero esa realidad no nos impide crear en la imaginación, simbolismo, representaciones e imágenes que nos sugestionen en una verdad subjetiva, aquella que nos permite seguir adelante y evolucionar más allá de la intermitente desesperación por definición y calma.

El lenguaje nos enlaza con nuestras esencias, pero no es esencia en si mismo, como tampoco lo es nuestro cuerpo en cuanto materia. Si sentimos estar atrapados dentro del lenguaje, es porque la palabra no me pertenece, me domina, le pertenece a todos. 

Todos somos filósofos, no es algo que podamos evitar. No obstante, con cierta animosidad podemos suponer que experto es aquel que siempre se siente un principiante ante la gnosis, lo cual explicaría por qué elije una tortuosa y abnegada vida de estudio y pensamiento por ante cualquier otra alternativa. La filosofía es un sacerdocio que nos impide el lujo de la quietud y el hedonismo del dogma. No hay riqueza, reconocimiento ni poder detrás de ella, quizás ni siquiera regocijo, sentido y felicidad, y eso la hace tan humana y apasionante.        

FIN DE CAPÍTULO 

El Yo consciente está enquistado en el conjunto, no en el individuo. Y el tipo de lenguaje que analiza el psicoanálisis nos aproxima nocionalmente al tipo de lucha que desde que nace el Ser, debe enfrentar en pos de adaptarse a ese aporético dualismo que insinúa la vida desde lo esencial, original y constitutivo

Continúa en POPULISMO DE LACLAU, EL SIGNIFICANTE VACÍO 
  

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