Psicoanálisis, la exégesis de lo imposible (filosofía) | PERIODISMO DE ESCRITORES

Psicoanálisis, la exégesis de lo imposible (filosofía)

sábado, 24 de octubre de 2015 0 comentarios

¿Tiene porvenir el Psicoanálisis?





Escrito por Lic Ramón D. Peralta




Serie de ensayos: El Ser en las relaciones del Ser

CAPÍTULO ANTERIOR: NUEVA TEORÍA DEL PODER UNIFICADA



EJERCICIO FILOSÓFICO

PRO REBUS

Prefiero escribir en primera persona, porque no recuerdo a estas alturas cuántas copias hay de mi mismo. Inventé tantas versiones a partir de mi negociación con la negación, que, mucho me temo sea Otro el que esté escribiendo. 

Indeterminadas dosis de dulzura, promueven cierta prestancia a la indiferencia y agilidad literaria. Normalmente, la fatiga es quien extorsiona el vértigo del reloj y mis iniciativas. Debería contabilizar y reglamentar las gotas del edulcorante. Siempre desayuno lo mismo, pero no siempre escribo. 

Nunca soñé con escribir, prefiero creer que la lucidez es el dilecto subterfugio del lenguaje. Nací esclavo del discurso de mis padres, y ciertamente fueron afables carceleros. No me quejo ni me indigno, solo imagino qué hubiese sido de mi resistencia sin ellos. Hoy soy libre de sodomizarme sin remoloneos tras mi propio discurso, lo cual agradezco intermitentemente ni bien dejo de pensar en ello. 

Estamos huyendo desde el primer aliento, sin que la muerte nos resulte un consejero fiable. Exaltamos las proezas de la vida intensa, quizás para desafiar las fronteras de la mortalidad, exótica manera de festejar la certeza de lo implícito en lo incognoscible. Al movimiento, parece no importarle; es un problema del hombre (a nadie más le incumbe). 

Admito que me divierten mucho los clichés creados en torno al concepto de "pensamiento nómada". Me retrotraen las aventuras de aquellos pueriles campamentos realizados esporádicamente en el patio de la vieja casona de mis padres. 

Pernoctábamos dentro de la carpa, trepábamos árboles, tampoco faltaban los neuróticos leños ni sus rezongos. Disfrazábamos de valientes, histrionizando hipnóticamente cada personaje convocado para la ocasión. Había más realidad en esa ínfima fantasía, de lo que la adultez me vende como distopía. 

Para esa maleabilidad del alma, mente y espíritu; todo era asequible, deconstruible, proyectivo y magnánimo. Lo único irreal y evidente, eran los cuidados y límites de mis progenitores (siempre expectantes). 
De vez en cuando, un reto o una advertencia, rompían el cuadro, nos hacía volver al abstruso vacío (resetear los pasos). Inclementes ante la prolífica imaginación, nos devolvían al sendero de la muerte. Cosa que ajusticiaba a expensas de la más vil disolución, todo ímpetu libertario (expurgado en la antesala).

Aprendemos a partir del miedo, la ansiedad y la culpa de quienes más nos aman, paradójico legado. Imborrables secuelas que habrán de alimentar un inconsciente obeso en frustraciones, reivindicaciones y pesares. Tanto amor me ha angustiado y extasiado ¿Pero es que acaso, la hipotética indiferencia, indeterminación y exclusión de mis padres me habrían salvado?. 

Pobre de aquellos niños ricos en libertades en cuanto insensibilidad y abandono materno. Y pobre de aquellos niños ricos en modernismo, aquellos que han gozado de extravagantes padres, autopergeñados en la complicidad nimia en tanto irresponsabilidad compartida. Padres amigos, padres niños. 
Y pobre de cualquier niño, esclavo de la normalidad... aquella que nos provee de una enorme gama y variedad de luchas que, por sutiles y sofisticadas, tan inevitables como indelebles en cuanto heridas y dolores del alma ¿Es que acaso la "normalidad" no es el más furioso agente de impregnación y estigma respecto de todo aquello que predicamos como padecimiento nítidamente humano en el abstracto? 

¿Es posible entonces que existan los padres míticos, los siempre vivos, los expeditivos, los invulnerables, los omnímodos y omniscientes, los padres inmaculados?. ¿Qué sería del niño ante la aristocrática perfectibilidad del anfitrión, ante la exención de la duda, inmunizados ante la prerrogativa, ante la inhibición del mal y el vacío? 

¿Qué tipo de formación haría del niño devenir en superhombre superador de las miserias humanas y qué tipo de indemnidad necesitaría para catalizar sin mayores emolumentos la crueldad de la sociedad, ergo esa ciega ansiedad  incapaz de distinguirse ante las distinciones?  
Sin duda habita ahí una dual perversión del gusto, nuestra sempiterna avidez por destruir la vivisección de lo humano de entre lo venerable, repudiable e idealizable. Nuestros odios, perdones y rencores, se visten con el mixturado y colorido ropaje de tirano (mimesis de verdugo). Nunca el hombre ha hecho el mal en nombre del mal. 

El mal no es más que el fruto de los olvidos de las causas superiores, en tanto doctrinas culturales y creencias. Las cárceles, los cementerios y las clínicas psicoanalistas, están colmados con el resultante de la mala praxis de esos "bienhechores".   

¿Por qué de idénticos padres salen hijos tan distintos? ¿Cuál es la formulación nemotécnica y normativa que nos permite rotular el normal y el afectado?. ¿Qué psiquiatra, psicólogo o científico es lo suficientemente ingenuo, narcisista o egomaníaco, como para decretar los alcances de la normalidad, de lo correcto, de la buena salud, del encomiable "sujeto"?

 

¿Y por qué cada niño regurgita de grande; los rastros de la lucha contra los límites paternales, con caóticas e innominales disquisiciones, al igual que aquellos inocentes arrojados a las fauces de una precoz libertad no querida? (propio de la orfandad real, simbólica o imaginaria). 
Solo en nuestra esencial constitución del Ser en cuanto lucha por ratificarnos ser, es donde podemos encontrar esa nocional efigie identitaria. Aquella que nos describe mediante las distintas caras que se me manifiestan ante la refractaria pareidolia psíquica, so los velados rostros del enajenante simulacro que esculpimos en nombre de una realidad hecha a medida de mi medida (cada vez que necesitamos excusarnos humanos). 

Al parecer, no hay cura posible en el lenguaje para lo intrínsecamente humano. La clínica, toda asistencia profesional que coadyuve una mejor intelección de mis padecimientos del alma, jamás podrá salirse del plano discursivo, de lo improbable, de lo accidental, de lo meramente subjetivo. Porque las interpretaciones no develan hechos, ni descubren realidades, por ende, tampoco colocarán validez y calma en el ingrávido vacío. El placebo, nunca duró más que el faltante.  



Los hombres crean clichés, muletillas y discursos envasados, sin fecha de caducidad. Incluso nos psicoanalizamos con ellos, nos anunciamos con ellos, nos refugiamos y nos pretendemos asimismo salvar para y ante ellos. Somos invisibles cultores del henoteísmo puesto en la palabra, florido relato que se ovaciona de a ratos y se enjundia eternamente en las sombras de aquello que consensuamos denominar "inconsciente". 




Inconsciente que goza de gran popularidad y abolengo, merced a la férrea disciplina de la mala conciencia, inasible autocrítica, tozuda mismidad y abnegado reduccionismo. Esos anhelos de pronto determinismo, ya no redime a nadie, mucho menos a la ciencia.  



Mecanismos de defensas, caracterizados por el ataque como estrategia, y célebres por haber crucificado la realidad sin reparo de aturdimiento, confinando la palabra "verdad" al bunker del escorzo, mero capricho.    


Ese insoportable superyoismo es creador e increado. Sois lo que relatamos, mientras que soy creado en simultáneo por esa cauterizada narrativa. Hombre, discurso y solipsismo, se erigen en la santísima trinidad del lenguaje, aquel lugar atemporal  que cumple el curador rol de interrelacionador en el intercambio.  

 


Pagar para que Otro nos escuche e interprete, solo es admisible, cuando recordamos que hace 20 años atrás aún no se pagaba por beber agua potable. Los psicólogos y psicoanalistas relevaron de sus confesionarios a los curas y sacerdotes. Las creencias del fideísmo, hoy relevados por las creencias de la razón, se erigen en regalos y gracias a ésta nueva religión: "filosofía de la conciencia".  



Mientras los sacerdotes nos absolvían del pecado a condición del diezmo y la oración, los psicoanalistas se elevan en oráculo de nuestro alegato, también a cambio de cierta homilía  y "contribución". Pero de no haber agua límpida en abundancia, consumible serán los oyentes profesionales. 


Siempre con una perspectiva del Otro sobre mi Yo del tipo fenomenológica, es decir, con la necesaria potestad de poder objetivizar al sujeto, sin cuya condición el profesional se vería impedido de ejercer el papel de exégeta y doxógrafo ¿Será esto así, o me estoy comportando como lo que soy, un petulante patán?. 


No sería descabellado asumir que, algún día, también los escritores debamos pagar para que nos lean con la debida atención. Quizá ya lo hacemos.  


Escuchar debería ser declarado trabajo insalubre, y no tengo en claro el porqué. Quizás sean introyecciones impertérritas deconstruidas bajo la insufrible consigna de la ignorancia. Nadie duda sobre mi ignorancia más que el "Yo mismo". 


Me parece espantoso tener que escuchar a alguien que no se conoce, y me incluyo en ese listado. Empirismo del que carezco y me destaco.  


Cierto día, posé sobre mi regazo el lenguaje y lo desprecié. Odié los desplazamientos que sobrevienen en lo público, no hay genialidad que sobreviva al proceso de transmisión. 


Jamás el lenguaje servirá como eficiente comunicador de todo lo enigmático, real, imaginario, simbólico y aporético que conlleva lo humano, mientras el Ser se preserve como esencial voluntad de lucha por consolidarse unigénito en cuanto ser sujeto. Un sujeto que me intenta hacer, a la vez que batallo por hacerlo y hacerme en discordancia. 


Glorificamos la paz, porque la guerra es una constante en el lenguaje. Los padecimientos psíquicos y psicológicos del hombre, describen la bitácora de esas anquilosadas reyertas, escaramuzas y combates por ratificarnos ser ante un acuoso medio en cuanto existencia (inundado de espartanos luchadores, excluyente).  


 


Nacemos en la lucha para una vida de lucha por Ser en cuanto ser ante otros sujetos con la misma misión, hegemonizarse en las relaciones del ser. 


Los leones nacen con garras y afilados dientes, los elefantes con poderosas trompas insertas en un colosal cuerpo, las hormigas son portentosas sociedades dada su sistémica organización; y el hombre nace con un formidable arsenal imbuido en generosa alma (inteligencia), el lenguaje en cuanto estructura. 


El lenguaje es la auténtica arma de destrucción masiva. Somos seres sociables e históricos quejosos de su condición, creados con la capacidad de crearse y recrearse en la constitución y destrucción. El lenguaje es un arma de múltiple vía que apunta hacia Ego, Alter, el Otro y el Universo, simultánea e indistintamente, en una guerra donde solo excepcionalmente se reconocen aliados. 


Cada vez que nos defendemos del lenguaje mediante el lenguaje, matamos una parte del Yo sujeto, y cada vez que atacamos, nos reinventamos en el duelo. Nacemos con un crédito que vamos agotando con el devenir, la vida no es algo gratuito. Nos otorgamos asimismo nuevos créditos, apalancados en los huecos por donde fuga la liquidez de nuestro scrap. Todo fluye sin que nada nos contenga ni consuele. 


Habríamos de ser realmente inteligentes, si consensuáramos el epíteto de "exitoso", héroe y valiente; para aquel que se suicide como gesto de renuncia, entrega, altruismo y grandeza. Deberíamos nacer solos y vivir en soledad, pero tampoco eso podemos, la aporía no perdona. 


 


Quizás podamos salvar al mundo, si logramos que los adultos nos suicidemos en masa y dejemos a los niños en edad de hacerse adultos: la utopía del "amor superior" como radicalidad suprema. 


Eso es verdadero amor por la humanidad y nuestros hijos. Pero somos humanos, las esencias y el lenguaje nos gobiernan; eso explica por qué nadamos en la ironía del temer la vida en tanto incertidumbre, miedo, éxtasis y afirmación. Nos atemoriza romper con las costumbres, aun las que sobrevienen de la mortificación. 



Ante la duda ¿es "lógico" no innovar?. Somos seres naturalmente dogmáticos. También podemos argumentar el miedo a exponer nuestros más destacados y originales pensamientos (e ideas) ante la sociedad, aquellos que desarrollamos con el tiempo y la experiencia. Somos conservadores comerciantes, ávidos de vender al mejor postor la metamorfosis que reponemos en negación. Eso explica por qué luego de tantos milenios de "cambios" ininterrumpidos, el hombre sigue siendo el mismo. 


Puesto que, no hay miedo mas paralizante de aquel que surge ante la recurrente violencia con que nos trata la sociedad y nos tratamos, cada vez que manifestamos cierta independencia y autonomía en el pensar el pensamiento, lo festejamos mediante la venganza en vanagloria. Somos dueños de pensar la libertad, siempre y cuando no lo hagamos público, pues allí están quienes me habrán de ultimar, también mis víctimas. 

           
Nacemos con plenas capacidades sentimentales, cognitivas, intuitivas e intelectuales, las mismas que vamos diluyendo en cada batalla emprendida. Nuestros padres, la familia, las maestras, los compañeros de escuela, del colegio, de la universidad, los ciudadanos, los amigos, mis empleadores y empleados, los gobernantes, la "estructura"; todos son enemigos de mis esencias subjetivas.

Salvo cuando nos permitimos la entrega, la renuncia, la ayuda, esa sugestión que me permite bajar el yelmo y la lanza. Dejar que el Otro me descubra, me salve, me calme. Un sacerdote, un psicoanalista, un amigo, mi madre, mi amado/a... Otredad. Alguien que piense en mi por mi.

Pero ese "alto el fuego", esa tregua, no habrá de evitar que siga siendo un Ser en cuanto voluntad de lucha por ratificarme ser, ni representa el cabal conocimiento de mi Sujeto, mi internalidad, la inmanencia, mi esencialidad.    


Nada más inquisidor, demoledor y performativo que las funciones inherentes al sexo (eso creen muchos). Me gusta mucho el pintoresco y logorreico lenguaje utilizado por los lacanianos y freudianos para bosquejar esos "fárragos", por ende, habré de abstenerme del calcado y el plagio. Para ellos, mi respeto y admiración. 


Pero ¿Cuáles son las credenciales naturales otorgadas a ese cuerpo que osa hablar por mi alma?, ¿Qué Dios ha concedido semejante licencia o matrícula de "mediumnidad"?  


 


"Si no te mantienes lejos de los exhumadores de cadáveres imaginarios, te enterrarán. Las prácticas psicoterapéuticas que no se fundan sobre teorías avaladas por experimentos, son ineficaces en el mejor de los casos, y dañinas en el peor. Estudia un poco de filosofía de la ciencia a fin de no caer en peligrosas trampas pseudocientíficas que pueden destrozarte la vida.  Si pese a todo, has caído en una trampa pseudocientífica, cuando lo adviertas denuncia al tramposo ante la justicia. Es hora de que los legisladores protejan al público de los psicocharlatanes, así como lo protegen de delincuentes de otras clases." Mario Bunge, «La represión de los recuerdos», capítulo de “Cápsulas” (2004).

Es muy curioso, porque fue Karl Popper quien introdujo a mediados del siglo XX el concepto de falsabilidad para distinguir la ciencia de la no-ciencia (o seudociencia). Dijo que un resultado es "falsable" cuando puede ser demostrado como erróneo, es decir, cuando puede diseñarse un experimento teórico con el que demostrar si es falso. 


De este modo, las afirmaciones "falsables" pueden ser consideradas como ciencia, mientras que las no "falsables" se consideran no-ciencia. Y citó como ejemplo, la afirmación de que "Dios creó el Universo" puede ser cierta o falsa, pero no puede diseñarse ningún experimento que demuestre una cosa u otra; simplemente está más allá de la capacidad de la ciencia, ergo, no es "falsable" y por tanto es no-ciencia. 

Pero si bien tiene lógica "binaria" este postulado de Popper, resulta que disociativo, cuando también mete en la misma "bolsa" la cosmología  y el psicoanálisis como ejemplos de pseudociencias, y la teoría de la relatividad de Einstein como ejemplo de ciencia. 

Luego clasificó las formulaciones no-científicas en las categorías filosófica, matemática, mitológica, religiosa y/o metafísica por un lado, y pseudocientífica por otro, aunque no dio criterios claros para definir cada una. Lo cual me lleva a suponer que la filosofía de Popper, será una más de las tantas expresiones fundamentalistas de la filosofía jerarquizadas como "conceptos de utilería y souvenirs".


Muchos filósofos, acuerdan que la palabra seudociencia gira en el sentido del absurdo, tan absurdo es, que su propia semiótica y semántica la invalidan. Ferreira Dos Santos, Laudan, Austin y Derrida, han manifestado de una u otra manera que el concepto pseudociencia, palabra que intenta desacreditar lo que ellos asumen como "no científico", no tiene significado científico y se usa mayoritariamente para describir una apreciación subjetiva. 


Laudan precisa: "Si quisiéramos permanecer firmes al lado de la razón, deberíamos deshacernos de términos como pseudociencia y acientífico de nuestro vocabulario; son sólo palabras huecas que cumplen una función emotiva." ¿Es que acaso la filosofía puede responsablemente dar un paso al costado cuando se utiliza el disfemismo "Charlatanería"? ¿Están seguro de ello? ¿No es por caso, la filosofía el más fiel escudero del lenguaje de la contradicción, aquel que lo protege y asimismo desnuda? 


"También existen aquellos que por razones de obtener beneficio personal, sueñan con desarrollar en sí mismos poderes y la capacidad para subyugar a los demás." -G. I. Gurdjieff... ¿Qué papel juega el tener poder en su paisaje interno?.


Sin duda el vínculo que se establece entre psicoanalista y paciente en tanto clínica, es una diáfana y exótica relación de poder, donde el segundo se somete de manera  voluntaria y sigilosa ante un poderoso que se supone a priori, solo intenta socorrerlo y asistirlo. La pregunta que se hacen algunos filósofos es ¿Por qué el Psicoanálisis y la Psicología se han empeñado en conocer a un Sujeto que se advierte a prima facie como incognoscible?     


Husserl usará la palabra "apresentación" para designar al ente que es percibido y que me remite imaginariamente a otras partes constitutivas que intuyo existen, pero, de los que no puedo dar fe. A partir de acá, es donde aparece la conpresentación del reconocimiento de que, dentro de ese cuerpo del otro igual al mío, debe existir un Yo similar al mío; pero que no me es conocido, salvo por esa segunda transferencia implícita al Yo y que nunca sale de su mismidad. 


 


Si yo sé que dentro de un cuerpo humano existe un Yo, por "transferencia analogizante" (dice Hussserl), dentro del cuerpo del otro, también debe haber un Yo, sin ser un juicio que salga del Yo. Como diría algún tiempo después Ortega, se trata de una auténtica "asociación".

Dice Jean Paul Sartre en Ser y la Nada, "que cuando el otro me mira, me objetiva", ergo me convierte en objeto. Cuando Sartre concibe la estructura del "Para-si" pensaba en un sujeto, un Yo, que se construye a partir del otro, pero a diferencia de Husserl, no depende de mi, sino que por el contrario es quién me hace, me identifica, me deconstruye.


En otras palabras, en la estructura objetivada del existencialismo sartreano, quién ratifica al sujeto es el otro. El Yo queda objetivado por el otro, quien soporta la responsabilidad de la subjetivación. Operación que resulta necesario para refrendar la idea de libertad de hacerse partiendo del "En-si" yendo al "Para-si". Lacan tomaría  para si muchas "donaciones" de Sartre, sin que haya sido su único inspirador.   


Acá, a diferencia de Husserl y Descartes, la originalidad del sentido se invierte, para ser el Otro el que vigorice al arquetipo del Yo. Un tipo de Ser en cuanto subjetividad del otro, aquel que me hace Yo. Aquí no soy Yo el que le da sentido al Otro, sino que es el Otro quién me da sentido a mi.   


Pero ese Otro subjetivado, nos inhibe de conocer al Otro, porque todo conocimiento del Otro implica objetivizarlo, por ende, que pierda su condición de sujeto.


Sartre sostiene que el sentido que nos da el Otro como sujeto, es lo que nos permite objetivizar nuestro Yo, eso significa que, es lo que nos permite conocernos. En cuyo caso, el Otro se me aparece como un ente irreductible, eliminando la posibilidad de que se trate un alter-ego  como propone Husserl. Ese movimiento que deviene del otro hacia mi, termina siendo un Otro completamente otro, no alter ego. 


Aun se trate de un Yo que le confiere sentido al Otro, o de un Otro que le confiere sentido al Yo; o que ambos movimientos se verifiquen en pos de un acercamiento; sea ésta vocación de una asociación fruto del conocimiento, del existencialismo o de la ética; me he visto en la obligación de pensar que en esa obsesión por descubrir al Otro, hemos dejado al Yo con serias vacantes y deficiencias.


Sobre la síntesis de Ricoeur, uno puede inferir que, no solo se mueve el Otro otorgándole sentido al Yo, sino que también el Yo se mueve para crearle un sentido al Otro. Es decir, que, cuando quiero conocer al Yo, altero la otredad y el Otro, y viceversa. 


 


Es decir que, no hay un solo Otro, sino muchos, tanto exteriores al Yo, como interiores. Husserl, Levinás, Sartre, Heidegger, Zubiri, Derrida o Ricoeur, etc; de haber conocido internet, estarían de acuerdo en asentir que el cuerpo no es óbice para establecer una "relación de ser" entre el sujeto Yo y el sujeto Otro, cuando ese vínculo se hace por la web.


Hay amistades en internet de muchos años entre personas que jamás se han visto personalmente, ni siquiera en foto. No obstante, ese Otro tiene la misma fuerza para modificar mi alteridad y mi Yo, que el tipo de Ser con presencia corpuscular.


Las relaciones virtuales del ser no son plenamente virtuales, pues a diferencia de la vinculación ontológica del Yo con el Otro en cuanto sujeto, sufren de una inversión fenoménica transformando la ontología en metafísica, ya que, la asociación analogizante no se hace sobre el Yo sujeto, sino que se hace sobre ese cuerpo que aún no conozco. Es decir, en lugar de imaginar que en el Otro existe un sujeto similar a mi Yo sujeto, imagino que existe un cuerpo humano similar al mío, porque en cuanto a sujeto la relación existe a priori.

Quizá en no mucho tiempo más, los psicoanalistas mas osados y emprendedores se animen a la "clínica online". No veo argumentos que lo invaliden e impidan, de hecho hasta suena inevitable.  


Que no podamos conocer al Otro, o establecer una consolidada coexistencia ética, no sorprende a nadie en el siglo XXI, lo que si inquieta es comprobar que tampoco podemos afirmar que el Yo tiene la capacidad de magnificar una somera conciencia de si mismo. De hecho, es una de la preguntas retóricas y retrospectivas que con más asiduidad nos hacemos ¿Quién soy?. 


Esa maravillosa mística, es lo que debería llevarnos a indagar si realmente existe un Yo subjetivo, y de existir, si es algo que podemos definir en la acción, ya que, sabemos se está moviendo constantemente.


Por lo pronto, tanto el Yo como el Otro se nos manifiestan en movimiento como un verbo que se percibe contingente, pero con la propiedad de cambiar tanto nuestra subjetividad como nuestra alteridad, endógena como exógena. 


 

En cada estadío reconfiguro un "Yo sujeto" diferente. No sería descabellado concluir que el Yo es más propiamente una unidad dialéctica de información instalado en un cuerpo humano que oficia de gabinete o depósito, con la particularidad de que ese cuerpo, también participa del Yo en la generación y recepción de información, para finalmente transportarla y comunicarla entre la alteridad y los Otros que conforman el universo ¿Una especie de medium entre el Ser en cuanto ser en relación con otros seres y las cosas?. 


El alma humana (lo mas descriptivo del Yo), al parecer, es algo que se sigue resistiendo a una definición filosófica, por cuanto de poder lograrlo, estaríamos demostrando que no existe como tal, al verificarse en el conocimiento como solo objeto. La síntesis del alma humana, se logra mediante la indefinición del movimiento como verbo que se conjuga sin la existencia de tiempo.


Aquí es donde me sumo a la impostura de Sartre, quién sostenía que las relaciones del ser, no pueden soportarse en el conocimiento del Yo, por cuanto significaría objetizar al sujeto. Convertir al Yo sujeto en una cosa, un algo, un objeto. Tomo distancia de Sartre cuando afirma que es justamente misión del Otro sujeto conferirle sentido al Yo para objetivizarlo y así permitirle conocerse, y es precisamente aquí de donde se toma el grueso de la comunidad filosófica para poner entre signos de interrogación a la Psicología y al Psicoanálisis.


Puesto que ¿Cómo podríamos subjetivizar solo al Otro sujeto y objetivizar en simultaneo al Yo sujeto cuando por existencialismo ambos son ser?. Resulta algo discordante y me animo a decir, deficitario.


Que no pueda establecerse una relación de conocimiento (Husserl) entre el Yo sujeto y el Otro sujeto es plenamente digerible; que exista un vínculo ético (Levinás) o existencialista (Sartre) quizá sea tolerable, pero para que eso sea válido debe funcionar en ambas vías, de ida y vuelta. Y en éste caso nos preguntamos ¿Cuál es el resultante posible de la clínica cuando hay dos Sujetos interactuando, es decir alterando recíprocamente cada Otredad y Yo sujeto?   


Es contradictorio en exceso establecer que el Otro o el Yo, se consideren subjetivos alternadamente. Como si uno debiera anular al otro, para poder ratificarse sujeto. O ambos son sujetos ergo subjetivos, o ambos son objetos/objetivos. No puede haber una no reciprocidad. Que el ser no es objetivo ni objeto, no hay dudas, por ende, el Yo y el Otro deberán ser ambos subjetivos ergo sujetos.


Y si conocer al sujeto significa objetivizarlo, es porque el sujeto no admite conocimiento. Es decir que tanto el Yo y el Otro en cuanto sujeto siempre es algo por conocer, en movimiento, en permanente contradicción. El Ser en cuanto ser, es una paradoja irresoluble. 


Las estructuras no tienen miedo ni sienten deseo, las tiene el Sujeto, entonces quién se está haciendo somos Yo, Tú y Ellos, la Humanidad. El Yo-Sujeto lo podemos traducir mentalmente como"Redes". Son muchas las "redes en cuanto relaciones del ser" que, confluyen en una sola Gran Red, la Humanidad. La Red es la prosopopeya del Yo-Sujeto.





CONCLUSIONES NO CONCLUYENTES



Poner en duda toda tradición filosófica sería lo óptimo, pero no soy lo suficientemente idealista, tampoco sería práctico después de semejante texto, algo debo decir. No obstante, más que refutar intentaré unificar todo aquello que crea merece ser rescatado como útil, ontológico, praxeológico y sospechosamente "racional", siempre desde el insoportable subjetivismo.

Luego de una breve estadía en Marburgo, y ya consagrado como filósofo de fama mundial, Martín Heidegger vuelve a su ciudad natal en 1929. Fue entonces cuando, ante la Universidad de Friburgo a pleno, profirió para inaugurar los cursos académicos de ese año - un magistral discurso que se intituló: ¿Was ist Metaphysik? 


En dicha conferencia, arribó a una definición concisa pero altamente gravitatoria "la ciencia se ocupa del ente y de nada más" dejando en la abstracción contingente la duda sobre ¿Qué definición cabría darle a la Nada implícita en el Ser a partir de ahora, y de qué se ocupa el Psicoanálisis si el Sujeto es mucho mas que mero ente?. Preguntas como estas llevaron a que muchos filósofos desecharan la idea de un Psicoanálisis del tipo científico. Pero si no es ciencia ¿Qué otra cosa es?


Pero Heidegger, que ya había llevado su tolerancia al Positivismo Lógico hasta el umbral de sus posibilidades; decide romper con sus propios tabúes, para retomar la formidable Metafísica como herramienta que siempre nos saca del apuro en tiempos de paradigmas gnoseológicos. 


 


Resulta muy curioso que la filosofía primero se haya desentendido de Dios, luego de la Naturaleza, a posteriori de la Metafísica incluso llegó a renegar del solipsismo enquistado en el Sujeto (Si no puedes vencerlo, ignóralo). El Positivismo lógico, corriente que nos sigue influyendo en tanto "dogmatismo", fue quien sentenció "la realidad solo se alcanza mediante el método científico". 


Y utilizo la palabra curioso, porque fue justamente la metafísica la que propició el advenimiento del lenguaje matemático, causalmente el padre putativo de las ciencias eidéticas formales y no formales. Hoy las ciencias más adelantadas, ergo la física cuántica y la cosmología, siguen dando resultados matemáticos, solo inscribibles en lo metafísico. 


Si así fuere, ¿Por qué no habríamos de asentir  y aceptar un Psicoanálisis del tipo Metafísico, lo que redundaría en científico?. Pero es algo que la "estructura del lenguaje" psicoanalítico procura evitar, porque el gremio siente cierta aversión sobre todo aquello que le reste independencia. Así es como se elevan clamores reivindicativos, pero sin aportar el más anoréxico argumento.  


¿Cuáles son los derechos divinos del monismo materialista, cuando en el aquí y ahora se halla imposibilitado de re-encauzarnos en el sendero de la evolución?. Y si el Psicoanálisis no intenta hacerse cargo de la investigación teorética de lo inmaterial que caracteriza e identifica al Ser Humano ¿Qué otro lugar ansía ocupar?. 


Es loable que no se conjuguen como una "teoría del conocimiento", porque de hecho ni la misma filosofía lo puede ser. Pero la ciencia admite muchos significados. La ciencia como conocimiento en movimiento, es predicativo de la acción dialéctica implícita en su antítesis, el desconocimiento en movimiento. 


 


No hay ciencia posible que no se soporte en esa movilidad, inquisición y dinámica paradojal. ¿Puede no ser ciencia una disciplina que gira en torno al estudio, análisis y traducción de algo tan esquivo, importante y trascendental como el Ser en cuanto relaciones del ser, la vida y existencia del Sujeto?. Está claro que podemos hacer con el lenguaje cualquier tipo de destrozo.   



Heidegger sigue definiendo su tesis insistiendo que en la Nada se da lo cierto, ya que a la nada la conocemos, y surge una nueva pregunta ¿dónde se da la Nada? Heidegger recurre al temple anímico explicando que en momentos de verdadero aburrimiento y plena alegría nos encontramos frente al ente en completitud y se pregunta ¿Será que hay un temple anímico que lo coloque a uno inmediatamente ante la Nada misma?


Es angustiante para un filósofo reconocer que la filosofía se desentendió de los tópicos fundacionales del universo, el Ser en tanto Sujeto había quedado en manos de la Psicología, y con más dignidad en las del Psicoanálisis. Por ende, guste o no guste, la magna valía del Psicoanálisis se apoya en la punción filosófica que la estimula y determina. 


Personalmente me conmuevo del esfuerzo que hacen los psicoanalistas en pos de lidiar con algo tan enigmático y místico como el "Sujeto". Un colega muy cercano diría "El psicoanálisis se hizo cargo del trabajo sucio que se negó la filosofía". Los compadezco desde la inferioridad, ellos se animaron a experimentar con lo humano, jugar de Dios. Sin advertir que semejante empresa exige de una alta "inversión en humanidad". Dios juega a los dados, y el psicoanálisis es su "generala". 


El Psicoanálisis es una ciencia asediada por las demás ciencias, especialmente por las neurociencias, la patota de las genetistas, la farmacología, la psiquiatría médica, los cognitivistas y conductualistas y otros incipientes "esbozos". Y nadie parece estar dispuesto a darles un salvaconducto ante el sitiado. La filosofía hoy no es enemigo de temer para nadie, a duras penas lucha contra su propia crisis de fundamentos. Pero la ciencia clásica también posee la suya, y nada parece evitar su necesidad de adaptación; su supervivencia así lo dispone. 



Los límites que Heidegger traza entre el Ser, a prima facie se confunden con la Nada, ya que, uno corre el riesgo de confundirlo con lo propiciado por Hegel, se presenta la paradoja de la indeterminación. Pero cuando invoca el Tiempo como factor ordenador de la Nada y el Ser, es cuando la idea se empieza a limpiar, para finalmente darnos la noción de una Nada como sujeto. Un sujeto que al igual que el Ser, se están haciendo en el devenir de la movilidad.


"Y la Nada se da en una experiencia de temple anímico y ve en la angustia el camino que necesita para acceder a la Nada, cuando el hombre se angustia patentiza la Nada, no se encuentra en si mismo, esta indeterminado en el hombre por su carácter finito, ergo no puede estar aquí y allá al mismo tiempo lo cual provoca en él una angustia, siendo aquí donde se encuentra en presencia de la Nada, un cierto vacío".


Otra de las paradojas se evidencia cuando el concepto de Nada termina conciliando con el etimológico e incluso con la misma teología. Es decir, la Nada como sinónimo de "Nacer" aquello que nos precedió en cuanto a vida y existencia. Para la ciencia y la teología del aquí y ahora, todo nace del ex nihilo, la nada. Luego esa Nada amplía sus horizontes para establecer que "la Nada es el principio y fin de todos los entes", Ser y Nada se consagran en la propiedad de crear y crearse en el finito (con su propia muerte implícita).


Aunque si uno agudiza el oído, vislumbrará una inquietante semejanza con lo que sostiene Heidegger, al ver a la Nada como un sujeto que se está haciendo al igual que el Ser, ergo la Nada y el Ser poseen las mismas capacidades creacionistas, con lo cual deberíamos haber zanjado toda controversia. Sin embargo, también aprendimos que es más fácil probar la Teoría del Big Bang; que lograr que una creencia dogmática se flexibilice.


Uno de los tropos más extravagantes y misteriosos, se evidencian cuando detectamos que mientras el mayor reto de la filosofía de la conciencia ha sido poder salir del solipsismo, para el psicoanálisis ha sido su "inversión", ergo inmiscuirse con el individuo y esa "nada interna vacante" (de plano y de bulto). Sin que ambos hayan logrado su misión acorde lo esperado, por ende, idealizado.    


 


Entonces me pregunto ¿Por qué puede establecerse semejante paradoja?. Y la única respuesta que hallé, por ahora, es la que acabo de describir en éste ensayo: no  existe un Yo sujeto consciente que se pueda aislar de la Red, ergo del conjunto. Deberíamos desterrar la noción de un Yo Sujeto consciente atado al individuo. 


Tampoco se le puede conferir a la estructura imbuida en el lenguaje potestades divinas y dominantes, porque el lenguaje es invención del Ser en cuanto Red Social e Histórica (humanidad atemporal). En cuyo caso, el discurso consciente del Ser Sujeto solo descubre el aprendizaje adquirido en tanto las prohibiciones, inhibiciones, límites, censuras, condicionantes y dolores que provoca la lucha del Ser por ratificarse en sus relaciones del ser; ubicadas y depositadas simultáneamente en lo inconsciente. 


Es precisamente esa huella de entropía (todo deja huella, especialmente la vida) dejada por la lucha del Ser como esencial, lo que determina la arquitectura e ingeniería de lo "inconsciente". Siendo lo inconsciente lo único que distingue, identifica y define a cada individuo. En cuyo caso, el lenguaje es el peor enemigo del inconsciente asimismo creador, pues es justamente quién provoca su ocultamiento tanto como su existencia (si prefiere use Hiato, Oquedad, Hiancia o cualquier otra palabra). Lo inconsciente es el espacio, abstracción o inmaterial donde decanta todo aquello que fue unigénito, inmanente y esencial en el Ser. 


Ese Sujeto sumergido en las sombras, es fruto de la más precoz praxis comunicacional en cuanto relaciones del ser, también generadora de los miedos, deseos truncados, las veladas perversiones resultantes, las fobias y el conjunto de todo aquello que consensuamos en inteligir como neurosis y psicosis. Significantes que hoy preceden el entendimiento de lo inconsciente (quien goza de aceptación mayoritaria). 

El significante por consiguiente no es algo que podamos ubicar en el Otro, tampoco en la estructura del lenguaje, sino que es mimesis de esa esencial condición de lucha conque nace el Ser por ratificarse Ser Sujeto. 

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Hay un principio de "doble contingencia" (contingente de si mismo) que actúa cada vez que dos Sujetos interactúan entre sí. Sujetos que se están haciendo mutuamente  en la lucha, por ende, el significante nunca pasa a ser un ente dominial del individuo, pues siempre es algo que se define finalmente en la Red (el conjunto). La palabra no me pertenece, nos pertenece a todos. 


El lenguaje, cualquiera sea, necesita de todos (la Red) para que asuma valores de "verdad". La realidad se viste con el frac de los hechos, interpretaciones y acciones consensuados por la Red, vivimos en mundos interpretados. La psicosis, paranoia y neurosis frecuentes en la siempre narcisista "intelectualidad"; crea en el estudio, la indagación, contemplación y férrea apología de las ideas, el más formidable mecanismo de defensa para la evolución de la Red. El Ser es un sujeto que está aplazando su alteridad permanentemente.  


No hay contradicciones con Freud y Lacán en ésta tesis, ni siquiera con la filosofía ni otras ciencias, solo predominó el afán conciliador, tradicionalista y superador, propio del sincretismo y el antidogmatismo al que suscribo. Solo es cuestión de permitirse ampliar las fronteras del  horizonte gnoseológico y filosófico inmanentes al lenguaje. Hesitar en libertad, es algo no recomendable pero trágicamente excitante. Quizás la melancolía excomulgue éste texto, o lo que mejor, sea olvidado.




¡Siempre ruego no quedar atrapado en un único punto de vista! 

    

FIN DE CAPÍTULO

Psicoanalizar al individuo significa estudiar la Humanidad con inusitada profundidad, y eso jerarquiza al Psicoanálisis como una ciencia que partiendo de lo metafísico, procura una denodada aproximación a lo noológico y ontológico que posee lo humano en cuanto insoslayable existencia del Ser, estando su teleología, axiología y deontología sobreentendida con luces de neón...


VER PRÓXIMO CAPÍTULO EN PSICOANÁLISIS EXISTENCIALISTA, SIN INCONSCIENTE (Filosofía)   





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